“El Pez que fuma”: Muerte, prostitución y violencia, en la escena capitalina

Foto: TERESA CARREÑO

(Caracas, 17 de febrero./Noticias24) – En la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, la Compañía Nacional de Teatro (CNT) revive la la puesta en escena de “El Pez que Fuma”, los días sábado 18 y domingo 19 de febrero a las 6:00pm y 5:00pm.

Más de 25 actores y actrices pertenecientes al elenco estable de distintas generaciones del ente, son los encargados de contagiarnos en el “lupanar”.

“El Pez que Fuma” abrirá la programación de la Sala Ríos Reyna este 2017, sumado a los aportes estéticos y escenográficos de calidad, además del estreno del sistema de sonido, Constellation, que hasta la fecha únicamente ha sido empleado en conciertos y eventos dancísticos”.

La historia que antecede a este montaje

Los elementos descriptivos del autor de esta obra, Roman Chalboud, son los que reposan en el título: Muerte, prisión, prostitución y violencia; lo cual no nos es ajeno en la actualidad, aunque sea la visión repulsiva de la vida de un burdel.

A mitad de 1970 y comienzos de la década de los 80’s, el cine venezolano estallaba con gran audacia, Román Chalbaud formó parte de los directores responsables de esa época dorada. Y se considera al Pez que Fuma su obra prima, llevada al cine con las actuaciones estelares de Hilda Vera, Orlando Urdaneta, Miguel Ángel Landa y la sensual Haydée Balza.

La cinta cinematográfica refiere a la vida de personajes, a través de las estructuras del neorrealismo italiano. Concepto cinematográfico que perseguía la reacción declarada al régimen fascista de Mussolini, que Italia sufrió desde 1922 a 1945. El “nuevo cine italiano”, emprendió rumbos silogísticos totalmente distintos a los políticamente correctos de la época de la
hegemonía fascista.

Así se dimensiona la visión de Chalbaud, narrando la historia de un burdel del litoral guaireño, describiendo con magistral acierto esa crónica costumbrista tan propia de la doble moral del venezolano.

Alegrías y miserias, el “bajo mundo”, exponen la limitada capacidad laboral, el delito como respuesta, la crisis de valores y el resurgimiento latente de los antivalores.

El Pez que Fuma, en la escena teatral, no puede deslastrarse de la concepción cinematográfica. Sin embargo surge como una propuesta que ha de intensificar su concepción interpretativa y de dirección de actores, teniendo muy claro las motivaciones del contexto social y textual del dramaturgo. Pleno de imágenes críticas que generan ese arsenal de iniciativas discursivas.

Cada personaje ha de seguir la premisa de que su discurso interpretativo será fiel reflejo de lo revisado por el individuo, para una sociedad que se debate entre luchas de poderes y realidades lacerantes.

El resurgir del discurso realista subjetivo, despojado de una exaltación de las fuerzas que expresen que intencionadamente lo ingenuo, ppdría ser metáfora, buscando empatía con el espectador, para llegar a lo crítico en el subtexto.

En este montaje, es probable que veamos revisiones de puestas anteriores o versiones anteriores de esta obra. En las que el naturalismo, el juego escénico acompañado de diálogos realistas, irónicos, demuestren ese universo social como espejo de nuestra realidad contemporánea y momento histórico.

La creación teatral sujeta a una identidad social, precursora de una interacción subjetiva, que a la vez reposa en una dialéctica y dinámica discursiva. Las cuáles sobre ejes interpretativos, no solo desnuden factores políticos inmediatos, sino la historia interior del autor y su propuesta dramatúrgica.

En próxima entrega, mis valoraciones críticas luego de la función inaugural en la tarde de hoy.

Escrito por: Julio C. Alcubilla B./Noticias24