Publicado el 08 de jun de 2012 8:13 am |

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Foto: Lady Macbeth

(Caracas, 8 de junio. Noticias24)- De mil hombres, uno bueno; de entre todas las mujeres, ninguna. La sentencia es radical, pero también una advertencia del rey Salomón. La escribió en el Eclesiastés, dicen que porque en su tiempo la moral femenina estaba contaminada por las extranjeras adoradoras de Baal.

El mismo Rey cedió. Tuvo setecientas esposas y trescientas concubinas; y poco a poco, sus mujeres le incitaron a adorar dioses falsos. No se sabe si Salomón volvió a los caminos que predicó antes de ser vencido por la vanidad, pero lo que escribió en Proverbios y en Eclesiastés trascenderá por los siglos de los siglos más allá de sus actos personales.

Que las mujeres de Salomón lo hayan conducido al pecado siendo el hombre más sabio de todos los tiempos no debe sorprender más de la cuenta. Ya la primera mujer, Eva, había convencido al primer hombre de probar el fruto prohibido. Recordemos cómo imaginó aquella escena Aquiles Nazoa.

Eva: -Bueno, Adán, aquí hay manzana.
Adán: -¡No quiero!
Eva: -¿Por qué, negrito?
Adán: -Porque no tengo apetito
ni me da mi perra gana!
Eva: -Un pedacito … Sé bueno …
Pruébala … ¡Sabe a bizcocho!
Adán: -No puedo. Comí topocho
y a lo mejor me enveneno…
(Furiosa, escupiendo plomo; Eva coge un arma nueva y antes de que Adán se mueva se la sacude en lomo).
Eva: -¡Vamos, Adán, no más plazos! Aquí tienes dos docenas:
¡Te las comes por las buenas o te las meto a escobazos!

En todo caso, creo que fue Francisco Quevedo quien descubrió, no los motivos del liderazgo femenino, sino la solución: “Si quieres que te sigan las mujeres, ponte delante“.

El libro que quiero recomendar hoy trata de mucho más que la dominación histórica de las mujeres sobre los hombres, pero esa característica es determinante.

William Shakespeare escudriñó las “Crónicas” del historiador Raphael Holinshed para poder desarrollar el mito de un escocés: Macbeth, quien recibió la promesa de tres brujas: “Serás Rey“.

Foto: Imagen de la película “Macbeth” dirigida por Roman Polansky y producida por Playboy

Era ilógico el augurio de las llamadas “Hermanas Fatídicas“, pero apenas desaparecieron, un enviado del Rey notifica a Macbeth la concesión de un título real que lo colocaba en la línea del trono directamente.

El hombre se emociona y envía una carta a su mujer contándole la profecía de las brujas, el título que recibió inmediatamente y la noticia de que el Rey los visitaría por una noche.

A Lady Macbeth se le ocurre que hay que aprovechar la visita del Rey para asesinarlo y hacer que su esposo suba al trono. Para ello se prepara con un monólogo poderosísimo que suena como a conjuro:

“Está ronco el cuervo que anuncia con graznidos la fatal llegada del Rey Duncan a mi castillo. ¡Espíritus, venid! iVenid a mí, puesto que presidís los pensamientos de una muerte! Arrancadme mi sexo y llenadme del todo, de pies a la cabeza, con la más espantosa crueldad! ¡Que se adense mi sangre que se bloqueen todas las puertas al remordimiento! ¡Que no vengan a mí contritos sentimientos naturales a perturbar mi propósito cruel, o a poner tregua a su realizacion! ¡Venid hasta mis pechos de mujer y transformad mi leche en hiel, espíritus de muerte que por doquier estáis -esencias invisibles- al acecho de que Naturaleza se destruya! ¡Ven, noche espesa, ven y ponte el humo lóbrego de los infiernos para que mi ávido cuchillo no vea sus heridas, ni por el manto de tinieblas pueda el cielo asomarse gritando «¡basta, basta!”

Esas son las palabras más determinantes de la obra, palabras que dan miedo y advierte, mejor que Salomón, el peligro de una mujer con maldad. Porque si en bondad y en belleza nada sobre la tierra es superior a una mujer, en maldad menos.

Lea Macbeth, disfrútela y sepa por qué es la obra más famosa de Shakespeare. Analice a los protagonistas, siéntase capaz de cosas peores, hurgue en las profundidades de su propio corazón y determínese a usted mismo como bueno, malo o sobreviviente a través de esas páginas.

Néstor Luis González