Publicado el 08 de dic de 2012 7:54 am |

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Foto: Alex Wong/Getty Images/AFP

(Washington, 8 dic dpa) - La política estadounidense en el conflicto de Siria estuvo dominada hasta ahora por disputas y titubeos. Ante las atrocidades crecientes, Barack Obama parece perder la paciencia y en el Pentágono los planes para una intervención parecen cada vez más concretos, aunque la actitud de Washington sigue marcada por la contención.

Hace poco parecía casi que Obama hubiera perdido el interés en las masacres en Siria. En su agenda de su segundo mandato de gobierno, la brutalidad del presidente sirio Bashar al Assad parecía relegada a un rango menor, lejos de cuestiones de política interna, de la redirección de la política exterior hacia el espacio del Pacífico o de una posible solución diplomática a la disputa nuclear con Irán.

Aunque se esfuerza por no parecer cansado de los conflictos, tras una década de guerras en Irak y Afganistán, Washington parece no querer volver a dejarse arrastrar a una guerra.

Pero sobre todo, aunque se esfuerza por no parecer cansado de los conflictos, tras una década de guerras en Irak y Afganistán, Washington parece no querer volver a dejarse arrastrar a una guerra.

Sin embargo, últimamente una intervención estadounidense en Siria ya no parecía descartada: fue la clara amenaza del presidente a comienzos de la semana la que intranquilizó a los expertos en defensa de la capital. Si Al Assad utilizaba armas químicas para asesinar a sus ciudadanos, ello constituiría un “trágico error” y tendría que afrontar “las consecuencias y responder por ello”, dejó saber Obama al mandatario sirio en la segunda vez desde agosto en que amenaza abiertamente con un ataque militar.

¿Aguantará la paciencia del hombre más poderoso del mundo a una tercera advertencia?

En las últimas semanas en Washington se incrementaron los rumores de que sobre todo la Secretaría de Defensa trabaja en planes para una intervención. E incluso circularon cifras concretas: se necesitarían 75.000 soldados para retirar del alcance y del área de influencia de Al Assad las armas químicas, calculó el Pentágono según una información del “New York Times”.

Y las precauciones se acelerarían por miedo a que el veneno mortal pudiera caer en manos de terroristas, como la milicia libanesa Hizbollah, que tienen campos de entrenamiento cerca de algunos almacenes donde se sospecha que hay armas químicas.

“Es importante estar preparados para todos los escenarios”, reconocía el martes por la mañana el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney. Seguramente una solución política sigue siendo “la mejor solución”, señaló, pero la puerta a la diplomacia parece hace tiempo cerrada y cada vez se franquea más la “línea roja” trazada por Estados Unidos.

No sólo el uso de armas químicas sería un motivo para iniciar el ataque, sino también que Siria “descuidara sus obligaciones de asegurarlas”, dijo Carney en una vaga formulación, probablemente intencionadamente ambigua.

“El gobierno reconoció que la guerra había terminado y que no tendría influencia en los combatientes si comenzaba a hacer algo”

La reelección de Obama y los crecientes éxitos de los rebeldes en Siria quitaron a la Casa Blanca gran parte de la incertidumbre en torno al tema, analizan comentaristas estadounidenses. Además las ventajas de una intervención eran inciertas.

“El gobierno reconoció que la guerra había terminado y que no tendría influencia en los combatientes si comenzaba a hacer algo”, señala el especialista en servicios secretos Jeffrey Ehite al “New York Times”. Ello significa que si los estadounidenses quieren controlar a los rebeldes tendrían que aliarse con ellos.

Al parecer, también Estados Unidos pierde miedo los suministros de armas estadounidenses a grupos de la oposición. El peligro de que lanzamisiles o pistolas automáticas caigan en manos de terroristas no ha desaparecido, según datos estadounidenses.

Pero desde hace meses la operación del servicio secreto CIA en el sur de Turquía podría haber ayudado a diferenciar a los grupos

fiables de los que no lo son, opinan los expertos. Tampoco se descarta dejar operar en Siria a algunos agentes de la CIA.

Sin embargo, no está nada claro hasta qué punto Obama desencadenaría una auténtica intervención militar. En varias ocasiones destacó la intervención estadounidense en Libia el año pasado, cuando el presidente cedió el comando de la operación a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), como un precedente para futuros conflictos internacionales.

Y es que Estados Unidos ya no parece dispuesto a perder más vidas humanas y más millones en una guerra.