Publicado el 09 de feb de 2012 6:33 am |

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Foto: MARCO LONGARI / AFP

(El Cairo, 9 febrero 2012. AFP) – Un año después de la caída de Hosni Mubarak, el 11 de febrero de 2011, que hizo estallar de alegría a la plaza Tahir, el expresidente está siendo juzgado, pero Egipto busca su vía entre militares cuestionados, islamistas triunfantes y “revolucionarios” siempre movilizados.

Siguiendo el movimiento provocado por el levantamiento en Túnez, 18 días consecutivos de manifestaciones masivas pusieron fin en Egipto a 30 años de reino.

En un breve mensaje televisado, el vicepresidente Omar Suleiman anunciaba que el rais entregaba sus poderes a un colegio de generales.

El presidente estadounidense, Barack Obama, aseguraba que Egipto “no será nunca más el mismo”. El cibermilitante Waël Ghonim exultaba en twitter: “¡el criminal abandonó el palacio!”.

En un breve mensaje televisado, el vicepresidente Omar Suleiman anunciaba que el rais entregaba sus poderes a un colegio de generales.

En medio del entusiasmo provocado por la caída del rais, el ejército prometía respetar las “legítimas demandas” del pueblo y colocar al país en el camino de la democracia. Los partidos políticos empezaron a florecer en una atmósfera de orgullo nacional recobrado.

Fascinados, millones de egipcios siguieron en la televisión la primera comparecencia en agosto ante un tribunal del exautócrata, de 83 años, tumbado en una camilla, acompañado por sus dos hijos, Alaa y Gamal.

En noviembre, el país acudió en masa a las urnas para elegir a sus diputados, después de décadas de elecciones ganadas de antemano por el partido presidencial.

Los Hermanos Musulmanes, grandes enemigos de Mubarak, vencieron con cerca de la mitad de los escaños. Hoy controlan la asamblea, pero lo hacen junto a unos rivales sorpresa, los fundamentalistas salafistas, que han logrado cerca del 25% de los escaños.

El campo laico -liberal o de izquierdas- fue, sin embargo, el gran perdedor.

“El sistema ha sacrificado a Mubarak para poder mantenerse”, con el riesgo de ver a los islamistas tomar hoy la ventaja, estima Rabab al Mahdi, profesor de ciencias políticas en la Universidad estadounidense de El Cairo.

“Pero ante la presión de los manifestantes también ha habido concesiones: se están celebrando juicios y hay cambios de gobierno, se ha fijado una fecha límite (finales de junio) para unas presidenciales, y la ley sobre el estado de emergencia ha sido parcialmente levantada”, añade.

“El objetivo del ejército era evitar tener que entregar el poder a los islamistas. Pero hoy la evolución política podría hacerse sobre la base de un compromiso entre militares y Hermanos Musulmanes”, estima un diplomático occidental bajo cubierto de anonimato.

En la calle, la euforia se ha disipado.

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La economía está estancada. Los turistas, al igual que los inversores, escasean. Las reservas del Banco Central se agotan, amenazando el mantenimiento del costoso sistema de subvenciones a los productos de básicos, como el pan y la gasolina.

Los manifestantes que reclamaban ayer la salida de Mubarak piden hoy la cabeza del jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas.

Reticente durante mucho tiempo, el poder finalmente retomó el camino del Fondo Monetario Internacional (FMI) para obtener un préstamo de 3.200 millones de dólares.

Los “revolucionarios” vuelcan hoy su ira contra el poder militar, al que acusan de perpetrar el antiguo régimen y de querer mantener sus privilegios.

Los militares que presumían de no haber abierto fuego contra la multitud para proteger a Hosni Mubarak han perdido mucho de su aura con la mortífera represión de las manifestaciones de los últimos meses.

Los manifestantes que reclamaban ayer la salida de Mubarak piden hoy la cabeza del jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, el mariscal Husein Tantaui.

En cuanto a la policía, su pasividad durante los enfrentamientos después de un partido de fútbol en Puerto Said (norte) el 1 de febrero -74 muertos- ha empañado un poco más su imagen.

Los cristianos coptos (6 al 10% de la población) observan por su parte la evolución del país con ansiedad. Dos iglesias ardieron en mayo en El Cairo y una manifestación de esta comunidad fue duramente reprimida en octubre.

Para celebrar la caída de Mubarak, las organizaciones de estudiantes y de jóvenes militantes pro democracia han lanzado para el sábado consignas que recuerdan las de 2011: llamamientos a la huelga y desobediencia civil.

El ejército anunció el miércoles que se desplegaría por todo el país para garantizar la seguridad.

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