La Asociación Nacional del Rifle, el poderoso lobby proarmas de EE UU, defiende sus derechos

Foto: REUTERS/Gene Blevins/Archivo

(Washington, 21 de diciembre. EFE).- Tras la masacre de Newtown y la reapertura en EE.UU. del debate sobre el derecho a las armas, la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA), uno de los mayores grupos de presión del país y que cuenta con 4 millones de afiliados, se ha vuelto a situar en el centro del espacio público.

“La única manera de detener a un tipo malo con una pistola es mediante un tipo bueno con una pistola”, señaló hoy en Washington el vicepresidente ejecutivo de la organización, Wayne LaPierre, quien abogó por desplegar agentes armados en las escuelas para evitar que se repitan hechos como los de la escuela primaria de Newtown (Connecticut).

Fundada en 1871 y con sede en Fairfax (Virginia), el máximo objetivo de la NRA es la defensa de la segunda enmienda a la Constitución de EE.UU., en la que se establece el derecho de los ciudadanos a poseer y portar armas.

Para ello, la NRA ejerce una gran presión sobre los legisladores tanto de las cámaras estatales como federales, hasta el punto de que en 1999 -el mismo año del tiroteo de Columbine (Colorado), en el que murieron 15 personas-, una encuesta realizada entre funcionarios de la capital la encumbró como “el lobby más poderoso del país”.

Alrededor del año 2000, la NRA se asoció inevitablemente a la figura del actor Charlton Heston, presidente de la organización entre 1998 y 2003, aunque siempre ha contado con destacadas figuras que han mostrado públicamente su apoyo como el también actor Chuck Norris y el cantante de rock Ted Nugent.

“La única manera de detener a un tipo malo con una pistola es mediante un tipo bueno con una pistola”

A diferencia de lo que se tiende a pensar, el éxito de la NRA durante las últimas décadas no se ha sustentado exclusivamente en su gran influencia sobre el Partido Republicano, sino que los activistas proarmas siempre han tratado de atraer a miembros de los dos grandes partidos.

En las últimas elecciones presidenciales del 6 de noviembre, por ejemplo, la NRA tomó partido en aproximadamente dos tercios de las carreras libradas para obtener un puesto en el Congreso, apostando tanto por candidatos republicanos como demócratas.

Fue el caso de los representantes electos por el distrito 2 de Utah, Jim Matheson, que recibió 8.705 dólares de la NRA; por el distrito 4 de Arkansas, Mike Ross (6.627 dólares) o por el distrito 4 de Pensilvania, Jason Altmire (9.196 dólares), todos ellos demócratas y ubicados en zonas eminentemente rurales, donde la asociación es muy activa.

Sin embargo, de los 64 candidatos a la Cámara de Representantes por los que apostó la organización en estos últimos comicios, sólo 32 -la mitad- consiguieron el puesto, por 195 de los republicanos, y en muchos de los distritos rurales en los que la NRA había apoyado al candidato demócrata, ganó el republicano.

Este hecho, que además es la tendencia de los últimos años, junto con un público acercamiento de la NRA a las tesis republicanas más allá del derecho a la tenencia de armas, ha derivado en un paulatino alejamiento entre la organización y los demócratas.

Esto explicaría los pronunciamientos públicos de varios políticos del Partido Demócrata desde la tragedia en la escuela de Newtown, que se han mostrado favorables a abrir el debate sobre la restricción a la segunda enmienda sin “temor” a la reacción de la NRA.