Publicado el 01 de ene de 2013 8:11 am |

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Foto: AFP


(Buenos Aires, 1 enero. DPA)
El año que comienza marca el inicio de una “era sudamericana” sin precedentes en el deporte mundial, que deberá mirar al sur, a Brasil y Argentina, con una atención desconocida.

Nunca antes en la historia se dio la combinación que ofrecerá 2013: mientras Brasil será sede de un ensayo general para el Mundial de fútbol y del sorteo que marcará la hoja de ruta de ese torneo en 2014, en Argentina se definirá el futuro del olimpismo para los próximos lustros.

“Seguramente la sesión en Buenos Aires será una de las más influyentes, una tremenda oportunidad para impulsar el movimiento olímpico durante los próximos años”, dijo a dpa el puertorriqueño Richard Carrión, uno de los miembros más influyentes del Comité Olímpico Internacional (COI) pese a no estar ya en su comité ejecutivo.

No exagera Carrión: en Buenos Aires se elegirá la sede de los Juegos de 2020, una decisión que repercutirá en las sedes de toda una década. Estambul, Madrid y Tokio son las candidatas. No será lo mismo si ese 7 de septiembre el COI se abre a la novedad moderada de Turquía, que si apuesta por una vieja conocida como Tokio o le da por fin el premio a la insistente Madrid.

Pero la dosis de alta política e intrigas en los pasillos y las suites del hotel Hilton de Puerto Madero, la zona más cara de Buenos Aires, no se acabará el 7, porque tres días más tarde se elegirá allí al sucesor de Jacques Rogge, el actual presidente del COI.

Votado en 2001 en Moscú para relevar al español Juan Antonio Samaranch, Rogge completará en 2013 un lapso de 12 años al frente del COI. Si su sucesor hace lo mismo -un primer período de ocho años y una reelección por cuatro-, en Argentina se estará definiendo al jefe del olimpismo hasta 2025 y las líneas maestras de acción hasta por lo menos 2030.

No hay candidatos oficiales aún, pero cada vez se perfilan con más fuerza el propio Carrión y el alemán Thomas Bach. Menos definidas aparecen las candidaturas del singapurense Ser Miang, la marroquí Nawal El Moutawakel y el suizo Denis Oswald.

Y entre la elección de la sede de los Juegos de verano y la definición de su presidente, el olimpismo encarará otra definición clave: establecer sus 25 deportes inamovibles, los “core sports” que serán desde entonces el rostro del olimpismo, más allá de un par de incorporaciones temporarias en cada edición.

Dos meses antes de la cumbre de Buenos Aires seis ciudades brasileñas serán escenario de un “ensayo general” para Brasil 2014, aunque esa definición no le guste al presidente de la FIFA, Joseph Blatter.

“Esta Copa Confederaciones está muy lejos de ser un ensayo para el Mundial, es una celebración de campeones”, enfatizó en noviembre en Sao Paulo.

Es, en todo caso, la Copa Confederaciones más potente que se haya organizado nunca, porque la juegan Brasil -cinco veces campeón mundial-, Italia -cuatro-, Uruguay -dos- y España, defensora del título conquistado en Sudáfrica 2010.

Pero el paso por las sedes de Brasilia, Belo Horizonte, Río de Janeiro, Salvador, Recife y Fortaleza dará cierta idea de si Brasil, la séptima economía del planeta, podrá organizar un Mundial impecable o no al año siguiente. Y eso es más importante incluso que el torneo en sí.

El 5 de diciembre el resort de playa de Costa do Sauípe será el escenario del sorteo del Mundial: 2014 estará a la vuelta de la esquina, aunque con ese Mundial no terminarán los años de Sudamérica en primer plano, porque 2016 es el año de los Juegos de Río de Janeiro, los primeros de la historia en el subcontinente.

Hubo una frase clave que ayudó a Río a ganar en 2009 la sede de los Juegos: “Nos los merecemos”. Y así se llegó a la insólita situación de que Europa, Norteamérica y Asia, durante tanto tiempo protagonistas, sean meros espectadores entre 2013 y 2016 de los momentos clave del deporte mundial.