Obispo español elogia a la venezolana que ha escrito “Virgen a los 30″

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El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, asegura en su carta semanal que “es posible llegar virgen al matrimonio, aunque el ambiente no sea favorable”, así como que “es posible ser fiel al propio marido, a la propia mujer. Más aún, a eso invita la Palabra de Dios en este domingo, huyendo de la fornicación”.

En este contexto, el obispo alude a la reciente publicación de un libro, “en el que una candidata a Miss Venezuela explica su experiencia con un título que lo dice todo: ‘Virgen a los 30′. “Precisamente, no alcanzó el título al que se presentaba por no aceptar la propuesta de la fornicación, que al parecer era una condición (no escrita) del concurso. En ella se ha cumplido esta palabra de San Pablo, y el libro se ha convertido en ‘bestseller’ entre los jóvenes y las jóvenes de su entorno, de nuestro tiempo”, añade.

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En este sentido, recuerda la carta en la que San Pablo insta a los Corintios a huir “de la fornicación”. A su juicio, dicha palabra parece dirigida a la actualidad, “donde la incitación a la fornicación es continua en los medios de comunicación, en el cine, en la televisión, incluso hasta en algunas escuelas de Secundaria, dentro de los programas escolares”.

Monseñor Fernández señala que “el Evangelio de Jesucristo tiene repercusiones en todos los ámbitos de la persona, también en el campo de la sexualidad”, ya que ésta, “vista con ojos limpios, es el lenguaje y la expresión del amor verdadero, de un amor que no busca sólo su interés y su satisfacción, sino que es donación, entrega. Un amor que busca la felicidad del otro y que está dispuesto al sacrificio y a la renuncia. Un amor que tiene su ámbito y su cauce en el matrimonio estable y bendecido por Dios”.

La sexualidad desorganizada es como una bomba de mano

Vivir en armonía

“La castidad -prosigue la carta- es la virtud que educa la sexualidad, haciéndola humana y sacándola de su más brutal animalidad. Cuando la sexualidad está bien encauzada, la persona vive en armonía consigo misma y en armonía con los demás, evitando toda provocación o violencia. La castidad viene protegida por el pudor”.

En cambio, “cuando la sexualidad está desorganizada, es como una bomba de mano, que puede explotar en cualquier momento y herir al que la lleva consigo. Y esto sea dicho para todos los estados de vida: para la persona soltera, en la que no hay lugar para el ejercicio de la sexualidad, para la persona casada, que ha de saber administrar sus impulsos en aras del amor auténtico, para la persona consagrada, que vive su sexualidad sublimada en un amor más puro y oblativo”.