Publicado el 20 de Feb de 2008 3:37 am |

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Noticias24.- Bob Simon, periodista del programa 60 minutes en CBS News preparó un perfil de Gustavo Dudamel, el astro musical venezolano al que todos consideran “el fenómeno más grande en el mundo de la música”. Dudamel, un muchacho barquisimetano de 27 años, es demasiado humilde para conceder: él se cree sólo un producto y un embajador de “El Sistema”, el programa social auténticamente revolucionario que concibió José Antonio Abreu para sacar a los niños de las calles y enseñarles mucho más que música: los niños de “El Sistema” aprenden disciplina, dignidad, valores y una profesión.

En 2009, Dudamel instalará en California, donde ya tiene asegurado el puesto como Director Musical de la Filarmónica de Los Angeles. Además, ayudará a adaptar “El Sistema” a las comunidades más pobres la ciudad.

Traducimos para nuestros lectores el contenido del especial:

Aparte de su cabello, lo primero que uno puede percibir en Gustavo Dudamel es la alegrí­a, la exuberancia, la pasión, la energí­a, con las que conduce. El cabello rebota, los brazos vuelan. Es un hombre poseí­do, que conduce a Beethoven pero bailando un ballet. Ver a Dudamel dirigir es cautivante, y las audiencias en todo el mundo no tienen bastante de él. Pero no crean que es un talentoso recién-llegado. A pesar de su juventud, Gustavo se ve a sí­ mismo como un veterano.

“No soy tan joven”, dice, “tengo 26″.

“Eres un anciano”, comenta Simon.

“Soy un hombre muy viejo”, dice Dudamel riendo. “Sabes, me siento así­, yo comencé a dirigir orquestas a los 12 años”.

Pero Dudamel dice que no es cierto cuando lo describen como un niño prodigio, un genio. “Creo que tengo mucho que aprender, mucho. Creo que estoy comenzando”.

Gustavo explotó en la escena internacional en 2004, con mucho menos cabello pero igual energí­a. Era uno de los 16 invitados a competir por el Premio Mahler, la competencia más prestigiosa del mundo para jóvenes directores. Y la ganó. Uno de los jueces era el director de la Filarmónica de Los Angeles, quien tras ver a Gustavo, llamó a su jefa en Los Angeles, Deborah Borda.

“Me dijo, acabo de ver al joven director más impresionante. Es un muchacho venezolano de 24 años, apenas habla inglés. Y Deborah, es un verdadero animal de la dirección“, recuerda Borda, riendo.

Fue el principio de un fenómeno global conocido como la Dudamelmaní­a. Diarios y revistas comenzaron a reportar todos sus movimientos, y una compañí­a alemana (Deutsche Grammophon) firmó un contrato de grabación con él. Lo buscaron para dirigir orquestas en todo el mundo, y hasta el Papa le pidió una actuación. Pero el mundo musical quedó de piedra cuando la Filarmónica de Los Angeles lo contrató para ser su próximo director musical.

“Creo que existe una atmósfera para que él realmente cambie la historia musical”, dice Borda. “Gustavo tiene una habilidad de comunicar lo apasionado y lo vital de la música en una manera muy propia del siglo XXI”.

Y no hay mejor lugar para mostrar sus habilidades que en Lucerna, Suiza, hogar del festival de orquestas más reverenciado del mundo.

Gustavo estaba en la ciudad con su esposa Eloí­sa para dirigir la Filarmónica de Viena. Entre los ensayos, se recluí­a en la habitación de hotel para estudiar la partitura de uno de los performances más importantes de su vida.

“¿Es la primera vez que diriges a la Filarmónica de Viena?”

“Es mi primera vez con la orquesta de verdad. Yo la dirigí­a cuando era niño”, dice Dudamel.

“¿En tu imaginación?”.

“Sí­, en mi imaginación. Recuerdo cuando tení­a 6 años, dirigir este concierto en mi casa. Pero ahora es real“, explica.

Todo director sabe lo que quiere de una orquesta y es su trabajo conseguirlo. Así­ que aquí­ estaba este chico venezolano diciendole a los músicos de la venerada Filarmónica de Viena, muchos de los cuales tienen edad para ser sus abuelos, que lo que él querí­a de ellos era ¡sangre!.

“Está bien, pero no sale sangre. Ya saben, están matando bien, muy salvajemente, pero sin sangre. Tienen que tener la sangre en la cara”,
BAM! BAM! BAM!. “Ahora sí­ tenemos sangre, ¡mucha sangre!”, les dijo.

“Cuando diriges, te ves como transportado. ¿Puedes describir qué pasa por tu mente?”

“Depende de cómo me sienta. Puedes hacer diferentes imágenes de lo que está pasando, pero siempre es diferente”.

