Publicado el 28 de dic de 2011 2:00 pm |

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Foto: Portada de una de las ediciones más famosas del libro

(Caracas, 28 dic – Noticias24)-Decir la palabra Lolita separando las sí­labas puede sonar muy seductor. Haga la prueba: coloque la punta de su lengua en el borde del paladar y déjela emprender ese viaje de tres pasos que terminará en el borde de los dientes. Lo-li-ta.

Lolita es una novela, una perversión, un instrumento lingüí­stico, un culto a la musicalidad y sobre todas las cosas una obra de arte. Vladimir Nabokov, su autor, se atrevió a narrar la historia de un cuarentón europeo que se enamora enfermizamente de una niña de 12 años.

Hoy en dí­a, con el fantasma de la pedofilia sentado en los dedos de las señoras que acusan, serí­a muy difí­cil publicar una obra tan polémica. Pero también fue difí­cil en 1955, cuando por primera vez salió a la luz Lolita gracias a una editorial erótica parisina.

La trama principal del libro tiene un antecedente en las primeras páginas, cuando al protagonista -Humbert Humbert- le ocurren detalles que marcarán para siempre su fascinación por las niñas. Más tarde, se traslada a los Estados Unidos y alquila una habitación en la casa de Charlotte Haze, una señora grotesca, sin atributos, pero con una maravillosa hija llamada Dolores, Lolita o simplemente Lo.

Al principio querrá que la pobre niña escape de las garras del viejo verde y enfermo, pero luego usted no sabrá quién es la presa y quién la bestia.

El erotismo entre Humbert y la pequeña Lo es inmediato. El alma de la niña oculta algo, y aunque no se ve, se manifiesta con roces, miradas, una pierna aquí­, un brazo allá. Humbert Humbert se ha enamorado de Lolita y decide casarse con Charlotte para estar siempre cerca de la pequeña, al menos como su padrastro.

Cuando usted esté leyendo Lolita, entrará en un debate interno gigante. Al principio querrá que la pobre niña escape de las garras del viejo verde y enfermo, pero luego usted no sabrá quién es la presa y quién la bestia. Suponga entonces que la esposa de Humbert es suprimida por una casualidad maldita, la cosa se pone peor, o mejor.

Lea esta desequilibrada obra maestra. Déjese engatusar por la trama, regálese la oportunidad de leer sin prejuicios, disfrute la descripción de una atmósfera húmeda y sin detalles explí­citos, porque erotismo no es escribir “le toqué esto y esto otro”, no. Erotismo es crear el ambiente psicológico propicio.

Además de los elementos indirectamente lascivos, el libro presenta en su parte central una descripción detallada e irónica de los Estados Unidos a través del largo viaje que dan Humbert y Lolita por la maraña de carreteras gringas. Y luego el final.

El final de Lolita es un tributo a los sonidos que puede generar la imaginación. Disparos, un asesino, una ví­ctima que se desangra tocando el piano, otro disparo, una fiesta, brindemos por ello, la policí­a, sirenas, la confesión, la traición: “Él me destrozó el corazón. Tú apenas me destruiste la vida”.

Néstor Luis González

Foto: Captura de la versión cinematográfica de 1997