Publicado el 13 de nov de 2012 1:38 pm |

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Foto: EFE/Charlie Archambault

(Caracas, 13 de noviembre. Noticias24) – El portal web Lainformación.com publicó este martes un resumen de los correos secretos que comprometieron la carrera del director de la CIA, el general Davis Petraeus.


A continuación el resumen completo:

Los correos anónimos y intimidatorios que recibía Jill Kelley, una mujer de 37 años de origen libanés, han acabado derribando al director de la CIA, el general Davis Petraeus, pero en un primer momento el FBI no les daba ninguna importancia. Los agentes federales solo siguieron tirando del hilo porque Kelley era una vieja amiga de la familia del director de la agencia de inteligencia. “No parecía el crimen del siglo”, asegura una fuente anónima a la revista estadounidense The Daily Beast.

Pronto destaparon que la persona que enviaba era Paula Broadwell, la biógrafa del general Petraeus. Según la fuente, el tono de los emails no implicaba ningún delito, sino que decían cosas como “¿Quién te crees que eres?” o “Apártate de mi camino”. No contenían amenazas de muerte y apenas mencionaban a Petraeus de pasada en una sola ocasión.

Pero seguían sin saber cuál era la motivación de estos mensajes. Decidieron hurgar en el correo de Broadwell para averiguar qué sucedía. Cuando obtuvieron la autorización, descubrieron que la biógrafa y el general intercambiaban correos electrónicos de una forma muy particular: los escribían en una cuenta común, los guardaban y no los enviaban. Más tarde, accedían a esa cuenta para leerlos. El FBI encontró agunas pruebas en la correspondencia: tenían una aventura.

Este truco para intercambiar mensajes privados fue utilizado por terroristas como los miembros de Al Qaeda para evitar que se intercepten correos, según han indicado expertos en Inteligencia en diversas ocasiones.

Las dos mujeres tienen cosas en común: están casadas con doctores y tienen dos hijos pequeños. Además, Kelley es una mujer atractiva y tiene una buena relación con Petraeus. Llegaron a la conclusión de que Paula Broadwell trató de intimidarla por celos.

En principio, un ‘affaire’ es un asunto privado y no debería considerarse una amenaza para la seguridad nacional, pero el caso de Petraeus es distinto. Al ser el director de la agencia de inteligencia del país, sus enredos personales pueden desembocar en chantajes.

Aún así, los responsables de la investigación dentro del FBI anduvieron con pies de plomo. No podía parecer una campaña de desprestigio contra uno de los hombres más poderosos de los Estados Unidos. Broadwell y Petraeus reconocieron los hechos en cuanto los investigadores se citaron con ellos. El general asumió inmediatamente que tenía que dimitir. No hubo más complicaciones.

Baile de fechas

El director de la CIA ha dimitido con discplina marcial, pero todavía hay detalles del caso que hacen arquear la ceja al Pentágono y los legisladores. Por ejemplo, el hecho de que Petraeus no abandonara su puesto hasta después de las elecciones. Algunas voces indican que el caso se conocía antes del verano pasado y algunos congresistas aseguran que conocieron el escándalo antes que el propio Obama.

También se cuestiona si Paula Broadwell ha tenido acceso a información privilegiada del Departamento de Defensa. La biógrafa entregó voluntariamente al FBI datos clasificados que tenía guardados en su ordenador, pero Petraeus negó habérselos entregado.

Mientras tanto, el responsable de la seguridad del país, Leon Panetta, ha pedido que se investigue al máximo comandante de la misión estadounidense en Afganistán, John Allen, que por el posible intercambio de mensajes inapropiados con una mujer. El caso sigue abierto.