Publicado el 12 de nov de 2012 4:58 pm |

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Foto: DPA

(Caracas, 12 de noviembre – DPA).- Junto a la pintura y la escultura, también los videos forman parte hoy del canon del arte establecido. Los creadores proceden de los sectores más diversos, desde el teatro a la música pop.

Aunque hablar de videoarte hoy es muy normal, se trata de una forma artística bastante nueva, que comenzó a principios de los años 60 con artistas como Nam June Paik, que empezaron a experimentar con la técnica hasta entonces desconocida.

Con la tecnología de las computadoras y digital, el videoarte se desarrolló con enorme rapidez, y de hecho ya no hay cintas de video como tales, como hace 40 años. Por eso, los expertos suelen hablar hoy de arte digital o electrónico. Los trabajos filmados forman parte de la normalidad en todas las grandes exposiciones de museos y ferias.

Los grandes museos reconocen el peso del videoarte y le ofrecen un espacio cada vez mayor, y también el público que acude a ver este género va en aumento.

“En la actualidad existe toda una generación de artistas cuya percepción de las imágenes está fuertemente influenciada por el cine y la televisión”, explica la curadora Doris Krystof, que trabaja desde hace tiempo para la colección de videoarte de la fundación del estado alemán de Renania del Norte Westfalia.

La herramienta de los videoartistas no es sólo la cámara, sino que los creadores borran las fronteras entre instalaciones, arte conceptual o performances. “Ya no se trata de dominar muy bien un oficio concreto”, según Krystof. “Se trata más bien de conceptos o ideas”. Por eso esta experta cree que va mucho más allá de la exhibición de una pequeña película.

Los grandes museos reconocen el peso del videoarte y le ofrecen un espacio cada vez mayor, y también el público que acude a ver este género va en aumento.

Por ejemplo, el artista estadounidense Tony Oursler creó una “instalación cinematográfica” en tres dimensiones proyectando el rostro de una actriz en 25 esferas de fibra de vidrio colocadas en fila. En cada bola el rostro se expresa de una manera distinta: habla, grita, ríe, llora.

La coleccionista alemana de arte contemporáneo Julia Stoschek, especializada en el género, cree que lo fascinante del videoarte es “la experiencia sinestésica, que puede llegar de una observación fugaz a una compleja interacción en una instalación”.

Los nuevos medios, las redes sociales, ofrecen a los artistas una amplia variedad de expresión visual de sus temas complejos. Por eso el videoarte ocupa un lugar destacado en los últimos años y ya no se lo trata “más o menos como al hijastro, como ocurría hace diez años”.

Los videos no son sin embargo un producto que se venda en el mercado de manera habitual. Los coleccionistas cuelgan un cuadro en la pared de su casa, pero no suelen trasformar sus salas de estar en un lugar de proyección de videoarte. Pese a ello, existen galerías dedicadas al género. “Hoy en día lo mejor es comprar un disco duro o un pendrive con una introducción del artista”, explica Krystof.

Las tendencias son difíciles de unificar bajo un único rubro, añade. Un denominador común suele ser sin embargo la visión crítica de la sociedad.

Se puede aprender videoarte en las escuelas, pero los artistas suelen proceder normalmente de los más diversos sectores, desde el teatro, como Christoph Schlingensief, a la música pop (Björk) o el arte más tradicional (Pipilotti Rist).

Nam June Paik (1932-2006), el pionero del género, estudió al principio con el compositor Karlheinz Stockhausen en Colonia. Su famosa obra “TV-Garden”, de 1974, parece salida de otra era cuando se la observa ahora expuesta en el Museo Guggenheim de Nueva York, con sus televisores rodeados de palmeras y plantas exóticas.

“Eso es ya historia del videoarte”, señala Krystof. Pero, el “jardín” de Paik sobrevive, y para ello necesita un cuidado especial: Por la noche se mantiene encendida la luz, y hay que regar las plantas con regularidad.

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