Publicado el 25 de Feb de 2007 8:09 pm |
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El documental “Una verdad incómoda”, que relata el trabajo del ex-vicepresidente de EE.UU., Al Gore, para concienciar al mundo sobre los problemas del calentamiento global ha ganado el Oscar al mejor documental, en una noche con sabor latino donde la película hispano-mexicana “El Laberinto del Fauno” se ha llevado ya tres estatuillas.

España se ha llevado ya 2 Oscar esta noche: el de Mejor dirección artística, otorgado a Pilar Revuelta y al mexicano Eugenio Caballero por “El Laberinto del Fauno”, y el de Maquillaje, ganado por los catalanes David Martí y Montse Ribé, por su trabajo en la misma película. Sin embargo, no han podido vencer en el de mejor corto.
IMAGENES de la Gala (llegada de invitados)







Comenzó la Ceremonia de los Oscar en una de sus ediciones con más presencia latina. La presentadora es la popular actriz lesbiana estadounidense Ellen DeGeneres. Una de las estrellas de la noche es Penélope Cruz, que se sentará en el Teatro Kodak de Los Angeles como candidata al Oscar a la Mejor Actriz. Aunque sus posibilidades de ganar son muy escasas, Penélope hará historia: por primera vez una actriz española es candidata a este galardón.
Esta noche Penélope Cruz se sentará en el Teatro Kodak de Los Angeles como candidata al Oscar a la Mejor Actriz. Aunque sus posibilidades de ganar son muy escasas, Penélope hará historia: por primera vez una actriz española es candidata a este galardón.

