Publicado el 30 de nov de 2012 6:52 pm |

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Foto: DPA

(Caracas, 30 de noviembre. DPA) – Desde la apertura democrática en Myanmar, que inició el presidente Thein Sein tras la disolución de la junta militar en 2011, el número de turistas que llegan al país ha aumentado considerablemente. Sin embargo, muchas regiones parecen haber quedado detenidas en el tiempo y los viajeros deberán prescindir de algunas comodidades. Pero el país budista está en movimiento.

A partir de noviembre, Condor se convirtió en la primera aerolínea europea con vuelos directos a la capital, Rangún. La visa de ingreso a Myanmar se otorga a cambio de 25 euros y tras responder una serie de preguntas.

El dinero en efectivo es el rey… ¡Pero cuidado con arrugarlos!

Al aterrizar en el aeropuerto internacional de Rangún, cuyo nombre oficial es aeropuerto internacional de Yangón, sorprende un moderno edificio y en lugar de ser recibido por un funcionario severo de un régimen militar, detrás de los mostradores esperan empleadas de uniforme con amplia sonrisa.

La mayoría de los turistas trae mucho dinero en efectivo. En Myanmar no hay cajeros automáticos, pero se espera que esto cambie en los próximos meses. Probablemente también se acepten entonces varias tarjetas de crédito. Debido a las sanciones de Estados Unidos aún no es posible pagar con las tarjetas más conocidas, salvo en algunos hoteles, que pasan la cuenta a través de una filial en el extranjero.

El dinero en efectivo es el rey, por lo cual los viajeros portan gruesos fajos de billetes. ¡Pero cuidado con arrugarlos! En el aeropuerto, los empleados de la casa de cambios inspeccionan con mucho detenimiento cada uno de estos billetes. Lo miran de un lado y del otro y discuten entre colegas. Con el euro son más condescendientes que con los dólares, y aceptan sólo billetes en perfecto estado, casi nuevos. Sin misericordia.

La gente no confía tanto en el kyat birmano, ya que el gobierno devaluó varias veces la moneda nacional, y prefiere tener dólares en sus bolsillos.

Es importante reservar el alojamiento con antelación. “El que quiera tener una habitación de la categoría a la que está habituado, sobre todo entre octubre y marzo, tiene que hacer necesariamente una reserva”, recomienda Thomas Henseler, director del hotel “The Governor’s Residence” en la capital. De acuerdo a informes, la tasa de ocupación hotelera se ha incrementado mucho en los últimos meses y en consecuencia, los precios de los hoteles aumentaron entre 200 y 300 por ciento.

Alrededor de la pagoda de Sule, cerca de la orilla del río, se abre un laberinto de calles y tiendas, incluso un local de Internet. Delante de esta tienda moderna, una anciana vende jabones y al lado se encuentra un puesto con un teléfono de plástico. No tiene conexión con Europa. En Rangún no hay cabinas telefónicas tradicionales y las llamadas internacionales son relativamente caras en el hotel. En Myanmar no funcionan la mayoría de los teléfonos celulares extranjeros, pero es posible alquilar un aparato en el aeropuerto con una tarjeta de prepago.

“Sólo los ricos pueden comprarse un auto nuevo, que se importan desde hace poco tiempo”.

Varios puestos venden camisetas y souvenirs de la Nobel de la paz y líder de la oposición Aung San Suu Kyi. “Es mi salvadora”, dice la vendedora, quien al igual que muchos ciudadanos ya se atreven a hablar abiertamente de política.

Lo más práctico es moverse en taxi por la capital. “El 80 por ciento de nuestros autos son usados y vienen de Japón, donde se conduce por la izquierda”, indica Mr.Aye. “Sólo los ricos pueden comprarse un auto nuevo, que se importan desde hace poco tiempo”, agrega el taxista, quien traslada a los turistas de una pagoda a la otra, sobre todo a Shwedagon, un complejo religioso situado en Yangón, la antigua capital birmana.

Para llegar a las ex ciudades reales Mandalay y Pagan, el avión es el mejor medio de transporte. Los viejos trenes se mueven muy lentamente por las vías de trocha angosta y los autobuses de larga distancia están abarrotados de gente y son bastante incómodos. Por otra parte, el estado de las carreteras es deficiente, con una excepción: la carretera nueva entre Rangún y Mandalay. Junto a la carretera los agricultores aran los campos con su yunta de bueyes. Una visión arcaica en la actual Myanmar, donde el siglo XXI se entrelaza con tradiciones milenarias.

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