Publicado el 15 de nov de 2012 1:14 pm |

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Foto: EFE/Kiko Huesca

(Madrid, 15 de noviembre. DPA) Las masivas manifestaciones contra la política de extrema austeridad del gobierno español pusieron en evidencia el miércoles que la presión de la calle tiene un impacto mayor que la huelga general que precedió a las protestas.

Cientos de miles de españoles salieron a la calle para manifestar su repulsa a una política que, a su juicio, no contribuye a sacar del atolladero de la crisis al país, sino que, por el contrario, ahondan la recesión económica y hacen aumentar un desempleo que con más del 25 por ciento de la población activa es el mayor de la Unión Europea.

La segunda huelga general convocada en los últimos ocho meses por los dos grandes sindicatos, Comisiones Obreras (CCOO) y Unión General de los Trabajadores (UGT), tuvo un seguimiento notable pero no masivo, al no lograr, tal como pasó con la primera huelga en marzo, paralizar toda la actividad económica del país.

Previsiblemente, los sindicatos convocadores calificaron la huelga como un “éxito total”, mientras que el gobierno conservador de Mariano Rajoy y el sector patronal minimizaron la repercusión de la movilización sindical contra las duras medidas de ajuste adoptados por el gobierno conservador del Partido Popular (PP).

Sin embargo, independientemente de las evaluaciones de la huelga general, las protestas callejeras que culminaron la jornada de protesta sacaron a las calles de Madrid, Barcelona y otras grandes ciudades españolas a cientos de miles de personas hartas de tener que pagar los platos rotos de una crisis que no fue provocada por ellas.

En su afán de cumplir estrictamente con los compromisos de déficit pactados con la Unión Europea, el Ejecutivo de Rajoy ha aplicado en los 11 primeros meses de su gestión medidas que han suscitado un creciente rechazo popular, tales como subidas masivas de impuestos, recortes de prestaciones sociales, el abaratamiento del despido y la reducción radical del gasto público en educación y salud pública.

Foto: EFE/Emilio Naranjo

Sin embargo, pese a las masivas protestas contra sus políticas de recortes y ajustes, el gobierno de Rajoy refrendó su determinación de seguir por el camino de la austeridad al considerar que este es el único posible para sacar a España de la crisis y reencauzar el país, aunque no sea de forma inmediata, por la senda del crecimiento.

No tenemos otra alternativa. Hay mucha gente que lo entiende, aunque evidentemente hay otros que no lo entienden y yo los respeto. Pero en España somos 46 millones de españoles viviendo aquí, y hay muchos a los que no les gusta lo que hacemos pero a muchos sí”, dijo Rajoy en una entrevista concedida al diario argentino “La Nación”.

Por su parte, el ministro de Economía español, insistió en que el gobierno seguirá en esa “hoja de ruta como único camino posible para evitar incertidumbres”, un diagnóstico radicalmente rechazado por los sindicatos CCOO y UGT, así como por los partidos opositores socialista (PSOE) e Izquierda Unida (IU), que reclaman con insistencia medidas que estimulen el crecimiento económico.

Lo que los detractores más reprochan al gobierno es su falta de disposición al diálogo, a “escuchar la voz de la calle”, escudándose en una mayoría parlamentaria abrumadoramente mayoría que consiguió en las elecciones del 20 de noviembre del año pasado y que, según todas las encuestas, se está esfumando a velocidad de crucero en la valoración ciudadana de la política gubernamental.

Según el Ministerio de Economía, la economía española, actualmente hundida en la recesión, volverá a crecer en el segundo semestre de 2013, a pesar de que el gobierno de Rajoy había pronosticado hasta ahora una contracción del 0,5 por ciento, que el Fondo Monetario Internacional incluso casi triplica, hasta el 1,3 por ciento.

Y el desempleo, según todas las previsiones de los expertos, seguirá su tendencia alcista en España, para superar el próximo año la tasa del 26 por ciento, que sería un nuevo récord europeo y que afecta de modo especial a los jóvenes menores de 25 años, de los que que uno de cada dos ya no encuentra trabajo en estos momentos.

El gobierno de Rajoy ha mostrado una total indiferencia ante la segunda huelga general al que se ha enfrentado en menos de un año, pero en las filas del gobernante PP se multiplican las señales de una creciente preocupación por las protestas en las calles, cada vez más masivas y violentas, que acrecientan el temor a que el país se pueda hundir en el caos y la anarquía, siguiendo el ejemplo de Grecia.