Publicado el 16 de nov de 2012 6:39 pm |

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Foto: DPA

(Ampana, Indonesia – DPA).- Llegar a ellas ya es de por sí una aventura, pues se necesita perseverancia para alcanzar las Islas Togian. Se encuentran en el Golfo de Tomini, bien al norte de la isla indonesia de Sulawesi.

Muchos turistas vuelan desde Yakarta o Surabaya en Java hasta uno de los pequeños aeropuertos de Luwuk o Palu, desde los que luego salen autobuses o coches alquilados con chofer rumbo a Ampana. Desde Luwuk el viaje dura seis horas, desde Palu unas once. Tras pasar la noche en Ampana, se parte en ferry o un barco chárter con destino a las islas, situadas cerca del ecuador.

Las Islas Togian son obra de volcanes. En el pasado disponían de una densa vegetación. En los lugares en los que los árboles no han sido talados para plantar palmeras, la selva llega hasta la orilla del mar. Apenas hay playas, lo que limita también el número de hoteles.

Quien viaja a las Togian, quiere sobre todo ver dos cosas: El llamado cangrejo de los cocoteros (birgus latro) y los arrecifes de coral en las aguas cristalinas. El cangrejo de los cocoteros es el artrópodo terrestre de mayor tamaño del mundo. El animal de grandes pinzas es capaz de transportar hasta cinco kilogramos, lo que aterroriza a algunos visitantes. Ya les ocurría así a los señores colonos holandeses y a los primeros investigadores que llegaron al lugar. Sus fuertes patas ayudan al cangrejo a trepar a gran velocidad por las palmeras. El cangrejo de los cocoqueros siempre vive en la tierra y se esconde en cuevas profundas.

El cangrejo de los cocoqueros siempre vive en la tierra y se esconde en cuevas profundas.

Guntu -muchos indonesios tienen sólo un nombre- muestra durante una excursión guiada por la selva algunos de los agujeros en los que se esconden los cangrejos. No plantea lugar a dudas su advertencia a los visitantes de que no introduzcan la mano, sobre todo por la noche, cuando los cangrejos salen a alimentarse. Los cocos no aguantan la fuerza de sus tenazas. Son la principal alimentación de los cangrejos, cuya carne es a su vez altamente cotizada. Al ser una especie protegida, se trata de un negocio para los cazadores furtivos, explica Guntu, quien asegura que la policía amonesta a los comerciantes que ofrecen los animales. “Pero la policía viene poco por aquí”, dice.

La segunda razón para visitar las Islas Togian son los arecifes de coral, en total unos 120 kilómetros de diferentes tipos, estima Elso Martínez. El español, buzo profesional, vive desde hace dos años en Indonesia y tiene ya más de 6.000 horas de buceo a sus espaldas. Desde Bomba se llega a los bancos de coral en 40 minutos en lancha. Algunos llegan casi hasta la superficie marina, por lo que cualquiera puede verlos buceando sin más con el snorkel.

La variedad de vida marina en la aguas de las Togian es inmensa. Los peces y los corales brillan en vivos colores a través de las cristalinas aguas. El número de colores y formas parece infinito. Por un lado corales rosas en forma de abanico, junto a otros más claros, con forma de piedra. Unas veces azules, otras rojo, otras amarillos. Por medio hay esponjas que con sus extrañas formas sobresalen como dedos en el agua. Nudibranquios de colores, anémonas y serpientes de mar.

El número de colores y formas parece infinito

Grobios difíciles de detectar se posan sobre los corales, peces papagayo verdes dan vueltas en el agua en busca de algo que comer. Peces anémona advierten con una especie de gruñido cuando se les acercan demasiado. Por el contrario, los buceadores no son percibidos por los peces como una amenaza y muchas veces pasan desapercibidos. Sobre el suelo hay peces piedra venenosos. Aquí como en otros arrecifes de coral, quien no quiere alterar el ecosistema marino, no debe tocar nada.

Sin embargo, en algunos lugares se aprecian huellas devastadoras de la pesca con dinamita. A lo largo de muchos metros cuadrados, los corales están destruidos y llevará años o incluso décadas hasta que vuelvan a crecer de nuevo.

Las detonaciones son cada vez menos, pero el motivo es triste: Según Martínez, el número de peces ha disminuido tanto que en muchas ocasiones no son suficientes para que valga la pena provocar una explosión para pescarlos con mayor facilidad. “Por desgracia, muchos son de la opinión de que es mejor vaciar los arrecifes de peces que protegerlos”, afirma el monitor de buceo.

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