
El actor Paul Newman, protagonista de películas inolvidables como “Dos hombres y un destino” y “El color del dinero”, murió hoy de cáncer de pulmón a los 83 años de edad, según informó Newman’s Own Foundation
Fotos: Wenn
El cáncer pudo finalmente con Paul Newman, leyenda indiscutible del cine estadounidense cuyos ojos azules, posiblemente los más famosos de Hollywood y los que más suspiros provocaron, serán tan recordados como su brillante carrera.
Eterno aspirante al Óscar, obtuvo uno honorífico por toda su carrera en 1986 y al año siguiente finalmente lo consiguió por su papel de viejo zorro del billar en “The color of money”, cuando tenía 61 años y una larga carrera a sus espaldas.
Dos premios seguidos tras siete candidaturas por “Cat on a Hot Tin Roof” (1958), “The Hustler” (1961), “Hud” (1963), “Cool Hand Luke” (1967), “Rachel, Rachel” (1968), “Absence of Malice” (1981) y “The Verdict” (1982).
“Es como perseguir a una mujer preciosa durante 80 años”, dijo el actor al recibir el premio, al que siguieron otras dos nominaciones, por “Nobody’s Fool” (1994) y “Road to Perdition” (2002), su despedida del cine por la puerta grande, en un duelo interpretativo de altura junto a Tom Hanks.
No obstante, en 2005 ganó un Emmy y un Globo de Oro por su aparición en la mini-serie para televisión “Empire Falls”.
Nacido el 26 de enero de 1925 en la localidad de Shaker Heights (Ohio, EEUU), el joven Newman, tras servir en la Marina durante la II Guerra Mundial como operador de radio, dirigió sus pasos hacia el Actor’s Studio de Nueva York.
Su belleza clásica no pasó inadvertida y logró granjearse sus primeras apariciones en los teatros de Broadway y en series de TV.
Debutó en el cine con “The Silver Chalice” (1954) una película tan mala que cuando se estrenó en televisión Newman publicó un anuncio en la prensa pidiendo disculpas.
Pero fue el papel de boxeador Rocky Graziano -originalmente destinado a James Dean- en el filme “Somebody Up There Likes Me” (1956), dirigida por Robert Wise, el que llamó la atención de la crítica y de los productores de la industria, que vieron en él a la próxima gran estrella de Hollywood.
Lo que se confirmó dos años más tarde con “Cat on a Hot Tin Roof”, una adaptación suavizada de un texto sureño de Tennessee Williams, en el que formó una inolvidable y bellísima pareja con Elizabeth Taylor.
En los años siguientes Newman correspondió a la confianza depositada en él y fue el motor de éxitos de taquilla tan relevantes como “Exodus” (1960), “The Prize” (1963), “Harper” (1966) o “Butch Cassidy and the Sundance Kid” (1969), junto a su amigo Robert Redford, con quien repetiría en “The Sting” (1973), ambas bajo las órdenes de George Roy Hill.
Entretanto, dirigió “Rachel, Rachel”, que logró candidaturas al Óscar a la mejor película y a la mejor actriz, para su esposa Joanne Woodward; “Sometimes a Great Notion” (1971) y “The Effect of Gamma Rays on Man-in-the-Moon Marigolds” (1972).
Woodward y Newman, que coincidieron en la grabación de “The Long, Hot Summer” (1958) y fueron padres de tres hijas, formaron uno de los matrimonios más sólidos de la industria -”¿Para qué hacer el tonto con hamburguesas si tienes un filete de primera en casa?”- y fijaron su residencia en Connecticut desde que decidieron abandonar Hollywood en 1960.
Se casaron en Las Vegas el 29 de enero de 1958, un día después de que Newman obtuviera el divorcio de Jackie Witte, su primera esposa, con la que tuvo tres vástagos.
En los setenta sus apariciones en el cine se fueron reduciendo y alternó fracasos sonados, como “The Towering Inferno” (1974), con grandes éxitos como “Slap Shot” (1977); en esa época germinó su pasión por las carreras de coches (fue co-propietario de un equipo profesional).
Más tarde fundó Newman’s Own, una compañía alimenticia cuyos beneficios -más de 100 millones de dólares anuales- son destinados a fines benéficos, una faceta altruista iniciada tras la muerte de su único varón, Scott, en 1978, por sobredosis de drogas.
Enfilando su madurez comenzó a apostar por apariciones en cintas de directores reputados como Sydney Pollack (”Absence of Malice”) o Sidney Lumet (”The Verdict”).
“Mr. & Mrs. Bridge” (1990), de James Ivory, volvió a reunir en la pantalla al matrimonio Newman. Le siguieron algunas intervenciones memorables en “The Hudsucker Proxy” (1994), de los hermanos Coen, y “Twilight” (1998), de Robert Benton, y también concesiones comerciales como “Message in a Bottle” (1999), con Kevin Costner.
Pero la retina cinéfila guardará como oro en paño el último regalo que Newman hizo al cine en “Road to Perdition”: ese John Rooney, capo de la mafia irlandesa en el Chicago de los años 30, que se debate entre la defensa de su hijo biológico y el amor por Michael Sullivan (Hanks), huérfano al que crió y trató como propio.
Vía EFE
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HARVEY
29 / Septiembre / 2008
9:58 am
BUENO… QUE DESCANSE MUCHO
mary ross
29 / Septiembre / 2008
7:44 am
HOMBRE Y PADRE EJEMPLAR, PATRON DIGNO DE SER COPIADO POR MUCHOS EN EL MUNDO. Q.E.P.D.
kingui kongui
28 / Septiembre / 2008
10:41 am
se están yendo los grandes actores y está quedando la bazofia. Me pregunto como pueden llamarse actrices Lindsey Lohan y Paris Hilton al lado de este señor.
anus clavetus
28 / Septiembre / 2008
10:33 am
Uno de los grandes del cine, QEPD
TAN CLARO COMO EL AGUA
28 / Septiembre / 2008
9:05 am
que dios lo tenga en la gloria paz a sus restos, gran perdida a tenido la humanidad
Magda
28 / Septiembre / 2008
8:38 am
QDEP, ojala mas hombres en el mundo pudieran dejar obras honorables como la de Newman. Fue un extarordianrio actor, esposo y padre de familia, a pesar de su gran fama, pudo conservar con equilibrio su vida personal vs. su vida artistica, que ejemplo para las nuevas generaciones.