Publicado el 14 de jun de 2012 2:10 pm |
(Madrid, 14 de junio – EFE).- La brillante actuación de la selección española, y los goles de Fernando Torres, David Silva y Cesc Fábregas, llevaron al éxtasis a los miles de fanáticos que se congregaron para seguir el partido entre España e Irlanda.
A tan solo cuatro minutos de iniciado el encuentro, cuando la afición terminaba de acomodarse, Fernando Torres, delantero del Chelsea, marcó el primer gol e hizo estallar las miles de gargantas de los aficionados.
De ahí en adelante todo fue alegría. En los cientos de rostros pintados con los colores hispanos solo había sonrisas; cientos de banderas se agitaban al ritmo del juego de la “Roja”, y el sonido de las bocinas se mezclaba con los gritos de aliento que no cesaban con el pasar de los minutos.
Las llegadas al arco irlandés eran permanentes y con ellas la ilusión de un partido cargado de goles. Las manos iban a la cabeza o ahogaban los gritos de gol de los aficionados.
Irlanda llegaba tímidamente al arco de Iker Casillas, y el apabullante juego español permitía mantener la calma de los fanáticos, así como también se acrecentaba la ilusión de más goles con el pasar de los minutos.
En el minuto 45, Given impidió que un tiro a puerta de Iniesta entrara. Así terminó la primera parte, la gente comentaba: “este partido es nuestro”.
Los nervios vividos en el encuentro frente a Italia, y las dudas sobre el nivel de juego de la selección española, estaban desapareciendo. Al arrancar la segunda mitad se esfumaron por completo.
En el 49′, curiosamente cuatro minutos después de haber comenzado la segunda parte, un rechazo del arquero a un tiro del “Niño” Torres, fue tomado por David Silva, quien anotó el segundo gol de la noche.
El partido era de España, que nunca dejó de manejar el balón, y no se cansaba de rematar al arco del portero irlandés.
El tercer gol se sentía cerca y al fin, en el minuto 70, un brillante mano a mano entre Fernando Torres y el guardameta Given terminó en gol, aumentando así la algarabía de gente que nunca paró de gritar y saltar, henchida de emoción.
Los ánimos no podían estar más avivados, los coros a Torres se escuchaban a manzanas de distancia, y cuando ya todo estaba dicho, Cesc selló la contundente victoria del combinado rojo, firmando el cuarto y último tanto del partido.
Así llegó el pitido final y el grito de victoria de la marea roja, que dejó a los fanáticos con la ilusión de ver a España campeona, y esperando la cita del próximo lunes frente a Croacia.
