Publicado el 25 de oct de 2012 2:47 pm |

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Foto: AFP

(Washington, 25 de octubre – DPA).- El programa de Barack Obama para la recuperación de la economía de Estados Unidos parece la propaganda de un seguro de vida caro. Fotos maravillosas, titulares coloridos y gráficos sencillos intentan hacer atractiva la reelección del presidente.

Y a menos de dos semanas de los comicios el 6 de noviembre, los voluntarios han comenzando a meter en los buzones de millones de votantes en los estados más decisivos un “plan (de 20 páginas) para puestos de trabajo y seguridad de la clase media”.

Su contricante Mitt Romney se ha burlado de la acción

Su contricante Mitt Romney se ha burlado de la acción. “Un folleto bonito dos semanas antes de las elecciones no puede sustituir un verdadero programa“, dijo el republicano a través de su portavoz Ryan Williams.

Con el elevado gasto que supone imprimir este folleto, el presidente intenta en el último minuto con todas sus fuerzas ganar territorio en un tema decisivo a la hora de votar: la supervivencia económica de la potencia mundial y del botín de sus cerca de 310 millones de votantes.

Poco ayuda a Obama que durante su mandato, la mayor recesión desde la Segunda Guerra Mundial haya impedido el crecimiento y haya recuperado cerca de la mitad de los 8,7 millones de empleos que se perdieron entre 2007 y 2009. Pues la coyuntura sigue demasiado débil y la tasa de desempleo no ha bajado del 7,8 por ciento, cifras que alejan a la mayor economía del mundo de una verdadera recuperación y de la fuerza a la que estaba acostumbrada.

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Romney sabe que estas cifras en crudo le favorecen. Desde que anunció en junio de 2011 su candidatura, uno de sus mantras de la campaña ha sido: “Barack Obama ha dejado Estados Unidos en la estacada”. La frase la dijo en New Hampshire y se refería a la alta tasa de desempleo, un precio de la gasolina en aumento y un incremento inmenso de la deuda estatal.

En la actualidad, esa frase sigue siendo uno de sus eslóganes favoritos. Al que suele agregar: “Mi plan creará 12 millones de empleos con salarios crecientes, lo que nos llevará a un presupuesto equilibrado y creará bienestar para todos”.

Reducir a la mitad el desempleo suena casi almibarado para los estadounidenses acosados por la crisis, que ya sienten el aliento de potencias emergentes como China.

La gran ventaja de su contrincante en la lucha por la confianza económica figura su biografía, pues está considerado como un empresario y organizador de éxito. A favor de Romney figura la empresa de inversiones que él fundó Bain Capital y el hecho de haber actuado como bombero cuando los Juegos Olímplicos en Salt Lake City (en el estado Utah) se vieron salpicados por el escándalo y haber sido gobernador del estado de Massachusetts.

Por mucho que Obama intente desdibujar el balance de su adversario y presentarlo como un tiburón de las finanzas que sólo va a luchar por los intereses de los millonarios, casi todas las encuestas colocan a Romney en mejor posición cuando la pregunta es quién puede salvar económicamente al país.

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Y en las recetas a seguir chocan frontalmente ambos mundos. El presidente demócrata aboga por un Estado que se preocupe del ciudadano, que sea justo, en el que se invierta en infraestructuras, proteja el medio ambiente defendiéndolo de los intereses de la industria y, si es necesario, aplique el freno para desmontar el déficit estatal. A los más ricos quiere imponerles impuestos más altos y regular el mercado financiero para evitar que se repita la catástrofe del 2007-2008.

Romney sin embargo acusa a Obama de haber estrangulado la economía con su afán regulador. Aboga, al igual que ya hicieron los ex presidentes Ronald Regan y George W. Bush por “el juego libre de los mercados”.

El Estado tiene que mantenerse al margen al máximo posible

El Estado tiene que mantenerse al margen al máximo posible. Quiere derogar casi todas las regulaciones de la era Obama, bajar considerablemente los impuestos sobre las ganancias empresariales y de capital y bajar la tasa de impuesto al 20 por ciento, también para los más acaudalados. Los críticos le reprochan que no ha dicho cómo piensa equilibrar el agujero fiscal.

Para Obama ese planteamiento es un “ataque a la clase media” y advierte: “Eso no puede funcionar de forma matemática”. Tan sólo sus planes para los impuestos podrían hacer aumentar la deuda estatal en 5.000 billones de dólares (3,86 billones de euro), advirtió. Romney aseguró sin embargo que puede reducir por completo el déficit en “ocho o diez años“.

Los economistas parecen perderse en esta marea de cifras y no se atreven a asegurar qué candidato tiene razón en sus conjeturas matemáticas. Cuando la revista “The Economist” consultó recientemente a 384 especialistas sobre lo que opinaban de Obama y de Romney, la respuesta no podía haber sido menos clara: “A pesar de que el resultado en general estaba a favor de Obama, Romney recibió en algunos temas importantes más puntos”. Así las cosas, no es de extrañar que en la elección presidencial sea una de las más ajustadas desde hace tiempo.

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