Guapa y tranquila, al menos eso dice, Penélope Cruz compartió el viernes con la prensa los últimos momentos antes de sus primeros Oscar como candidata en la categoría de mejor actriz.
Arrebatadora en un conjunto café, incluso en el estampado, de Oscar de la Renta, lo de tranquila lo repite mucho porque como asegura también una y otra vez no piensa en ganar.
“Y tan contenta. No voy a estar triste cuando digan otro nombre”, afirma segura de que “Volver” le ha dado la candidatura como mejor actriz pero que la estatuilla se la llevará otra, probablemente la actriz británica Helen Mirren por “The Queen”.
Pero la tranquilidad se convierte en un mar de lágrimas en cuanto recibe un nuevo gesto de cariño, de apoyo o de felicitación.
“Soy muy llorona”
Entre risas recuerda que es que es “muy llorona” pero también lo llama “el efecto de la nominación” que la tiene “llorando todo el año”.
“Tantas emociones y yo soy muy sensible”, añade antes de enjugar las lágrimas y recordar que con un ritmo tan acelerado “te tiene que salir por algún sitio”.
El ritmo lo marca una semana que Cruz define como “la más ocupada” de toda su vida y que concluye el próximo domingo con la entrega de las estatuillas.
Cena en casa de Banderas
La madrileña se mueve ya como Pedro por su casa de fiesta en fiesta en este Hollywood de gala donde anoche asistió a la cena en casa de Antonio Banderas en honor al ex vicepresidente de EEUU Al Gore y su documental candidato, “An Inconvinient Truth”.
“Tenía muchas ganas de conocerle”, admite entusiasta de su obra y aún con energía tras recogerse todos los días de madrugada.
Irá a cuatro fiestas el domingo
Para el día de los Oscar le esperan al menos otras “cuatro fiestas de las 20 que hay”, entre ellas la de Vanity Fair y el obligado Baile de los Gobernadores que organiza la Academia.
La fiesta que realmente le gusta es la de Prince, que “empieza a la una y acaba a las seis de la mañana”
“No le veo yo… -titubea- pero es que es la perfecta para españoles, empieza a la una y acaba a las seis de la mañana”.
Un domingo intenso
El domigo será su día más largo porque su jornada comenzará a eso de las 10.00 hora local (18:00 GMT) cuando llegue el equipo que se encargue de su belleza.
El vestido lo tiene escogido, tras unas “siete pruebas” y unos “800 candidatos”, explica, pero sus labios están sellados sobre el modelo a pesar de que la revista “Hola” asegura que es un Dior de John Galiano.
Está mucho más parlanchina sobre la limusina ecológica que la vendrá a buscar a las 15.00 hora local, “algo que te suena como a chino cuando eres español” dice en referencia a ir tan temprano pero vestida de noche.
A su lado en la alfombra roja estarán su madre, Encarna, y su hermana, Mónica, aunque su musa, su amigo, su director y para estas alturas parte de su familia, Pedro Almodóvar, estará ausente.
“Para mí es como si estuviera aquí, con la de veces que hablamos al día. Ayer me mandó un correo y me hizo llorar así que empecé el día bien”, vuelve a describir entre risas y lágrimas.
A Almodóvar le ha prometido llevarle las fotografías que saque de los amigos y para ella misma y en estos momentos su meta es la de “no equivocarse ni caerse” cuando suba al escenario.
Presentará el Oscar a la mejor banda sonora
No está pensando en el Oscar porque de nuevo insiste en que “no hay que hacerse ilusiones” sino en su labor como presentadora, posiblemente para anunciar la categoría de mejor banda sonora.
Pero tampoco oculta sus preferencias por dos de los candidatos, el español Fernando Navarrete y el argentino Gustavo Santaolalla.
“Y Gustavo ya tiene uno”, añade con picardía sin desvelar qué es lo que ha puesto en su papeleta de académica con derecho al voto.
Una ceremonia muy distinta de esa primera a la que asistió en 1994, que vio desde el gallinero del Dorothy Chandler Pavillion cuando le dieron la estatuilla a de mejor película en lengua extranjera a “Belle Epoque”.
“Me parecía algo imposible”, comenta sobre la candidatura que ahora ya tiene enmarcada en su oficina.
Fuente: 20 minutos
El diario “El Mundo” publicó una semblanza de la ‘chica Almodóvar’:
Pe, la chica con la maleta
por Eduardo MendicuttiAlgo tiene Penélope Cruz de aquella Aida Zepponi que, en La chica con la maleta (1961), de Valerio Zurlini, interpretaba Claudia Cardinale: una muchacha en busca del éxito y, sobre todo, de su lugar en el mundo, con una tenacidad a prueba de tropezones y triunfos – a veces los triunfos paralizan más que los fracasos– y con una pureza básica, honda, casi antigua, capaz de hacer frente sin resquebrajarse a toda clase de riesgos, señuelos y rapiñas. No es que el paralelismo entre aquella Aida y esta Penélope sea, ni mucho menos, exacto, pero siempre me parece ver a la actriz madrileña con una maleta en la que lo llevase todo, y no importa que esté en un aeropuerto, en una fiesta, en compañía de su chico del momento –incluso si ese chico se llama Pedro Almodóvar, con la seguridad que tiene que dar el contar con el favor y el fervor de un chico como ¡Peeeedro!–, pisando todas las alfombras rojas habidas y por haber, recogiendo premios variados y radiantes. Como si siempre estuviera de paso, con todo el equipaje encima.
Siempre me ha parecido verle a Penélope Cruz la decisión y la energía, no exenta de un punto de desasosiego, de los emigrantes incansables, los que siempre tienen pendiente algún lugar al que llegar, y no sólo geográfico, también mental, sentimental, laboral, social. Su propio físico, con esa belleza tan mediterránea, con esa engañosa levedad, con ese perfil de joven ama de casa guapa y espabilada – impagable, por su expresividad y su atrevimiento, ese primer plano nasal y olfativo, palpitante, de Penélope en Volver –, con ese pelo magnífico que evoca raíces y arboledas esté ella donde esté y la peine quien la peine, su propio físico, digo, habla de manera muy elocuente de una actitud personal y profesional que parece siempre al borde de alguna ruptura, de algún tránsito, de algún quebranto, de alguna resurrección. Como si la maleta estuviera siempre ahí, delante de sus ojos, reclamándola para emprender un nuevo viaje. Ahora está Penélope Cruz en un momento muy dulce, con su candidatura al Oscar por Volver y los reconocimientos que le llueven desde todas partes, con su futuro brillantemente embridado por los proyectos con Woody Allen y el propio Almodóvar. Pero, hasta ahora, algo ha tenido de viacrucis inaugural, de peaje de libro, la carrera americana de Penélope Cruz. Mejor dicho, algo ha tenido de gira difícil y esforzada por esos pueblos de Dios que tanto hemos admirado siempre en nuestros mejores cómicos. Pese a los oropeles y derroches de la Meca del Cine, muchas de las películas que ha hecho Penélope Cruz en Hollywood no son, a su modo, sino aquellos pueblos de mala muerte a los que llegaban, en los años cincuenta, las compañías teatrales españolas para hacer su función con la mejor voluntad del mundo. Miradas de ese modo, cosas como La mandolina del capitán Corelli (2001) o Gothika (2003) son tan meritorias y conmovedoras como aquellas peripecias de nuestros cómicos, tan bien narradas en El viaje a ninguna parte por Fernando Fernán-Gómez. Aquellas viejas maletas de madera o cartón serán ahora exquisitas y carísimas bolsas de viaje de Louis Vuitton o de Loewe, pero ahí siguen, siempre abiertas, siempre animando a Penélope a la trashumancia en nombre de la vocación, el talento y el convencimiento de que, en los caminos de la experiencia, hasta las peores posadas pueden merecer la pena.
Nada más expresivo, para entender lo complicado del salto a Hollywood, que el penoso resultado de Vanilla Sky (2002), el remake perpetrado por Cameron Crowe, Tom Cruise y la propia Penélope de la película Abre los ojos (1997), de Alejandro Amenábar, también con Pe entre sus intérpretes. Y nada más alentador que el triunfo absoluto de la actriz en Volver, trabajo virtuoso donde los haya y contundente prueba de que insistir en la búsqueda de lo mejor, sin olvidar lo mejor de los orígenes, es la fórmula certera para conseguir lo que Penélope Cruz se está proponiendo. La Penélope de Belle Epoque (1992), Jamón Jamón (1992), La niña de mis ojos (1998), Todo sobre mi madre (1998) y, desde luego, Volver es una asignatura que los estudios de Hollywood tienen pendiente. Hollywood ya no dispone de ninguna excusa para no ofrecerle a la actriz española grandes oportunidades, y esa deuda que tendrá entonces el cine americano con Pedro Almodóvar. Ahora bien, si yo estuviera en la piel que habita Almodóvar –por decirlo con el título de, al parecer, su próxima película, también con Pe–, no me dormiría en estos laureles. Porque Penélope seguro que no lo hace, siempre dispuesta a hacer la maleta.

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