Publicado el 23 de may de 2012 2:13 pm |

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Foto: AP PHOTO. La Habana/ Archivo

(La Habana, 23 mayo. AFP) – La sexóloga cubana Mariela Castro, hija del presidente Raúl Castro cuya presencia en Estados Unidos para dictar una conferencia este miércoles fue muy criticada, lidera en la isla una cruzada en defensa de los homosexuales, perseguidos en el inicio del régimen comunista.

De hablar pausado y llano, siempre sonriente y de convicciones que defiende con tenacidad, Mariela Castro, de 50 años, dirige desde el año 2000 el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), desde el que lleva a cabo su lucha sin cuartel contra la homofobia.

“Me pongo a mirar, por ejemplo, a la legislación argentina, tan avanzada y tan democrática, y me da dolor que la Cuba revolucionaria no sea capaz de ser más revolucionaria”, dijo Castro

“Hay mucha misoginia (aversión a las mujeres), hay homofobia” en Cuba e “incluso hay personas que se sienten muy revolucionarios, muy identificados con el paradigma del socialismo, pero que en su vida cotidiana expresan actitudes discriminatorias”, comentó recientemente.

La sexóloga, que ha participado en más de 80 encuentros científicos dentro y fuera de la isla, según el sitio web de Cenesex, asiste en San Francisco (oeste de Estados Unidos) a un Congreso de Asociación de Estudios Latinoamericanos (Lasa, por sus siglas en inglés), junto a otros académicos cubanos.

Aunque visitó anteriormente Estados Unidos -la última vez en 2002-, la emisión de la visa estadounidense irritó a grupos del exilio cubano en ese país, a legisladores cubanoamericanos y al virtual candidato presidencial republicano Mitt Romney.

“La administración de (Barack) Obama no debe de estar dándole la bienvenida a la hija de un dictador”, dijo Romney, en un comunicado divulgado el martes en Washington.

Mariela, que se licenció en Psicología y Pedagogía en 1983 y terminó una maestría en Sexología en 1997, es la segunda de los cuatros hijos de Raúl Castro con Vilma Espín (1930-2007), la mujer que más altas responsabilidades políticas ocupó bajo el gobierno de Fidel Castro, quien entregó el mando a su hermano en 2006 por graves problemas de salud.

Abierta con la prensa extranjera (a diferencia de los jerarcas cubanos), Mariela Castro aboga porque “los derechos sexuales sean considerados derechos humanos”.

También ha criticado los “errores” cometidos contra los homosexuales cubanos, reprimidos tras el triunfo de la revolución en 1959, con internamientos en campos de trabajo en los años 1960 y con la marginación durante el “quinquenio gris” de los 70.

Recientemente dijo que su padre apoya los derechos de los homosexuales, incluida la legalización de las uniones entre personas del mismo sexo, aunque asegura que en este campo “nos queda muchísimo” por hacer.

“Me pongo a mirar, por ejemplo, a la legislación argentina, tan avanzada y tan democrática (con matrimonio gay y ley de identidad de género), y me da dolor que la Cuba revolucionaria no sea capaz de ser más revolucionaria”, declaró este mes en un homenaje al escritor homosexual Virgilio Piñera (1912-1979), silenciado durante el “quinquenio gris”.

A instancias del Cenesex, el gobierno reanudó en 2008 las cirugías de cambio de sexo, dos décadas después de ser suspendidas tras una primera y única, que generó gran polémica en la isla. Desde 2008 se han practicado 15 operaciones con ese fin, todas gratuitas.

Casada actualmente con el fotógrafo italiano Paolo Titolo y madre de tres hijos -dos mujeres y un varón-, ella encabeza casi todas las actividades públicas del Cenesex, en especial durante la Jornada Nacional contra la Homofobia, con la que ha llevado su cruzada a las calles cada mayo desde 2008.

Mariela Castro es también integrante del Comité Asesor de la Asociación Mundial de Salud Sexual desde 2005 y preside la Comisión Nacional de Atención Integral a Personas Transexuales. Ha escrito varios libros, publica artículos en el sitio web del Cenesex y participa en programas de radio y televisión.

Aclamada por activistas de la comunidad homosexual de la isla, tiene críticos que atribuyen a su apellido los “avances” de su campaña, pero otros elogian su constancia y valentía en la defensa de sus convicciones.