Publicado el 11 de jun de 2012 8:11 am |

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Foto: Diagentur

HAMBURGO (dpa) – Las salidas con amigos de la pareja pueden ser una tortura, o sencillamente un aburrimiento, porque de seis personas presentes a veces sólo tres tienen algo que decirse. ¿Qué se debe hacer si uno no tiene ganas de quedar con los amigos del otro? ¿Aguantar o ser sincero y quedarse en casa?

“Primero hay que preguntarse qué hay detrás de esa incomodidad o ese rechazo”, aconseja Jörg Wesner, asesor de pareja en Hamburgo. Lo habitual es que haya dos opciones: una es que la persona no quiera que su pareja se vea con sus amigos. “Eso puede deberse a que uno no soporta que la pareja tenga vínculos con otras personas que no son compartidos”, opina Wesner. Y eso hay que analizarlo bien.

Por otro lado, la situación puede ser una oportunidad para confrontar a la pareja con temas como “¿qué significa la amistad?” o bien “¿por qué se siguen encontrando? ¿Quizás sólo por costumbre?”.

Otra posibilidad es que no haya deseo de encontrarse con los amigos del novio o novia. “Esa falta de interés no se debe confundir sin embargo con falta de interés por la pareja”, subraya Wesner.

Y el asesor de pareja Christian Thiel añade: “Considero totalmente normal que justamente en las constelaciones de pareja no siempre todos tengan algo que decir y que por eso no necesariamente quieran pasar tiempo juntos de manera regular”. Es algo que hay que hablar con calma con la pareja. Lo fundamental es hablar en nombre de uno mismo y no vincular el asunto nunca con una crítica al otro, subraya Thiel.

Algunas parejas creen que si no hacen todo juntas fracasarán, cuando es al revés. “Que cada uno tenga amigos propios por su lado es muy estabilizador para una relación”, opina Dariush Barsfeld, terapeuta de pareja y psicólogo de la comunicación. “En una relación sana cada uno debe seguir siendo un individuo con sus propios intereses y amigos”. Algo que no excluye para nada que se busquen amigos en común.

“En una relación sana cada uno debe seguir siendo un individuo con sus propios intereses y amigos”.

“No hace falta ir a todos los eventos con la pareja y considerar obvio que se debe acompañar al novio o novia”, afirma Barsfeld. Es importante tener en cuenta la ocasión, ya que a veces es necesario que la pareja esté, como en algunas comidas de negocios en las que se espera que la persona acuda acompañada.

Lo mismo pasa con las reuniones familiares. “Decir en ese contexto que no se soporta a los padres del otro es hiriente, incluso aunque el otro piense lo mismo”, señala Barsfeld. Lo que cabe ahí es poner al mal tiempo buena cara, apoyar al otro y llegado el caso soportar juntos la complicada velada.

Con los amigos es diferente. “Ahí no hay que darle espacio a las convenciones, sino que hay que seguir la propia intuición”, recomienda Thiel. Por supuesto puede pasar que al principio de una relación uno tenga curiosidad por los amigos del otro, pero que luego descubra que no los encuentra tan interesantes. “Entonces habría que hablar abiertamente de ello”.

“A veces solo se quiere saber dónde está el otro y con quién”, añade el asesor de pareja Wesner. “Cuando se trata de un círculo de amigos muy antiguo y las conversaciones versan sobre viejas anécdotas y recuerdos, es muy difícil seguir el hilo si uno es novato”. Por eso, una vez que se los ha conocido probablemente no se perciba como necesario hacer encuentros regulares.

Thiel opina sin embargo que es peligroso que a alguien no le guste nadie del círculo de amigos de su pareja. “Porque al fin y al cabo uno busca novios que son parecidos a uno o al menos que tengan intereses e ideas parecidos”. Si como pareja no se encuentra ninguna conexión, hay algo que marcha mal. Y al final se acaba pensando cosas como: “¿Por qué tengo que pasar una noche aburrida si mi pareja se lo pasa igual o incluso mejor sin mí?”