Publicado el 21 de Abr de 2007 3:02 pm |

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Se llama Luly Bosa y es una famosa actriz colombiana. Hoy es entrevistada en el diario “El Tiempo” de Bogotá acerca de su vida privada. Luly, que pasa los 40 y tiene 2 hijos de 14 y 5, tiene, desde hace casi 3 años, un novio de 23 años, llamado Johan Carvajal. En la entrevista contó como llevan la relación.

Esta es parte de la entrevista y reportaje que hoy publica el diario bogotano:

¿No se siente como una especie de Demi Moore colombiana?

Johan se murió de la risa cuando vio la nota donde hablaban de su matrimonio y me dijo: ‘Ves que sí­ se puede’.

¿Cómo se conocieron?

Yo salí­a de una tusa horrorosa y andaba muy sola. Estaba deprimida y como una garra de flaca. Estaba patinando en El Salitre -él es entrenador- y le pedí­ que me entrenara. Primero fue mi amigo incondicional, hasta que se fue volviendo indispensable.

Recuerdo que yo tení­a el pelo larguí­simo y cuando estábamos entrenando sentí­a que me lo agarraba por detrás.

¿Qué es lo difí­cil de la relación con alguien tan menor?

Que a los 23 uno les da importancia a cosas que después de los 40 ya no cuentan. Sin embargo, él es muy centrado y me aterriza muchí­simo. Cuando tengo problemas hasta con mis hijos, él y sus papás emiten conceptos que me ayudan a encaminarme en la solución. Además, las personas con las que he salido -del medio o no- nunca han estado tan pendientes de mí­ como él.

¿Y con los suegros?

La relación estuvo en secreto mucho tiempo.

¿Por qué?

Porque me he vuelto recelosa y sé que como soy yo, nada más con mi nombre a los papás se les iba a parar el pelo. Pero no, son gente muy fresca y aterrizada.

¿Quiénes son ellos?

El papá trabaja en una comisarí­a de familia y tiene taxis, y la mamá trabaja en la Secretarí­a de Tránsito y también tiene negocios. Son gente hecha a pulso.

¿No le dio susto que de pronto se tratara de un sardino que se querí­a ‘levantar’ a la vieja buenona y famosa?

Lo que pasa es que cuando salí­ del último fracaso -porque si vamos al inventario, creo que he tenido puros errores-, le pedí­ a Dios alguien que me quisiera bonito. Tengo claro que no voy a derramar una lágrima más por un aparecido, porque eso es lo que son los novios y lo que somos para ellos.

¿Se llegó a sentir ‘vieja verde’?

No, tal vez por mi obsesión con el ejercicio. Me siento muy bien. Al principio, de los otros clubes (de patinaje) le ‘mamaban mucho gallo’ y le preguntaban ‘¿cuándo va a salir en televisión?’. Y él odia todo esto. Comenzó a ver novelas por mí­. Eso me daba una garantí­a y tranquilidad.

¿Y sus hijos?

Lucciani (de 14 años) y Angelo (5 y medio) son muy observadores. El mayor me preguntaba y yo le decí­a que no sabí­a si meterme ahí­… Él solo me decí­a que Johan era supermenor, pero que no importaba.

¿Qué ventajas tiene un hombre joven frente a uno mayor?

No se puede generalizar, pero uno menor no tiene vicios ni mañas. Los seres humanos, si no estamos aterrizados y con polo a tierra, nos vamos ensuciando cada vez más.

¿Qué tiene una mujer mayor para un joven?

El conocimiento y la experiencia, pero eso también es relativo. A estas alturas tengo mucho para decir, para enseñar y también para aprender.

¿Cómo evitar convertirse en la mamá y seguir siendo la mamacita?

Hay que ‘mamar mucho gallo’, burlarse mucho de uno mismo y reí­rse también del otro; porque si no eso se vuelve un tedio completo. No digo que esto durará toda la vida; pero hoy, él me vendrá a buscar y tenemos algo para compartir. Eso está funcionando. Cuando me sienta como una mamá se lo voy a decir y chao, igualmente él se aburrirá de tener una novia como mamá.

¿Viven juntos?

Sí­ y no… A veces yo necesito el espacio para mis hijos y lo entendemos.

¿Ha pensado en casarse?

¡No!, no, no, no…

¿Está feliz?

Sí­, estoy en paz. Creo que lo mejor está por venir y aprendí­ a atraer las cosas: cuando quiero, algo lo declaro.

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