
La redacción de Noticias24 se paralizó cuando entró - caminando con piernas larguísimas- Stefanía Fernández Krupij, la delgada y jovencísima Miss Venezuela 2008. La recién coronada Miss visitó nuestras oficinas para conversar con E. Stella Guerrero.
Stefanía Fernández es imponente, no sólo por su altura y derechísimo andar, sino por todos los significados que conlleva el título que hoy ostenta - no en vano, el de Miss Venezuela podría ser el rol de mayor relevancia en el país, después del cargo de Presidente de la República. Pero una vez se sienta a conversar con nosotros, resulta una jovencita simpática y con los pies en la tierra, que no escatima en anécdotas y se ríe a carcajadas sin pomposidad alguna.

Dice haber llegado al concurso “sin más armas que un título de Bachiller” - acababa de graduarse cuando entró al concurso -, lo que puede resultar intimidante cuando otras participantes llevan a cuestas años de experiencia en pasarelas, fluidez en varios idiomas y estudios universitarios. A pesar de ello, dice, aprendió que sus rivales no eran sus enemigas, y cuenta que el grupo de 2008 recibió la felicitación de María Kallay (”mentora” de las misses, y uno de los pilares del Miss Venezuela como institución) por su solidaridad y camaradería. “Esos mitos de que se rompen tacones, de que se rompen vestidos, son totalmente falsos”, asegura. Al menos este año.
De niña, en la amable Mérida, quiso ser cantante y actriz, y cantó en corales hasta que su voz mutó y se perdió, en alguno de los “estirones” que la llevaron a medir nada menos que un metro y setenta y siete centímetros. De las corales pasó, entonces, a los concursos de belleza. Tanto en la Feria del Sol 2007 como en “La gala de la belleza Tachirense 2008″ quedó finalista, faltándole quizá a aquellos jurados el “ojo” que le sobra al gran hacedor de misses, Osmel Sousa.
Stefanía cuenta que, desde que la vió por primera vez, Osmel dijo que estaba “perfecta” de peso: 57 kilos. Asegura que en la “quinta”, sede de la Organización, no hicieron más que pulirla - con maquillaje, pasarela, oratoria y mucho ejercicio -, pues no la pusieron a dieta ni bajo el bisturí.

Su próximo objetivo es recibir nuevamente una corona de las manos de Dayana Mendoza, la actual Miss Universo, para lo cual comenzó a prepararse a las 8:00 en punto del día que siguió a su triunfo en El Poliedro. Supo entonces que ser Miss Venezuela en ejercicio es un asunto muy serio, que obliga a una disciplina “casi militar”. Hay que levantarse muy temprano, trabajar todo el día, cumplir una agenda apretadísima, acompañada siempre de su mentora de la Organización, y - lo que más lamenta - , separarse largo tiempo de la familia.
Los cuidados extremados de la Organización tienen una razón: Stefania porta sobre su cabeza el peso de una corona que la hace favorita de facto del “mayor certamen de la belleza universal”.

Pase lo que pase en Puerto Rico (posible locación del próximo Miss Universo), esta hija de inmigrantes ( su padre, gallego -de Lugo para más señas-, y su madre, polaca-ucraniana ) ya piensa en asistir a la Universidad. Le gustaría ser actriz, dice, pero su rostro se ilumina ante la perspectiva de hacerse periodista. Su “fuente” preferida, por ahora: espectáculos.
Fotos y crónica A. C. Diaz
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