Publicado el 29 de dic de 2012 8:19 am |

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Foto: AP Photo/J. Scott Applewhite

(WASHINGTON, 29 de diciembre. AFP) – De no hallarse un acuerdo en el Congreso antes del lunes, Estados Unidos se encontrará frente a un “precipicio fiscal”, un baño de rigor para la mayor economía del mundo, pero cuyos efectos prevén ser graduales, y, para algunos, incluso reversibles.

¿Por qué el “precipicio fiscal” es tan temido?

Los legisladores estadounidenses se ataron ellos mismos las manos en el verano de 2011. En virtud de un acuerdo entonces, republicanos y demócratas marcaron como plazo fines de 2012 para definir un plan para reducir el déficit público, que de no hallarse implicará la aplicación de medidas drásticas en la economía del país.

Y este “precipicio fiscal” tiene ingredientes que hacen temblar: prevé una combinación de aumento de impuestos y recortes de gastos federales de más de 600.000 millones de dólares que amenazan con golpear la economía de Estados Unidos, que todavía lucha por recuperarse de la crisis de 2008.

Según el Centro de Política Tributaria, entidad de investigación independiente, el final esperado de los regalos impositivos otorgados por el expresidente George W. Bush implica un aumento de 2.000 dólares anuales por hogar de clase media, lo que podría afectar el consumo.

De acuerdo con las estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), el Producto Interno Bruto (PIB) podría caer 0,5% en 2013 en un contexto de aumento del desempleo (9,1% frente al 7,7% actual).

¿Un Big Bang fiscal el 2 de enero?

A pesar de haberse transformado en un drama casi de Hollywood (cuenta regresiva, vuelta de tuerca y reuniones in extremis), el escenario de un “Taxmageddon” – el ‘Apocalipsis’ presupuestario a partir del 2 de enero – no parece muy realista, según expertos consultados por la AFP.

“Esto no es el cuento de la Cenicienta, cuando la carroza se convierte en una calabaza a medianoche”, bromea Thomas Ferguson, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Massachusetts. “Esto no es un precipicio sino más bien una pequeña colina presupuestaria”, añadió.

Lo cierto es que algunos efectos no van a tardar. El aumento previsto de 2% de los aportes sociales podría comenzar a aplicarse en los sueldos de enero. El fin de la ayuda asignada a unos 2 millones de parados también podría entrar en vigor rápidamente.

Pero el aumento general del impuesto sobre la renta debería demorarse más. “Como está la situación hoy, creo que los empleadores probablemente usarán las mismas tasas de retención de impuestos que en 2012″, hasta que se alcance un acuerdo, predijo Joseph Rosenberg del Centro de Política Tributaria.

E incluso si se aplica el alza, la administración podrá tomar medidas retroactivas para paliar las pérdidas de poder adquisitivo, según estos expertos.

En cuanto a los recortes previstos en los gastos, estimados en más de 100.000 millones de dólares, las administraciones involucradas podrán decidir “cuándo y cómo” ajustar sus presupuestos para el final del año fiscal en curso, en septiembre, sostuvo Rosenberg.

“Esto no será la muerte súbita a partir del 1 de enero”, aseguró.

¿Y el impacto psicológico?

Esta es una de las grandes incógnitas del “precipicio fiscal”. Si bien el impacto de la subida de impuestos prevé ser gradual, la incertidumbre puede afectar de forma considerable la economía, al tiempo que se avecina una nueva batalla en el Congreso sobre el techo de la deuda.

Ante el temor del aumento de los impuestos y de la pérdida de capital, los inversores pueden verse tentados por vender sus acciones, lo que podría desestabilizar la bolsa de Nueva York.

Previendo recortes públicos, las empresas con contratos con el gobierno, sobre todo en la industria de defensa, podrían por su parte retrasar su inversiones y contrataciones.

“Cuanto más se alarguen (las discusiones), mayor será la bola de nieve y más desvastador el daño”, pronóstico el economista independiente Joel Naroff.

Por Jérémy TORDJMAN