Publicado el 23 de jun de 2012 7:47 am |
(Madrid, 23 jun dpa) – Intenso, exagerado, con fama de galán y calavera, Juan Luis Galiardo fue uno de los actores más carismáticos del panorama cinematográfico español. Falleció en Madrid el viernes a los 72 años, tras una rápida y devastadora enfermedad que no le impidió estar activo hasta sus últimos días.
Su última aparición en la gran pantalla había sido el pasado mes de enero en “La chispa de la vida”, de Álex de la Iglesia, junto a Salma Hayek y José Mota. Pero además continuaba el rodaje de la serie de televisión “Gran Hotel” y, sobre las tablas, con el final de la gira “El avaro”. Por deseo del actor, su cuerpo será incinerado y su familia celebrará el funeral en la intimidad, informan medios españoles.
Galiardo nació en San Roque (Cádiz) en 1940. En su juventud se trasladó a Madrid para estudiar Económicas e Ingeniería Agrónoma, pero pronto decidió que su futuro estaba en los escenarios. Debutó en la gran pantalla en 1965 con “Acteón”, a la que siguió “El arte de vivir”, su primer papel protagonista.
Su físico y su potente voz contribuyeron a lanzarlo como galán con filmes como “Stress es tres tres” (Carlos Saura), “No desearás a la mujer de tu prójimo” (Pedro Lazaga) o “La promesa” (Ángel del Pozo) e incluso llegó a ponerse a las ódernes de Charlton Heston en “Rojo, blanco y…”, rodada en Almería en 1972.
“Soy emocional, de párrafo largo, no me gusta que me corten (…) Soy barroco y mediterráneo, muy expresivo y gestual y, sobre todo, la naturaleza me ha dotado de un potente aparato fonador, una voz que a mí mismo me convence”, declaró hace unos años en una entrevista con dpa. “No soy un actor glamouroso, yo soy atractivo de taberna y playa del sur”.
En 1979 se trasladó a México, donde intervino en varias series de Televisa y en filmes como “Guyana” (René Cardona) o “Rastro de muerte” (Arturo Ripstein). A su regreso, a mediados de los 80, comenzó su etapa más aclamada por la crítica, con su participación en “El disputado voto del señor Cayo” (Antonio Giménez Rico) y en la exitosa serie de televisión “Turno de oficio”, que también coprodujo.
“(El guionista Rafael) Azcona me decía: ‘Como eres un personaje, tendrás que hacer muchos personajes’, y así fue”, contaba Galiardo. Lejos de encasillarse en el papel de “latin lover” se metió en la piel de numerosos hombres, desde el ingenioso hidalgo en “El caballero don Quijote”, de Manuel Gutiérrez Aragón, hasta el comandante Fidel Castro en “I love Miami” (Dios o Demonio), de Alejandro González Padilla, o Miguel de Cervantes en “Miguel y William”, de Inés París.
La coronación de su trayectoria llegó en 2001, con el Goya como mejor actor por “Adiós con el corazón”, de José Luis García Sánchez. El cineasta, con quien había colaborado en numerosas ocasiones (“Pasodoble”, “El vuelo de la paloma”, “Suspiros de España… y de Portugal”) bromeaba en 2008 calificándolo de “Tenorio que fue y ya no es” cuando le entregó el Premio del Festival Iberoamericano de Huelva.
“Éste es Galiardo, la belleza periclitada”, señaló el cineasta entre risas. Pero lejos de importarle, al coqueto actor le gustaba que las mujeres que iban a verlo al teatro vieran cómo envejecía “de verdad”. “Eso me motiva”, decía.
