Publicado el 24 de nov de 2012 10:37 am |

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Foto: EFE/Alejandro García

(Barcelona, 24 de noviembre. AFP) Artur Mas, 56 años, candidato a su sucesión en las elecciones del domingo de la región española de Cataluña, se ha forjado la imagen del salvador de la causa catalana, su independencia.

El póster de su campaña ilustra al personaje y su discurso ambiguo, que evoca una vía hacia la autodeterminación sin jamás pronunciar la palabra independencia: con las manos en alto hacia la multitud, con un fondo de numerosas banderas catalanas (senyera) y un lema que reza “La voluntad de un pueblo”.

Acusado por sus detractores de querer darse aires mesiánicos, este católico ferviente, de mandíbula rotunda que demuestra voluntad y con pequeños ojos maliciosos detrás de gafas de moda, se defiende.

“Es falso. No soy un mesías. Soy un líder que sirve a su pueblo”, responde. “No soy un animal político”, afirma este catalán casado con Helena Rakosnik, con quien tuvo tres hijos.

“Es falso. No soy un mesías. Soy un líder que sirve a su pueblo”

Excelente orador que maneja la metáfora a la perfección, se mueve con seguridad entre las sutilezas y los riesgos del debate sobre la identidad de Cataluña, región históricamente rica e industrial en la que siguen vivas las heridas de la guerra de sucesión, concluida en 1714 con una derrota ante las tropas franco-españolas.

Oportunista para algunos, insuperable para otros, este descendiente de marineros e hijo de un empresario, educado en el Liceo francés antes de diplomarse en economía, hizo una carrera política bajo el ala de Jordi Pujol, presidente de esta autonomía desde 1980 al 2003, que lo convirtió en su delfín.

No obstante, nada lo llevaba hacia la política, más aún cuando él mismo reconoce que no pasó por la lucha contra el franquismo (1939-1975) como muchos de los catalanistas de su edad.

Nacido Arturo Mas el 31 de enero de 1956 en Barcelona, catalanizó su nombre en el 2000, si bien niega que lo haya hecho para ser elegido.

Recién en 1987, a sus 31 años, es cuando se suma a CiU (Convergència i Unió) que entonces encarnaba el nacionalismo moderado surgido de la burguesía catalana.

Joven y dinámico, Mas hace toda su carrera en el gobierno regional, donde ocupa a partir de 1995 cargos de importancia hasta ser oficialmente designado candidato de CiU para la presidencia de Cataluña, en el 2003.

Pierde esas elecciones, así como en 2006, pero en el 2010 obtiene una amplia mayoría, después de haber prometido en campaña un “pacto fiscal” que permitiría a la región, a imagen del País Vasco, administrar sus impuestos.

“Tendriamos un problema si no pudiésemos contar con alguien de la capacidad, de la musculatura de este hombre, de este patriota que es Artur Mas”

Tiene entonces que surfear sobre una ola masiva de frustración ante Madrid, reavivada esta vez por el rechazo del Tribunal constitucional de un nuevo estatuto de autonomía de 2006 en el que se reconocía a la “nación” catalana.

El malestar queda patente en una gigantesca manifestación independentista del 11 de septiembre en Barcelona y después en un recibimiento propio de un héroe que le da una multitud de partidarios el 20 de septiembre, cuando regresa de Madrid, donde acababa de recibir un rechazo rotundo, por parte del presidente de gobierno Mariano Rajoy, de su pacto fiscal.

Hasta entonces considerado un moderado, Artur Más se vuelve cada vez más virulento, bajo la presión de un ala más jóven y radical de CiU, encabezada por el hijo de Pujol, Oriol. Una franja de la coalición que recibe el apelativo “los talibanes”.

Artur Mas es como el funcionario que esta generación pondrá al frente de la región porque no quieren aparecer. Es un fusible que puede saltar y pondrán a otro”, afirma Gabriel Colomé, profesor de ciencias políticas.

“Tendriamos un problema si no pudiésemos contar con alguien de la capacidad, de la musculatura de este hombre, de este patriota que es Artur Mas”, afirma en cambio Oriol Pujol.

Pilar Rahola, autora de una biografía de Mas, resume de la siguiente manera al personaje: “Artur Mas representa perfectamente la dualidad del ‘seny’ (sentido común) y la ‘rauxa’ (pasión). Tiene los pies en el suelo, se lo piensa mucho, pero es perfectamente posible que sea él quien cree el conflicto más importante con España de la historia de Cataluña”.

Por Marcelo Aparicio/ AFP