• Guatemala pasa por un profundo dolor tras el terremoto

Publicado el 09 de nov de 2012 9:49 pm | 1.144 views

Video: AFP / 9 de noviembre de 2012

(San Cristóbal/Guatemala, 9 de noviembre – AFP).- Entre lágrimas y entonando una canción que habla de una vida mejor al morir, unas 2.000 personas despidieron este viernes a toda una familia muerta en un poblado maya de Guatemala durante el terremoto que sacudió esta semana el país.

“Más allá del sol yo tengo un hogar, hogar bello hogar, más allá del sol”, decía la melodía religiosa durante el cortejo de los 10 ataúdes de la familia Vásquez (matrimonio, seis hijos de 3 a 14 años y dos sobrinos) en San Cristóbal Cucho, unos 280 km al oeste de la capital.

La de los Vásquez fue la mayor tragedia provocada en este país centroamericano por el terremoto de 7,4 grados que dejó al menos 52 muertos, 22 desaparecidos, 155 heridos y miles de damnificados.

Gran parte del pueblo acompaña los funerales, mientras cinco cometas revolotean bajo un díafano cielo azul. Las mujeres, con vestimentas típicas, forman una larga fila por la derecha y los hombres van por la izquierda.

Delante de todos ellos marchan niños con cintas blancas para honrar a una familia cuyo padre fue hallado bajo toneladas de arena abrazado a los cuerpos de sus hijos.

Foto: Johan Ordoñez / AFP

El cortejo hace una pausa en el centro para colocar a los féretros sobre un escenario de concreto. Allí, parientes y amigos, con voz entrecortada y sin contener el llanto, recuerdan a cada miembro de la familia Vásquez.

“Toda la familia está muy conmovida y con mucho dolor, no hay palabras para expresar lo que sentimos, estamos muy agradecidos porque todo el pueblo está aquí acompañándonos”, explica a la AFP una de las familiares de las víctimas, Teresa Cinto.

El miércoles, un violento sismo que ocurrió bajo el Océano Pacífico y se sintió hasta en Ciudad de México –casi 1.000 km al norte– devastó el suroeste guatemalteco. A la hora fatídica (10H35), los Vásquez estaban en la cantera de arena de donde obtenían su sustento, y allí quedaron sepultados en vida bajo toneladas de tierra y piedras.

Cuando los ataúdes llegan al camposanto de San Cristóbal Cucho, el drama aumenta. Los gritos desgarradores de dolor de los deudos son más fuertes que la canción que se ha repetido infinidad de veces durante todo el recorrido por un altoparlante atado a un automóvil.

Foto: Johan Ordoñez / AFP

Dos adolescentes sufren una crisis de nervios y son sacadas en brazos por bomberos que tratan de tranquilizarlas, dándoles sorbos de agua.

“Estamos viviendo un acto triste, se nos va un padre y una madre de familia, personas ejemplares en nuestro municipio. Justo Vásquez fue un padre responsable y un ejemplo para el pueblo”, relata un vecino antes de que los ataúdes sean colocados en criptas de bloques de concreto.

Los pobladores no se quieren perder ningún detalle de las honras fúnebres, y convierten las otras catacumbas del cementerio en tribunas improvisadas.

Uno a uno, los ataúdes son colocados en las bóvedas sepulcrales, y luego de presenciar el sellado, los dolientes inician, cabizbajos, el regreso a sus hogares, aún sin electricidad ni agua.

De camino pasan frente a pilas de bloques de paja y lodo que marcan los sitios donde se erigían las viviendas más precarias del poblado y que hoy dan testimonio de la potencia del terremoto que enlutó a este pueblo indígena enclavado entre volcanes.

Todos van en silencio, muchos lloran, algunos hacen un último esfuerzo por tratar de reconfortar a otros. En los rostros se nota, además, el temor, casi traumático, a un nuevo sismo.

Foto: Johan Ordoñez / AFP
Foto: Johan Ordoñez / AFP
Foto: Johan Ordoñez / AFP
Foto: Johan Ordoñez / AFP
Foto: Johan Ordoñez / AFP
Foto: Johan Ordoñez / AFP
Foto: Johan Ordoñez / AFP
Foto: Johan Ordoñez / AFP
Foto: Johan Ordoñez / AFP