• Casi dos semanas después del inicio de las mayores protestas en 20 años, los líderes políticos brasileños parecen estar por fin reaccionando y comenzaron a responder a las demandas populares de cambios.

Publicado el 26 de jun de 2013 8:07 pm | 5.795 views

Foto: Reuters / Hugo Cordeiro

(Brasilia, Belo Horizonte, 26 de junio – Reuters).- Decenas de miles de personas salieron el miércoles a las calles de Brasil en nuevas manifestantes para exigir el fin de la corrupción y mejores servicios públicos, justo un día después de que el Congreso cediera ante algunas demandas clave de las extendidas protestas.

En Belo Horizonte, cerca de 40.000 personas se congregaron para pedir mejorías en los sistemas de educación y de salud, en momentos en que el estadio Mineirao de la tercera ciudad del país era sede del triunfo de Brasil 2-1 sobre Uruguay por las semifinales de la Copa Confederaciones de fútbol, un evento previo a la Copa del Mundo 2014.

Jóvenes encapuchados lanzaron piedras a la policía, que usó gas lacrimógeno para detener a los manifestantes a unos tres kilómetros del estadio.

Un cartel que colgaba de un puente decía “FIFA vuelve a casa”, en referencia a la federación que gobierna el fútbol internacional. El presidente de la FIFA, el suizo Joseph Blatter, estuvo en el partido, que no se vio interrumpido por las protestas.

Autoridades locales dijeron que un joven de 21 años resultó herido de gravedad.

En Brasilia, manifestantes patearon balones de fútbol hacia el cordón policial en dirección al Congreso en una protesta pacífica contra los miles de millones de dólares que Brasil ha invertido en construir nuevos estadios para los torneos globales.

Los manifestantes dicen que los fondos deberían haber sido empleados para mejorar los servicios públicos de salud, educación y transporte.

La policía se desplegó en la ciudad y cortó el tráfico en la explanada central de la moderna capital brasileña, donde los ministerios federales permitieron a sus empleados volver a casa temprano.

Alrededor de 2.000 personas marcharon pacíficamente en la ciudad noreste de Recife para denunciar la corrupción.

Gobierno toma medidas

Casi dos semanas después del inicio las mayores protestas en 20 años, los líderes políticos brasileños parecen estar por fin reaccionando y comenzaron a responder a las demandas populares de cambios.

Durante la noche del martes, el Congreso rechazó una enmienda constitucional que habría limitado la autoridad de los fiscales federales para investigar delitos, una medida que los manifestantes veían como un intento de los políticos por evitar las investigaciones de corrupción.

“Nuestros representantes están escuchando a la gente ahora. Estamos creando una nueva conciencia política”, dijo Amanda Caetano, portavoz de un grupo llamado “Suficiente es Suficiente” que exige el fin a los privilegios que disfrutan los políticos.

En otra respuesta a las protestas, la Cámara baja del Congreso votó durante la noche a favor de un proyecto de ley que destina regalías de la producción futura de petróleo a programas de educación y salud.

Además, una comisión del Senado aprobó una medida que removería los impuestos al transporte público, facilitando a las ciudades y estados una rebaja en las tarifas de bus y tren subterráneo. También se espera que el Senado vote el miércoles respecto a un proyecto de ley que introduce sentencias más duras contra la corrupción.

Una protesta relativamente pequeña contra un aumento en los pasajes del transporte y la subsiguiente represión policial a inicios de este mes desataron finalmente los disturbios que han remecido al país más grande de América Latina.

Varias ciudades brasileñas dieron pie atrás en las alzas de tarifas, pero el movimiento amplió su foco a una letanía de reclamos, desde los miles de millones de dólares gastados en estadios de fútbol para el Mundial de 2014 hasta una ley sobre una “cura gay” que se tramita en el Congreso y que permitiría a los sicólogos a tratar la homosexualidad como una enfermedad.

Sin embargo, uno de los temas comunes que se mantiene en las marchas es la profunda desconfianza hacia una clase política percibida como corrupta, con sueldos excesivos y que parece más preocupada de ayudarse a sí misma que a la sociedad en general. (Reporte adicional de Maria Carolina Marcello y Carl Patchen.

Foto: Reuters / Hugo Cordeiro
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Foto: EFE / Sebastião Moreira
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