Publicado el 18 de dic de 2012 8:43 am |

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Foto: EFE/OMAR NIETO REMOLINA/PRESIDENCIA DE COLOMBIA/ Archivo

(Bogotá, 18 de diciembre. AFP) Colombia se lanzó nuevamente en 2012 tras el esquivo sueño de poner fin a medio siglo de sangriento conflicto armado con la guerrilla de las Farc, la más antigua de América Latina, en una iniciativa del presidente, Juan Manuel Santos, con la que empeñó su futuro político.

Una década después del último intento de llegar a un acuerdo de paz con esa guerrilla comunista, tras el que el Estado desató una fuerte ofensiva militar que la debilitó sensiblemente, se emprendió este nuevo proceso bajo algunas condiciones que buscan evitar otro fracaso.

El 27 de agosto, tras cumplir los dos primeros años de los cuatro de su gobierno, Santos, quien como ministro de Defensa ejecutó la política de lucha contra las Farc del presidente Álvaro Uribe (2002-2010), sorprendió al anunciar un acuerdo con las Farc para iniciar las negociaciones.

Santos prometió “no repetir los errores del pasado”, y decidió negociar sin cesar la ofensiva militar contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).

Según estimaciones oficiales, las Farc tienen hoy algo más de 9.000 combatientes, lejos de los 18.000 integrantes que alcanzaron en la década de los años noventa.

Además, se encuentran arrinconadas en apartadas regiones rurales, aunque aún cuentan con una importante capacidad de ataque bajo la estrategia guerrillera tipo comando.

Entre 2008 y 2011 las Farc perdieron en bombardeos de la fuerza aérea a sus más importantes jefes: Raúl Reyes (2008), Jorge Briceño (Mono Jojoy), en 2010; y Alfonso Cano (2010), quien había reemplazado al histórico líder Manuel Marulanda, fallecido en 2008 por causas naturales.

Tratativas secretas

Con esa situación, las Farc realizaron en Cuba tratativas secretas con el gobierno de Santos entre marzo y agosto, tiempo en el que las dos partes acordaron una agenda de cinco temas para negociar.

Los acercamientos fueron conducidos por parte de los rebeldes por su nuevo líder, Timoleón Jiménez (‘Timochenko’), un hombre de 53 años que cuenta con 33 en las filas de las Farc, fundadas en 1964 por un grupo de campesinos del Partido Liberal.

Sin embargo, la negociación excluye un cambio en el modelo del Estado colombiano, ha advertido el presidente Santos, quien fijó el mes de noviembre de 2013 como límite para alcanzar un acuerdo.

Con el compromiso de mantener la discreción, las negociaciones se iniciaron en la capital cubana el 19 de noviembre, luego de que el 15 de octubre fueran inauguradas en Oslo, toda vez que Noruega y Cuba actúan como “garantes”, mientras que Venezuela y Chile “acompañan” el proceso.

Al día siguiente del inicio de los diálogos, las Farc sorprendieron con el anuncio de una tregua unilateral por dos meses como “muestra de su buena voluntad”.

Entre tanto, sigue activo el guevarista Ejército del Liberación Nacional (ELN, 2.500 integrantes), al igual que otros grupos armados de extrema derecha y bandas del narcotráfico, que se alían a conveniencia con uno u otro bando.

Agenda puntual con temas sensibles

Aunque la agenda para la negociación es puntual, incluye temas sensibles y de profundas raíces históricas como la tenencia de la tierra. Según la ONU, en Colombia el 52% de la propiedad rural está en manos del 1,15% de la población.

Este punto es vital para las Farc, además de su emblemática bandera de lucha, dado su origen campesino.

Por otra parte, se encuentra el espinoso tema del narcotráfico, que según las autoridades, es una importante fuente de financiación de las FARC. Además, Estados Unidos ha tenido una directa injerencia en la lucha que libra Colombia contra las drogas.

Colombia, junto con Perú, es el primer productor mundial de cocaína, de acuerdo con datos de la ONU.

La agenda igualmente incluye los polémicos temas del derecho de las víctimas a ser compensadas y a conocer la verdad sobre los secuestrados y desaparecidos; así como la inclusión en la vida política de los guerrilleros, para lo cual deberá haber un acuerdo respecto a los delitos que cometieron.

El quinto punto corresponde a la mecánica del fin del conflicto; lo que supondría el cese bilateral de las hostilidades y el abandono de las armas por parte de las Farc.

El riesgo político de Santos

Si bien la decisión de Santos, apoyada por su homólogo de Venezuela, Hugo Chávez, fue aplaudida por los gobernantes del continente encabezados por el presidente de Estados Unidos, Barak Obama; en el entorno nacional representa un riesgo para su futuro político.

Este proceso tiene iguales posibilidades de triunfo y de fracaso. Si fracasa le costará la reelección a Santos y revitalizará políticamente al expresidente Uribe que saldrá a cobrárselo porque se ha opuesto a ese proceso”, dijo a la AFP Fernando Giraldo, politólogo y catedrático de la universidad Javeriana.

“Además, la confrontación militar se disparará hasta que las Farc sean derrotadas porque ya no habrá espacio para un acuerdo pacífico”, alertó.

Si bien el 67% de los colombianos apoya el intento de Santos, el 45% cree que no va a tener éxito, frente a un 41% que confía en que sí que lo logrará, según una encuesta.

Por Pablo RODRIGUEZ/ AFP