Publicado el 20 de jun de 2012 12:15 pm |

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Foto: REUTERS/Finbarr O’Reilly/Files

LONDRES, 20 Jun 2012 (AFP) – Fugitivo y cada vez más aislado, Julian Assange enturbió un poco más su imagen de ciberguerrero de la información y paladín de la transparencia tras refugiarse en la embajada de Ecuador en Londres.

Desde que se entregó a Scotland Yard en diciembre de 2010, el fundador de WikiLeaks, una web especializada en filtraciones, siempre se presentó como víctima de “persecuciones” en su combate para “liberar a la prensa” y “desenmascarar los secretos y abusos de Estado”.

Se declaró “amenazado de muerte”, denunció un “boicot económico”, habló de un complot urdido por las autoridades estadounidenses para deportarlo a Guantánamo, vía Estocolmo.

WikiLeaks es la pesadilla de Washington desde la difusión de cientos de miles de documentos

¿La razón? WikiLeaks es la pesadilla de Washington desde la difusión de cientos de miles de documentos estadounidenses, mensajes militares secretos sobre las guerras de Irak y de Afganistán y cables diplomáticos confidenciales.

Assange, de 40 años, se dice “abandonado” por su país de origen, Australia. Critica la constancia de los tribunales británicos en querer enviarlo a Suecia para responder a las acusaciones –infundadas según él– de violación y agresión sexual denunciadas por dos mujeres.

Desde hace tres semanas, sin embargo, el carismático comunicador parecía haber dejado el primer plano.

No asistió a la vista en la que la Corte Suprema británica rechazó su última apelación el 14 de junio, perdiéndose de paso una cita con la prensa y un puñado de admiradores.

Su última aparición pública se remonta al 25 de mayo. Extrañamente, apareció con la cara oculta bajo una máscara de Anonymous. Con este comentario sibilino: “Más vale que os acostumbréis. Es tal vez mi última aparición pública”.

La primera que aplaudió su solicitud de asilo fue su madre, Christine. “Buen trabajo chaval”, dijo desde Australia, tildándolo de “prisionero político”.

Assange también puede contar a priori con el respaldo del presidente ecuatoriano. Cuando lo entrevistó en abril, Rafael Correa, dijo estar ante un hombre “perseguido, calumniado, linchado mediáticamente” después de haber puesto “en jaque” a Estados Unidos.

La entrevista se enmarcaba en una serie de programas políticos polémicos en la cadena de televisión internacional rusa proPutin RT. El primer invitado, el líder del movimiento chiita libanés Hasán Nasralá, aprovechó este espacio para reafirmar su apoyo al régimen sirio de Bashar al Asad implicado en una sangrienta represión.

Los detractores de Assange vieron en esta iniciativa mediática una prueba más de la desnaturalización de su “combate por la verdad” en su cruzada antiestadounidense. Una crítica formulada por varios “disidentes” de WikiLeaks, entre ellos el exportavoz alemán de la organización Daniel Domscheit-Berg.

El hombre que presume de haber inventado “el primer servicio de inteligencia del pueblo al mundo” parece estar un poco solo

Recluido en la embajada de Ecuador, el australiano de pelo blanco y sonrisa a menudo sarcástica vuelve a una cierta clandestinidad. Como cuando evitaba dormir dos noches consecutivas en el mismo lugar, o cambiaba continuamente los ‘chips’ de su teléfono para borrar su rastro.

Fue “Hombre del Año” para la revista norteamericana Time, y recibió premios de defensores de los derechos humanos. Pero hoy, el hombre que presume de haber inventado “el primer servicio de inteligencia del pueblo al mundo” parece estar un poco solo.

La mayoría de los medios que lo apoyaron difundiendo sus primicias tomaron distancias. Cambió varias veces de abogados, se enfadó con su editor, que terminó por sacar una autobiografía “no autorizada”. “Tal vez sea un falócrata, pero no violador”, dice Assange en el libro.

En su combate para existir mediáticamente, llegó a poner voz a su propio personaje en la serie de dibujos animados estadounidense Los Simpson, en un ejercicio de autocrítica poco habitual en él.

Por: Denis Hiault