Publicado el 01 de dic de 2012 7:40 am |

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Foto: MARIO VAZQUEZ / AFP

(México, 01 de diciembre. EFE) Enrique Peña Nieto, el político que hizo realidad el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al poder, apuesta por transformar México con una Presidencia moderna y cercana a los ciudadanos, alejada de los vicios del pasado.

Este abogado de 46 años, militante del PRI desde los 18 años, prometió un cambio profundo en México, relanzar su “posición estratégica en el mundo” y alentar la reconciliación nacional y la unidad para hacer frente a los desafíos del país.

Los retos más importantes: restablecer la paz y la seguridad, combatir la corrupción a través de un organismo dedicado a esa tarea y generar empleo e impulsar el desarrollo económico para buscar bienestar en las familias.

Prometió una Presidencia moderna, responsable y abierta a la crítica y no defraudar a los mexicanos en esta segunda oportunidad para el PRI, que ostentó el poder desde 1929 hasta el 2000, cuando lo perdió frente al conservador Partido Acción Nacional (PAN).

Este abogado de 46 años, militante del PRI desde los 18 años, prometió un cambio profundo en México

Sin embargo, para el analista Carlos Elizondo, el estilo que impondrá Peña Nieto en Los Pinos aún es una “incógnita” porque “nunca ha tenido un cargo en el Gobierno federal”.

Aunque gobernó de 2005 a 2011 el central Estado de México, “por muy importante” que éste sea, los problemas y los actores que ahora va a afrontar son “muy distintos” a los que ha lidiado a lo largo de su carrera, dijo a Efe el académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

Por un lado, afronta condiciones macroeconómicas favorables y expectativas de crecimiento buenas en un contexto global difícil, pero en materia de seguridad tiene su mayor desafío, dado que los índices de violencia están en niveles muy altos.

Sin embargo, añadió, “parece que el ciclo de violencia va a la baja”, lo que le permite un inicio “cómodo” en el que deberá mostrar resultados pronto en esa materia y en torno a las reformas de gran calado que ha prometido, para lo cual deberá negociar porque no tiene el control de las cámaras.

El equipo de Peña Nieto impulsa un pacto nacional con otras formaciones políticas sobre los temas más importantes del país, que no ha logrado cerrar antes del inicio del mandato por las reticencias de sectores del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Tampoco pudo sacar adelante la reforma de la estructura de Gobierno, a fin de eliminar dos carteras, entre ellas la de Seguridad Pública, que sería absorbida por la Secretaría de Gobernación.

Peña Nieto deberá demostrar a partir de hoy que no es un presidente “impuesto” y “prefabricado” por la cadena Televisa, como sostienen sus críticos, entre ellos el ex candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, que no ha reconicodo su triunfo.

Y es que apenas en 2005, cuando fue designado candidato a gobernador del Estado de México, era un gran desconocido, a pesar de que ya había tenido varios cargos en la administración pública, aunque solo a nivel estatal.

En esa campaña “la estrategia fue vender a un ‘rockstar’: apuesto, joven, alegre, cálido, con muy buenas formas”, recuerda uno de los que intervino en ella, Liébano Sáenz, citado por la revista Nexos.

Siempre bien peinado y con su flequillo alzado característico, comenzó en esa época a firmar documentos ante notario en los que plasmaba sus promesas políticas, una estrategia que repitió centenares de veces en la campaña presidencial.

Su mentor político en esa primera etapa fue Arturo Montiel, un tío lejano y gobernador del Estado de México de 1999 a 2005, cuya gestión estuvo marcada por denuncias de corrupción.

Peña Nieto deberá demostrar a partir de hoy que no es un presidente “impuesto” y “prefabricado” por la cadena Televisa, como sostienen sus críticos

En 2000 se convirtió en secretario de Administración del Gobierno del Estado de México, en 2003 fue elegido diputado por el distrito de Atlacomulco, su cuna, y el 15 de septiembre de 2005 se convirtió en gobernador de esa región.

En un perfil publicado en el libro “Los suspirantes”, el periodista Ignacio Rodríguez Reyna describe a Peña Nieto como un “político rígido, poco hábil para improvisar, debatir”; lo suyo es seguir el guión en “escenarios preparados y controlados”, añade.

En diciembre de 2011 quedó en evidencia en la Feria Internacional del Libro (FIL), cuando un periodista le pidió que mencionara las obras que más le habían impactado en su vida, y sólo pudo recordar la Biblia.

Ese desliz desató una oleada de burlas sobre su preparación, a pesar de contar con una licenciatura en Derecho y una maestría en Administración de Empresas.

En plena campaña debió hacer frente al movimiento Yo soy 132, que surgió después de que estudiantes le cuestionaran la represión policial de un alzamiento civil en mayo de 2006 en el Estado de México que acabó con dos muertos, el arresto de 200 activistas y abusos sexuales de una veintena de mujeres.

Personas del entorno del PRI calificaron de acarreados e infiltrados a los jóvenes, pero estos defendieron su derecho a la crítica y ganaron respaldo en las redes sociales, y surgió así un movimiento que tuvo voz propia en la campaña y dialogó con los candidatos, excepto con Peña Nieto.

Según Rodríguez Reyna, las mujeres jugaron “un papel crucial en la construcción de su candidatura presidencial”, a pesar de su polémica vida privada.

Durante la campaña se ventiló que Peña Nieto, casado en 2010 en segundas nupcias con la actriz Angélica Rivera, tuvo hijos fuera de su primer matrimonio con Mónica Pretelini, que falleció en 2007.

“De ninguna manera (soy un seductor), me asumo como un hombre de familia, dedicado a mi familia”, sostiene este político que deberá conciliar esa imagen con la de un estadista que promueve los acuerdos para transformar México.