Publicado el 13 de nov de 2012 3:40 pm |

  comentarios

Foto: AFP / Saul Loeb

(Caracas, 13 de noviembre. AFP) – El escándalo que acaba de destruir la carrera de uno de los generales estadounidenses más admirados, David Petraeus, no es el primero en implicar a oficiales de alto rango por alguna falta, una señal para algunos del abismo que separa a esa jerarquía de los civiles.

Antes de que la renuncia por la relación extramatrimonial que mantuvo el general de cuatro estrellas y jefe de la CIA, David Petraeus, dejara estupefacto a Estados Unidos, otros generales y oficiales de alto rango han sido blanco de acusaciones por mal comportamiento, incluidas agresiones sexuales.

Cuando fue interrogado sobre su comportamiento con las mujeres, Sinclair respondió: “Soy general, hago lo que quiero”.

Estos casos fueron descritos por analistas como productos de un mundo de oficiales de alto rango que viven en una burbuja en un país que, tras 10 años de guerra, desalienta cualquier tipo de críticas contra todo aquel que lleve uniforme.

Hace poco, el exencargado del Comando de África, el general William Ward, fue acusado por un informe de la Inspección General del Departamento de Defensa de haber usado fondos públicos para llevar una vida suntuaria, y ordenado a su personal realizar tareas en beneficio de su vida privada.

El general de brigada Jeffrey Sinclair, adjunto al comandante de la 82 División Aerotransportada, fue depuesto de sus funciones este año en Afganistán tras haber sido acusado de agresiones sexuales y amenazas de muerte contra una mujer.

Según la demanda, cuando fue interrogado sobre su comportamiento con las mujeres, Sinclair respondió: “Soy general, hago lo que quiero”.

Otro informe del Departamento de Defensa acusa al teniente general Patrick O’Reilly de haber tiranizado al personal a su cargo en la Agencia estadounidense de Defensa antimisil (MDA).

La Fuerza Aérea tuvo que afrontar varias acusaciones de agresión sexual contra reclutas femeninas.

La Fuerza Aérea tuvo que afrontar varias acusaciones de agresión sexual contra reclutas femeninas en la base de entrenamiento de Lackland en Texas (sur).

En un hecho raro, la Marina estadounidense relevó al contraalmirante Charles Gaouette del mando del portaaviones Stennis mientras estaba en misión en el mar de Arabia.

El almirante es uno de los 22 oficiales de alto rango depuestos de sus funciones este año por faltas varias, según el Navy Times.

El exsecretario de Defensa Robert Gates, quien se jubiló en 2011, consideraba que el cuerpo de sus oficiales generales tomaba una porción demasiado importante del presupuesto del Pentágono y quería reducir la cantidad de generales y almirantes.

También se preocupó ante la brecha que parece separar a los militares de la sociedad civil estadounidense.

Varias voces se alzaron también contra la práctica común entre los oficiales de permitirse infringir reglas, con el pretexto de que ellos arriesgan su vida mientras que los civiles se quedan en su casa.

La confesión de infidelidad del director de la CIA primero empañó la gloria de un general considerado como el estratega del éxito estadounidense en Irak.

Su sucesor en Afganistán, John Allen, quedó salpicado y es objeto ahora de una investigación por la intensa correspondencia que mantuvo con una de los protagonistas del escándalo Petraeus, Jill Kelley, para evaluar si su contenido fue “inapropiado”.

Veneramos en estos tiempos a los generales sin pensar. No es bueno para los militares, ni para el país”, comentó hace poco Tom Ricks, periodista y autor del libro “The Generals” (Los generales), publicado recientemente.