Publicado el 12 de jul de 2012 4:00 pm |
HAMBURGO (dpa) – Que las niñas sólo quieren vestir de rosa y los niños sólo se divierten con juguetes de ruedas no son más que estereotipos. Pero a algunos padres les molestan tanto estos clichés que han decidido conscientemente educar a sus hijos en un entorno neutro. Aunque en la práctica, no es tan fácil, pues los roles tradicionales resultan difíciles de ignorar.
Hay madres que se han preguntado abiertamente si a los niños les encantan las excavadoras porque nacen con ese instinto, o porque al poco de nacer alguien les regala ropa con una excavadora como estampado. Y a otros padres les encanta que sus hijas se suman en la tarea de construir su propia casita de muñecas.
Por otro lado, algunos progenitores y expertos consideran un retroceso que un fabricante de juguetes como Lego incluya elementos típicamente femeninos -como salones de cosmética o pintalabios- en sus sets para chicas.
El debate trasciende el núcleo familiar para asentarse también en los círculos científicos. La cuestión es: ¿hasta qué punto los genes, las hormonas y la educación determinan los intereses y el comportamiento de niños y niñas?
Según afirma la neurocientífica estadounidense Lise Eliot en su libro “Pink Brain, Blue Brain” (“Cerebro rosa, cerebro azul”), sí existen diferencias de género en los cerebros de niños y niñas, pero tras analizar numerosos estudios concluye que son mínimas. Los estereotipos de género están relacionados con la plasticidad del cerebro infantil y se forman desde los comienzos por la observación de su entorno.
“En nuestra sociedad, el género es uno de los componentes de la identidad. Resulta irritante, por ejemplo, no saber si una persona a la que vemos en cualquier lugar público es hombre o mujer”, señala Hannelore Faulstich-Wieland, profesora de Pedagogía en la Universidad de Hamburgo. Para los niños, es importante tener una orientación.
Otro tema es prohibirles que hagan cosas conectadas abiertamente con uno de los géneros. Por ejemplo, la clásica “fase rosa” que atraviesan las niñas. Según la experta, es importante que una niña pase esta “fase rosa” junto a sus amigas. Pero lo mismo sucede cuando esa niña quiere jugar al fútbol. “Tienen que saber que son igualmente niñas o niños más allá de lo que les guste”, sostiene. “Los padres deberían gestionar este asunto de forma más relajada.”
Hay algunos asuntos que continúan firmemente ligados al género, como la elección de una carrera profesional. Las chicas suelen huir de las matemáticas o los estudios técnicos, mientras que hay pocos chicos que optan por las materias sociales. Y en este sentido, la variedad de los juguetes con que se divirtieron de niños desempeña una función importante a la hora de formar sus impresiones. Aunque no es un factor decisivo.
Según los pedagogos, cuando los niños desarrollan experiencias con la tecnología a una edad temprana, su interés en profesiones técnicas crece. Sin embargo, si a una niña le regalan una caja de herramientas de juguete pero nunca ve a una mujer con un martillo en la mano, lo más probable es que no juegue jamás con ellas. Todo dependerá de lo estereotipados que estén los roles de género en su entorno familiar.
Además, los niños intentan averiguar desde muy temprano las diferencias entre chicos y chicas. “La formación de la identidad empieza en una edad temprana”, afirma Karin Jacob, que trabaja en un centro de asesoramiento familiar en Berlín. “Al principio, se trata del ego y de los límites de otra gente”, opina.
En este sentido, la experta cree que la sociedad “es ahora más abierta y libre”, pero “niños y niñas siguen siendo educados de manera distinta”. Y reflexiona: “La industria juguetera, con sus mundos separados para niños y niñas, sólo tendrá éxito si conecta con algo en nosotros, los padres.”
