Publicado el 06 de dic de 2012 6:33 am |

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Foto:SAUL LOEB / AFP / Archivo

(Washington, 6 de diciembre. EFE) - No se le veía en ningún lado, pero ahora el expresidente George W. Bush ha reaparecido en la palestra nacional arengando al Partido Republicano, sumido en una crisis de identidad, a que apoye una reforma migratoria en EE.UU.

Durante una conferencia sobre inmigración en Dallas (Texas) el martes, Bush, quien solía salpicar sus discursos con referencias bíblicas, afirmó que los inmigrantes “revitalizan” el alma de los estadounidenses.

“Mientras nuestra nación debate el rumbo de acción adecuado sobre inmigración, espero que lo hagamos con un espíritu benevolente y tomemos en cuenta la contribución de los inmigrantes”, dijo Bush en una conferencia coauspiciada por el Banco de la Reserva Federal de Dallas.

“Los inmigrantes no solo ayudan a construir nuestra economía, también revitalizan nuestra alma”, enfatizó Bush, en su primer gran discurso sobre inmigración desde que dejó el poder en 2009 y con el que, según los observadores, intenta reconstruir su imagen.

“Los inmigrantes no solo ayudan a construir nuestra economía, también revitalizan nuestra alma”

Sus palabras han encontrado eco entre más de 250 líderes conservadores, cívicos y empresariales congregados en Washington para presionar por una reforma.

Bush desembarcó en la Casa Blanca en 2001 con una maleta llena de planes, y apoyó una reforma migratoria para sacar de la sombra a la población indocumentada en Estados Unidos. Como exgobernador del estado fronterizo de Texas, su postura moderada sobre inmigración le ayudó a lograr el 35 % del apoyo latino en 2000 y el 44 % en 2004.

Bush manifestó su compromiso con un proyecto de legalización durante un encuentro en el Despacho Oval con el entonces presidente de México, Vicente Fox, en septiembre de 2001. Sin embargo, los atentados del 11 de septiembre de 2001 sepultaron las negociaciones y los republicanos en el Congreso, recelosos de los inmigrantes, frustraron sus esfuerzos.

Bush, que gobernó durante ocho años convencido de que su misión histórica era proteger a EE.UU. del terrorismo, dejó de lado su meta sobre inmigración e invirtió todo su capital político en las guerras en Afganistán e Irak, en 2001 y 2003, respectivamente.

El consenso es que esas guerras, sumadas a la crisis económica, lo hundieron en las encuestas y han dificultado la construcción de su legado.

La victoria del presidente Barack Obama en 2008 fue un referendo sobre las políticas de “W”. Tanto es así que Bush prácticamente se convirtió en un fantasma innombrable para los republicanos durante la contienda presidencial de 2012. El candidato presidencial republicano, Mitt Romney, mantuvo su distancia respecto a Bush y, las veces que pudo, intentó diferenciarse de sus políticas.

“Bush quiere recordarle a su partido que él intentó evitarles un desastre electoral con los hispanos al promover un proyecto de ley migratorio razonable durante su mandato”

El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, comentó el miércoles que Bush apoyó la reforma desde sus días como gobernador, y que el deseo de la Administración Obama es que los republicanos colaboren en la búsqueda de una solución.

Pero el Partido de Abraham Lincoln, el que emancipó a los esclavos en el siglo XIX y que promulgó una “amnistía” para los indocumentados en 1986, sigue oponiéndose a una reforma, aún cuando eso le ha costado el apoyo de los hispanos y, de paso, la presidencia.

La reaparición de Bush coincide con la introspección del Partido Republicano que, a raíz de su derrota, sopesa cómo reformar su marca y responder al reto de la inmigración ilegal.

Bush se fue de la Casa Blanca en 2009 con el consejo de que los republicanos no se convirtieran en líderes “antiinmigrantes” y, rechazando el anonimato, reaparece con el mismo.

“No hay duda de que Bush quiere recordarle a su partido que él intentó evitarles un desastre electoral con los hispanos al promover un proyecto de ley migratorio razonable durante su mandato. Bush se merece crédito”, dijo a Efe Larry Sabato, director del Centro para Políticas de la Universidad de Virginia.

“No estoy seguro de que la base del Partido Republicano siga escuchando a líderes como Bush, y los activistas conservadores desaprueban profundamente muchas de sus acciones como presidente. Pero si la base no cambia respecto a inmigración y otros asuntos sociales, el Partido Republicano fácilmente podría correr la misma suerte del (extinto) dodo”, advirtió en alusión a esa ave desaparecida.