Publicado el 05 de dic de 2012 3:58 pm |

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Foto: dpa

(Chernóbil, 05 de diciembre – dpa).- Entre las desmoronadas ruinas de Chernóbil, cientos de trabajadores construyen un nuevo y gigantesco sarcófago en la zona de exclusión. Más de un cuarto de siglo después de la peor catástrofe nuclear del mundo, un consorcio multinacional intenta enterrar la central a base de acero, plomo y hormigón, con la esperanza de mantenerla controlada por otros 100 años.

La primera fase de las obras concluyó a finales de noviembre: una estructura con forma semicircular que pesa unas 5.000 toneladas. En la peligrosa zona de exclusión no se contempla que pueda haber errores. Si la masiva estructura colapsara contra el reactor, generaría una nube de polvo radiactivo. La última vez que ocurrió, durante la explosión del 26 de abril de 1986, la planta escupió columnas de contaminación radiactiva que se expandieron rumbo a Europa occidental.

Tras la catástrofe, los reactores fueron recubiertos a toda prisa en un sarcófago que desde entonces se desintegra. El lugar es ahora un mar de sucias estructuras de hormigón, donde árboles que parecen enfermos crecen en la distancia.

Para garantizar la seguridad de Chernóbil, situada a sólo 110 kilómetros de la capital, Kiev, el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) está supervisando la construcción de un segundo revestimiento. A finales de 2015, el reactor será cubierto con la carcasa de hormigón y plomo, ya realizada, y una estructura de acero de 257 metros de longitud y 29.000 toneladas de peso.

“Es una carrera contra el tiempo y no podemos permitirnos cometer errores”, dijo el director de BERD para seguridad nuclear, Vince Novak. El nuevo sarcófago tiene una vida prevista de un siglo. Hay planes para eliminar el reactor destruido de su interior, pero nadie sabe a ciencia cierta cómo hacerlo.

Imagen de la planta nuclear de Chernóbil tras la tragedia de abril de 1986. Foto: dpa

La nueva zona de construcción se sitúa a unos pocos cientos de metros del reactor, en un área que resultó menos contaminada, señala el británico David Jackson, director de seguridad para el proyecto. Pero aún así, hubo que retirar tierra radiactiva hasta los ocho metros de profundidad antes de que el equipo de 1.500 trabajadores pudiera comenzar el largo proyecto sin necesidad de llevar pesada indumentaria protectora.

Cada uno de los empleados, procedentes de 22 países, lleva un detector de radiación. “Es mejor estar completamente seguro”, afirma Jackson. En total, más de 40 países participan en el megaproyecto de 1.500 millones de euros (unos 2.000 millones de dólares).

Igor Gramotkin, director de la planta nuclear de Chernóbil, trazó un paralelismo entre la cubierta de acero del sarcófago y la torre Eiffel, alegando que Chernóbil podría llegar a convertirse en atracción turística. “Nunca se pensó que la torre Eiffel fuera a durar tanto, pero la gente sigue yendo a París a admirarla”, argumentó.

Por el momento, los turistas que se acercan a Chernóbil pueden realizar breves visitas a la zona contaminada con tours aprobados por el gobierno y gestionados por operadores privados. Las autoridades ucranianas están constantemente pensando en formas de atraer inversores a la deprimida región. Y pese al desastre, Ucrania sigue comprometida con la energía nuclear.

Según Gramotkin, la decisión que Japón y otros países como Alemania tomaron sobre abandonar progresivamente la energía nuclear tras el trágico accidente de Fukushima son “cosa suya”. “Hay que respetarlo totalmente”, dijo. “Pero comparada con ellos, Ucrania es pobre, y no podemos permitirnos algo así en estos momentos.”

Ucrania, el segundo país con mayor superficie de Europa, opera actualmente 15 reactores nucleares y tiene previsto triplicar esta cifra para 2030.

Foto: Reuters
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