Publicado el 06 de ene de 2013 11:28 am | 1.449 views

Foto: VASSIL DONEV/ EFE

(Kalofer, Bulgaria, 6 ene (EFE).- Hace frío hoy en Kalofer, en el centro de Bulgaria. Unos diez grados bajo cero. Pero aunque el agua del río Tundza está a punto de congelarse, los solteros del pueblo se reúnen para lanzarse a ella y rescatar la cruz, en una ceremonia que se celebra desde hace siglos en el país cada 6 de enero.

Esta tradición del cristianismo ortodoxo búlgaro conmemora el Día del Jordán, cuando, según la Biblia, San Juan el Bautista bautizó a Jesucristo en ese río.

La fiesta, en la que se visten trajes folclóricos, se baila en el agua y se cantan canciones de hace dos siglos, ha trascendido incluso el ámbito religioso y es hoy día un fenómeno turístico.

Hasta unos 5.000 visitantes se esperaban hoy en el pueblo, relató a Efe el alcalde, Rumen Stoyanov, antes de iniciarse una ceremonia en la que se unen la devoción, la fiesta y la superstición.

Los preparativos de este gélido baile comienzan ya la noche antes.

Los “salvadores” de la cruz se reúnen en grupos en lugares secretos, en un remedo de la Última Cena, donde realizan ejercicios de “calentamiento”, tanto por fuera como por dentro, gracias al vino rojo y al aguardiente caliente que, según el alcalde, les “llena de coraje para entrar en el agua fría”.

Con las primeras luces del amanecer, los hombres se dan cita junto al puente de la iglesia del Santo Arcángel, justo a la orilla del río.

Entonces entran en el agua y esperan a que el pope lance una cruz al río, que los ateridos devotos corren a rescatar.

La lucha por ser el salvador es ficticia, ya que la tradición marca que sea el participante más joven el que se haga con ese honor y reciba así la bendición del sacerdote, que le garantiza salud durante todo el año.

En esta ocasión fue Valentin Anastasov, de sólo seis años, el héroe de la jornada. Al otro lado de la escala de edad, estaba Ivan Tonov, de 73 años.

“Ya ve, todo mi cuerpo está mojado y no siento ningún frío, aunque sólo visto una camisa. Así ocurre cuando es bastante fuerte tanto la fe como el deseo de preservar esta tradición que nos une y nutre nuestros sentimientos patrióticos”, explica Nikolay, de 24 años, momentos después de salir del río.

Foto: VASSIL DONEV/ EFE

Lazar Dragoev, un anciano que ha vivido ya muchos salvamentos de la cruz, recuerda las dificultades para celebrar la ceremonia durante la dictadura comunista.

Trataban de prohibirlo y multaban a los participantes. O bien se transformaba en un deporte invernal y se arrojaba una copa en vez de una cruz. Así seguimos la tradición, aunque mutilada, y la preservamos hasta hoy día”, rememora.

Inmediatamente después de terminar el rescate y el baile folclórico acuático, el sacerdote bautizó en el río a tres niños de entre 2 y 5 años, traídos aquí expresamente por sus familias.

Venimos de Varna, a unos 300 kilómetros, especialmente para bautizar a nuestro hijo Alexander, de 2 años, en Tundza, cuyas aguas son sagradas después de este rito”, cuenta la familia Nenkovi.

Esta creencia ha tomado fuerza en los últimos años y cada vez son más los padres que eligen este río y esta fecha para bautizar a sus retoños.

Lo cierto es que los lugareños afirman que el helado baño del 6 de enero, lejos de provocar una pulmonía, garantiza buena salud y fortaleza física.

“En toda mi vida, ni en la de mi padre, ni en la del suyo, en toda la historia secular de este rito en Kalofer, jamás hubo un solo caso en que uno de los “salvadores-bailadores” enfermase después de arrojarse al río”, asegura rotundo el alcalde Stoyanov.

Foto: VASSIL DONEV/ EFE
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