Publicado el 20 de Feb de 2012 8:36 am |

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Foto: DPA

 

(Caracas, 20 de febrero, DPA).- Luz, cámara, ¡acción! El mayor espectáculo de la moda y el cine, la entrega de los premios Oscar, está por celebrar otra edición.Y tal como viene sucediendo desde hace décadas, la platea femenina estará pendiente de los nuevos diseños que luzcan las actrices famosas.

Ya sea por amistad, cábala o preferencia estética, algunas artistas fueron sumamente leales a un solo diseñador para estas grandes galas, como Audrey Hepburn y su amigo y modisto Hubert de Givenchy. Renee Zellweger se ha enfundado muy a menudo con el clasicismo de la venezolana Carolina Herrera, y Catherine Deneuve hizo lo propio con el francés Yves Saint Laurent.

Nunca trascendió por qué Ingrid Bergman repitió atuendo en dos ceremonias sucesivas. Se trató de un discretísimo vestido negro de cuello cerrado y mangas largas ceñidas, cuyo único adorno eran unas pequeñas estrellas brillantes bordadas en la pechera. Lo eligió en 1944, cuando contra las expectativas generalizadas no fue premiada por “Casablanca”. Tal vez por cábala o por el racionamiento de la guerra, volvió a ponérselo en 1945, y entonces sí fue premiada como mejor actriz por “Gaslight”.

Un color que garantiza el pleno de atención sobre la emblemática alfombra roja es el colorado. Por eso es fundamental que esté bien confeccionado, que el diseño sea original y que la actriz que lo porte tenga una cierta valentía, porque indudablemente dará que hablar.

En casi todas las ceremonias de los Oscar hubo al menos un vestido rojo inolvidable, como el de Elizabeth Taylor en 1976. La prenda de Halston que exhibía generosamente el escote de la memorable actriz y fluía con drapeados hasta el suelo fue tan impactante que instauró la denominación “Rojo Elizabeth Taylor”.

De los colorados más recientes, uno muy chic fue el de Kate Winslet en 2002, con escote palabra de honor y un bretel diagonal en flores de seda. En 1990, Geena Davis le imprimió la frescura de su personalidad a un infartante diseño con strapless corazón de Bill Hargate, de mangas largas como los guantes que se usaban en las galas de los años 50.

Sin embargo, no todas las artistas que brillaron en los Oscar se rindieron ante el vestido. Algunas transgresoras de este emblema femenino se apropiaron del smoking masculino, como Diana Ross en 1975, con uno plateado de Bob Mackie, sobre camisa y chaleco. Más sexy fue la versión de Dolce & Gabbana que eligió Angelina Jolie en 2001: de blanco reluciente, no había prenda que mediara entre la chaqueta y su piel.

Foto: DPA

Por lo general las actrices que concurren durante varios años a los Oscar van experimentando con diversas estéticas y obtienen resultados variados. Provocan aplausos por su buen gusto -como Uma Thurman en 1995 con un vestido lavanda recto de Prada- y tiempo después generan muecas de desaprobación, como la misma Thurman en la entrega de 1999, con top y falda plateados de Chanel que le confirieron la imagen de una heroína galáctica.

Los modistos saborean las mieles de la victoria cuando las actrices a las que vistieron ganan una estatuilla. Es un impacto estético fenomenal en términos de la espectacularización de la moda.

Esta fórmula sublime se desplegó con estrellas como Julia Roberts en 2001, al recibir con un diseño vintage de Valentino el Oscar a la mejor actriz por “Erin Brockovich”, o Hilary Swank con la misma distinción por “Boys don’t cry” en el año 2000, con un strapless de falda monárquica de Randolph Duke.

Pero las que poderosamente triunfaron en el glamour fueron Audrey Hepburn y Grace Kelly, en sus respectivas premiaciones a mejor actriz por “Roman Holiday” y “The Country Girl”. En 1954, Hepburn repitió un vestido que usó en aquella cinta. En 1955, Kelly lució delicada y refinada en un vestido de seda color hielo diseñado por la vestuarista hollywoodense Edith Head.

La sensualidad también tiene ganadoras en la ceremonia, como Halle Berry. Con su inherente sensualidad, la ex modelo fue refinando su look desde mediados de los 90 -cuando usó sendos vestidos de Valentino y Vera Wang- hasta triunfar por partida doble en 2002.

Fue entonces que recibió el galardón a mejor actriz por “Monster’s Ball” con un vestido sirena de Elie Saab, de torso transparente aunque con bordados de flores y hojas que cubrían estratégicamente el busto en diagonal hasta la cadera, donde continuaba la falda tubo de tafeta en un color borgoña. Nuevamente confirmaría su criterio estético en la ceremonia del año pasado, con un strapless color arena de Marchesa.

La ropa íntima al descubierto fue una tendencia que se estableció en la moda a fines de los 80, principalmente con sostenes entrevistos bajo blusas etéreas. Pero ya en 1941 hubo una pionera de este look que se animó a lucir en los Oscar un vestido de tul de seda gris que transparentaba un top lencero en encaje negro. Era la escultural Ginger Rogers, que con este diseño de la vestuarista de la Metro Goldwyn Mayer Irene Lentz recibió el premio a mejor actriz por “Kitty Foyle”.

En una vuelta al pasado, en la ceremonia de 1983 Jamie Lee Curtis lució un vestido clásico de los 40 que había sido lucido por Marlene Dietrich y resultó cautivante. Era un modelo brillante y de cuello cerrado, con mangas cortas y drapeado.

Los años 30, 40 y 50 son emulados con nostalgia a través de vestidos vintage o joyas antiguas. No se trata de copiar, sino de recrear ideales de belleza e incluso el aspecto de estrellas del cine admiradas por las actrices de las siguientes generaciones. Feminidad, arte, glamour, éxito y visibilidad son las claves de los Oscar como fusión máxima del cine y la moda.