Publicado el 18 de oct de 2012 8:08 am |
(Washington, 18 oct dpa) - Barack Obama puso fin a la guerra de Irak y sacó a las tropas estadounidenses de Afganistán, además de acabar con Osama bin Laden. Pero a pesar de ello, su política exterior no está exenta de críticas.
Y es que a su llegada a la Casa Blanca, el presidente demócrata tenían grandes planes en mente. Pretendía erradicar las armas nucleares, reconciliarse con los musulmanes, mejorar las relaciones con Rusia e impulsar la paz en Cercano Oriente
“Cambiaremos Estados Unidos y el mundo”, proclamó durante su campaña. Pero no todo salió bien desde entonces.
El candidato republicano, Mitt Romney, no se cansa de atacar la política exterior del presidente, sobre todo desde el ataque contra el consulado estadounidense en Bengasi, en el que murieron cuatro norteamericanos. Da igual si se trata del conflicto nuclear con Irán, la guerra civil en Siria o la política respecto a China: para los republicanos la repuesta de Obama es siempre demasiado tibia. Se necesita más fuerza y liderazgo. “El siglo XXI debe ser el siglo estadounidense”, proclama Romney.
Lo cierto es que en pocas ocasiones se vio a Obama tan desorientado como tras el ataque al consulado de Bengasi. La muerte de los cuatro diplomáticos estadounidenses “es una prueba brutal de que las turbulencias que sacuden Cercano Oriente tras la Primavera Árabe tienen consecuencias peligrosas para Estados Unidos”, opina Daniel Bymann, del “think tank” Brookings Institut, con sede en Washington.
El balance de la política exterior de Obama tiene luces y sombras. En 2010 consiguió firmar con Rusia un nuevo acuerdo Start para la reducción de armas atómicas. Y además, cumplió su promesa de poner fin a la guerra en Irak, además de mantener sus planes de retirada de tropas de Afganistán.
Sin embargo, la situación en Cercano Oriente -el polvorín más peligroso del mundo- es más explosiva que nunca. A pesar de las sanciones, Irán sigue adelante con su programa nuclear e Israel amenaza de forma cada vez más clara con un ataque militar contra Teherán.
No parece improbable que se produzca un ataque militar a principios del próximo año. De ser así, toda la región se incendiaría y Estados Unidos no podría mantenerse al margen, una pesadilla para cualquier presidente estadounidense.
Precisamente las relaciones entre el mandatario y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no pasan por su mejor momento. Y ya se especula con que el principal aliado de Washington ni siquiera informará al gobierno estadounidense antes de inciar un ataque.
Pero a Obama le pilló sobre todo con el pie cambiado la “Primavera Árabe”. En lugar de impulsar el cambio, Estados Unidos se mantiene a un lado y observa impotente, entre otros, el derramamiento de sangre en Siria. Y se acusa a los servicios secretos de no haber podido siquiera valorar a los distintos grupos opositores sirios.
Y todo ello, teniendo en cuenta que al comienzo de su legislatura el presidente convirtió Cercano Oriente en una de sus prioridades. El “Discurso al mundo musulmán”, que pronunció a comienzos de 2009 en El Cairo, debía ser el comienzo del cambio. En vano, pues el mundo islamista practicamente lo ignoró.
“La Primavera Árabe complicó notablemente el conflicto entre Irán y Estados Unidos”, apunta un estudio del Bookings Institut. El problema es que Obama todavía no encontró una estrategia para guiar los “vientos de cambio”.