Gustavo no se conforma con sus manos para decirle a la orquesta cómo quiere que ellos toquen. El les dice a los músicos cómo quiere que se sientan.

“Esto es hermoso, pero es como que le dicen a alguien: ¿Sabes qué? Te amo, te quiero besar. No. Es algo como que le hablan muy de cerca, y dicen: “Te amo!” y ella dice “Oooh, sí­!”. Lo estamos diciendo a ella, o a él, en una voz normal y necesitamos convencerla para llevarla a la Iglesia”.

El performance fue un éxito y puso a sus pies hasta a los taciturnos suizos. Cuando terminó, el niño prodigio estaba exhausto.

“Esta fue una gran fiesta, me siento muy feliz. Tengo más energí­a ahora”, dice Dudamel a Simon.

La fiesta continuó en el camerino de Gustavo con Daniel Barenboim, celebrado director y virtuoso pianista, y uno de los mentores de Gustavo. Barenboim le daba consejos: “Renuncia, hazte zapatero, carpintero, plomero, pero no dirijas”.

Al preguntarle si estaba nervioso por Dudamel, Barenboim dice: “No, no, él sabe lo que está haciendo. El sabe lo que quiere, y sabe cómo conseguirlo. ¿Qué más puedo decir? Espero que en los EEUU no lo malcrí­en”.

¿Malcriarlo, en un lugar como Hollywood? De ninguna manera.

La junta directiva de la Filarmónica de LA le ofreció una fiesta a los Dudamel en una casa que podí­a ser un parque temático para los ricos y los super-cool.

“Estamos lejos de Barquisimeto, ¿no?”, pregunta Simon. “Lejos, pero ha sido un camino maravilloso”, responde Dudamel.

Barquisimeto está a 3,500 millas y muchos mundos de distancia de Los Angeles. Allí­ nació y se crió Gustavo. Su padre era trombonista en una banda de salsa.

Dudamel dice que “absolutamente” querí­a tocar el trombón, “pero mi brazo era muy corto. Me puse muy triste por eso, y empecé a estudiar el violí­n. Locura”, dice.

Gustavo estaba aún estudiando el violí­n cuando 60 Minutos lo conoció hace 8 años, pero ya comenzaba a hacer la transición hacia la conducción. Estaba un poco nervioso, admite, pero tení­a el pulso firme.

Estaba en un programa musical, que es una innovación venezolana. Se llama El Sistema y toma a los niños -un cuarto de millón de niños- casi todos de barrios pobres, y les enseña a tocar instrumentos. Esto llevó a cientos de orquestas juveniles a aparecer por todo el paí­s.

Pero el sistema es menos programa musical que un profundo movimiento social que saca a los niños de las calles y los aleja del crimen, las drogas y la desesperación.

“La música me salvó, estoy seguro. Con tantas cosas malas a tu alrededor, estás expuesto a estas cosas muy de cerca. La música me dió una forma de alejarme de ellas”, dice Dudamel.

Gustavo y Eloí­sa regresan a Venezuela cada vez que pueden. Cuando está en su ciudad natal Barquisimeto, ¿dónde pasa el tiempo? Con una de las orquestas que ha dirigido a lo largo de la última década. Aquí­ está el animal de la dirección, de vuelta en su hábitat natural, el sistema juvenil de orquestas de Venezuela.

Los mejores músicos del sistema conforman a la Orquesta Nacional Juvenil Simón Bolí­var. Se estaban preparando para su primera gira en los EEUU, todos tienen menos de 25 años.

Su primera parada en la gira fue el Disney Hall en Los Angeles. Este escenario será de Dudamel cuando tome el control de la Filarmónica de L.A. en 2009, pero mucho de su trabajo será fuera de escena.

“Comenzaremos un proyecto con jóvenes de comunidades pobres de Los Angeles, como en Venezuela”, dice.

Cuando se le pregunta si se siente como embajador del “sistema”, Dudamel dice que “sí­, en una buena forma. Creo que no es Gustavo Dudamel, es el sistema venezolano”.

Miembros de la orquesta asistieron a las escuelas de la ciudad para enseñar a los niños de California de qué se trataba el sistema venezolano. Esa noche, le mostrarí­an a todos.

“¿Qué quieres que la gente en la audiencia vea, escuche y sienta?”, pregunta Simon.

“La alegrí­a de tocar música. Se lo enseñaremos a la gente. Y la gente verá que puedes cambiar la vida de las personas con música“.

La música de esa noche valió la espera. Fue compuesta por Leonard Bernstein, otro niño prodigio con el que a menudo comparan a Gustavo. Si nunca has escuchado a Dudamel hacer música, recuerda en los años por venir que lo viste primero en 60 minutes.


60 Minutes

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