Publicado el 06 de jul de 2011 9:02 am |
COLONIA (dpa) – “Madame, ¿por quién está de luto?”, preguntó el hombre. “¡Por usted, monsieur!”, fue la respuesta de la diseñadora Coco Chanel, enfundada en su ya clásico vestido negro, de falda corta, que con su sencillísimo corte y su tono apagado en teoría no debería causar tanto revuelo como provocó en su día, como sigue provocando y lo seguirá haciendo seguramente en el futuro.
Hoy mismo, innumerables diseñadores tienen en sus colecciones variantes del clásico ya de 85 años. ¿Por qué? Solo es una prenda sencilla, pero ninguna otra es un arma que obra tantas maravillas en el armario de una mujer para cualquier ocasión, con elegancia y a la vez sensualidad.
Chanel sacó al mercado en 1926 el vestido, llamado en inglés LBD (little black dress, pequeño vestido negro), y causó un verdadero escándalo. “Coco Chanel lo diseñó para las mujeres de luto después de la Primera Guerra Mundial, que expresaban con él su dolor pero también su deseo de futuro”, afirma Grit Seymour, profesora de diseño textil en la Universidad de las Artes de Berlín.
“Las viudas mostraban así por una parte su dolor, pero por otra su disposición hacia nuevas relaciones y experiencias sexuales”, añade Gerd Müller-Thomkins, del Instituto Alemán de la Moda (DMI), respecto de la entonces tremenda contraposición de color y corte.
Antonio Mancinelli, autor de un libro sobre clásicos de la moda, lo define como “la armonía total entre el deseo y la comodidad, la clase y la severidad, el purismo y la fantasía”.
Desde entonces lo llevan todo tipo de mujeres, y es probable que no haya ninguna estrella de Hollywood que no haya echado mano alguna vez al LBD.
Pero quien lo hizo más famoso fue sin duda Audrey Hepburn en el film “Desayuno con diamantes” en 1961, con sombrero, guantes y aretes de perlas. “El vestido negro corto es el arma multiuso de la mujer, la respuesta a la pregunta: ‘¿Qué me pongo’?”, asegura Grit Seymour. “Con él se está elegante y con estilo en todas las ocasiones, desde el cóctel a la reunión de negocios”.
Y los diseñadores no parecen poder abandonarlo, aunque lo enriquezcan con nuevas ideas. Miuccia Prada llegó a confesar: “Es increíble el trabajo que hay detrás, para que salga esto: un sencillo vestido negro”.
No existe una definición única de qué es un LBD. A grandes rasgos es estrecho y entallado, y como mucho largo hasta las rodillas. Justamente esto es su fuerte, porque se adapta al gusto personal. En Chanel es clásico, en MiuMiu juguetón y en Galliano excéntrico.
Tampoco faltan en las colecciones actuales: Heine tiene uno con escote en V y lentejuelas, Emmerling otro estilo corset y Sisley un modelo entallado con una espalda transparente.
Todas estas variantes permiten que quienes los llevan además le den su toque individual, con lo que cada uno se convierte en único. “Se lo puede combinar con muchos accesorios: un chal especial, joyas llamativas, cinturones anchos y largos guantes”, señala el asesor de moda Andreas Rose.
Por ejemplo da una apariencia muy fresca la combinación del vestido negro de Marc Cain con un bolso y zapatos rosas. Con medias de red y botines las jóvenes lo transforman en una prenda para la vida diaria. Y con botas altas es ideal para la discoteca, propone Rose.
Para ir a la oficina lo mejor es combinarlo con un blazer, y hasta sirve para pasear por el parque con jeans y zapatillas. La combinación clásica es con tacos altos, y los expertos coinciden en que es cuando mayor partido se le saca.
“Es lo que un hombre espera”, revela Gerd Müller-Thomkins. “Uno siente la emoción en el estómago al imaginarse el vestido negro con tacones”.
Pero no todas las mujeres lo consiguen, según Müller-Thomkins: “Por la tela y el color, el vestido queda en un segundo plano y pone en primer lugar a la mujer con su carisma y estilo. Quien no sea capaz de llenar ese espacio, puede quedar mal con ese tipo de vestido”.
Mancinelli lo resume: el vestido negro corto “se adapta a quien lo lleva”.
Por Simone Andrea Mayer
