Publicado el 18 de may de 2012 8:00 am |

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Foto: Portada de una de las más famosas ediciones del libro

Noticias24.-Es verdad que Melesio y Ulpiano no deberí­an pelear porque son compadres de sacramento y les puede salir el diablo, pero seriedad por delante: si ese hombre le malogró el gallo al otro, tiene que pagárselo; y bien bueno que fueron a arreglar el asunto en la Jefatura con todo el pueblo atrás.

Lo malo fue que el jefe civil taba pa unos toros coliaos, el secretario pa una telnera a la orilla del rí­o y el polecí­a habí­a ido a ve un choque. Ah, bueno, pero los atendió el arrestao: Ismaelito, quien no les pudo abrir porque se estaba bañando.

Como no habí­a autoridad presente, los compadres se marcharon y quedaron en regresar en la tardecita. Ismaelito aprovechó pedirles el favor de que avisaran en su casa que estaba preso para que le mandaran un pantalón.

No se sabe si Ulpiano le pagó el gallo a Melesio, pero la historia se ha repetido por décadas cada vez que un venezolano la consigue en las páginas de «Humor y Amor».

Hay libros tan buenos que a uno se le ocurre que solo la casualidad y la buena suerte del escritor pudieron concebirlo, lo que pasa es que Aquiles Nazoa era un genio, quizá el más grande genio que ha dado este paí­s, y «Humor y amor» es la proyección impresa de esa mente universal.

Se trata de una compilación de poemas, obras teatrales para ser leí­das y cuentos poéticos que se caracterizan por la alta comedia y por un drama sublime que también da risa.

Aunque yo no habí­a leí­do ningún otro libro cuando leí­ «Humor y amor», me pareció que era el mejor libro del mundo y que, por más que lo intentaran, nunca podrí­an escribir algo así­ de bueno. Era un niño.

Foto: Firma de Aquiles Nazoa

El tiempo pasó y las lecturas se acumularon. Sin embargo, «Humor y amor» me seguí­a gustando. No era cosa de época. Fui creciendo, y aunque la vida me absorbí­a con sus farándulas, yo debí­a acudir a aquellos poemas cada vez que necesitaba belleza en mi existencia.

Es que más allá de la carcajada, de la circunstancia, de la protesta, de la crí­tica y de la nostalgia, Aquiles Nazoa nos enseñó con este libro a amar la vida con optimismo, a valorar como a un hermano al perro callejero y sarnoso, a decirle buenos dí­as a la tortuguita que parece un periquito del agua, a agarrarnos a pelar con los enanitos, a recordar con amor a un mal padre, a burlarnos de los burgueses ignorantes y por encima de todo, a ser buena gente. ¡Basta! Haciendo clic aquí­ puedes leer el libro.

Néstor Luis González