Publicado el 24 de Ago de 2009 12:47 pm |

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Me dormí­ escuchando a Chávez y desayuné con Stefaní­a Fernández. ¡Y vaya diferencia, mi amor!”, celebra Eduardo Molina, portero en un edificio de Caracas, mirando embelesado la imagen de la nueva Miss Universo venezolana, que hizo olvidar por un dí­a la omnipresente situación polí­tica.

En Venezuela, conocida en los certámenes internacionales de belleza como la “fábrica de misses”, el triunfo de Stefaní­a Fernández fue motivo unánime de orgullo nacional, algo difí­cil de lograr en un paí­s a menudo dividido por las opiniones que despierta el gobierno del presidente Hugo Chávez y su proyecto socialista.

La sonrisa de esta joven de 18 años abrió los noticieros matinales, fue primera página de la prensa y tema central de las conversaciones en los cafés, el banco, el metro o los ascensores.

Operada o bella naturalmente, anoréxica o simplemente esbelta, demasiado niña o perfecto emblema de la mujer venezolana: las opiniones eran para todos los gustos en un concurrido café de la capital.

La sonrisa de esta joven de 18 años abrió los noticieros matinales, fue primera página de la prensa y tema central de las conversaciones en los cafés.

“Finalmente nos despertamos con una buena noticia. Y últimamente es raro: Estamos casi en guerra con Colombia, hay protestas diarias, los precios suben, el presidente habla todo el dí­a en la televisión…”, cuenta aliviado Telmo Gómez, profesor jubilado.

“Venezuela es noticia en la prensa extranjera sólo por Chávez. Dí­a tras dí­a. Pero hoy se habla de nosotros porque nuestras mujeres son las más bellas del mundo“, corrobora Julián Márquez, apurando su café.

Venezuela tiene en su haber seis tí­tulos de Miss Universo y cinco de Miss Mundo, entre otros. Además, la corona de la mujer más bella del mundo ya estaba en manos de una venezolana, Dayana Mendoza, desde hací­a un año, con lo cual el orgullo de sus compatriotas era este lunes todaví­a mayor.

Ganó y ganó vestida de rojo, color de nuestra revolución, aunque el concurso no tenga nada que ver con la polí­tica“, celebra Isadora Gutiérrez, comerciante y “chavista de corazón”, según sus propias palabras.

“Ganó y ganó vestida de rojo, color de nuestra revolución, aunque el concurso no tenga nada que ver con la polí­tica.”

En los diarios y páginas en internet locales comienzan a multiplicarse detalles sobre la vida de esta joven de Mérida (oeste), como su devoción por la Virgen, el secuestro que sufrió su padre hace unos años, su condición de hija de inmigrante o su deseo de estudiar una carrera universitaria.

“Los lunes en Venezuela, debido al ‘Aló Presidente’ del domingo, Chávez ocupa normalmente las portadas. Pero Stefaní­a hizo que el presidente pasara a la segunda página“, bromea Rodolfo Sucre, propietario de un quiosco de prensa, refiriéndose al programa dominical de radio y televisión del mandatario venezolano.

“Al menos pensamos en otra cosa. Uno no puede estar siempre hablando de polí­tica. Y en Venezuela no hay reunión de amigos que no termine hablando del gobierno y de Chávez“, corrobora Elí­as Fernández, uno de sus clientes.

En la interminable fila de un banco caraqueño, Milagros y Sheila, jóvenes estudiantes universitarias, son menos benevolentes con el triunfo de su bella compatriota.

“No tiene nada que ver con la chamita (niñita) que era hace un año. Las transforman fí­sicamente para que ganen”, afirma, crí­tica, Milagros, observando algunas fotografí­as de la ceremonia publicadas en su diario.

“Pero es verdad que así­ tenemos algo divertido de que hablar: su vestido, sus medidas, su sonrisa o sus supuestas operaciones de cirugí­a“, apunta sonriente Sheila.

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