Publicado el 09 de ene de 2013 10:18 am |

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Foto: REUTERS/Andrew Winning

(Londres, 09 de enero. AFP) Símbolo de Londres, refugio durante la Segunda Guerra Mundial, medio de transporte de 4 millones de pasajeros diarios pese a las averías frecuentes, el “tube”, el metro más viejo del mundo, cumple esta semana 150 años.

El 10 de enero de 1863, después de solo tres años de obras financiadas por una empresa privada, abrió al público la primera línea de metro londinense.

Largas colas se formaron en cada estación para embarcar en uno de los vagones tirados por una locomotora de vapor e iluminados por lámparas de gas. Los pasajeros podían viajar en primera, segunda y tercera clase. Y en vagones de fumadores y no fumadores a partir de 1874.

El Daily News resumía así la euforia reinante: “Por primera vez en la historia del mundo, los hombres pueden desplazarse en vagones agradables (…) por debajo de las tuberías del gas y del agua… por debajo de los cementerios”.

Los vagones son “tan altos que un hombre de 1m80 puede permanecer de pie con su sombrero puesto”, se maravillaba uno de los primeros pasajeros, William Hardman.

Foto: EFE/ Karel Prinsloo

Esa primera línea, destinada a descongestionar la entonces mayor capital del mundo, colapsada por carretas y diligencias, conectaba Paddington y Farrigdon, y enlazaba tres estaciones de tren. Longitud total: 4,8 km. Estaciones: 7.

Un siglo y medio después, el metro de Londres tiene 402 km y 270 estaciones, y registra más de 1.100 millones de trayectos anuales. “Es la sangre que irriga Londres”, explicó a la AFP David Waboso, director de inversiones de TfL, el organismo londinense que gestiona el metro.

Reconocimiento supremo de su éxito, “el símbolo del ‘tube’ -un círculo rojo cruzado por una barra horizontal azul- se ha convertido en el símbolo de Londres”, señaló Oliver Green, coautor del libro “Undergound”. Al igual que el plano del metro… pese a su representación errónea de la realidad.

El “tube” es ineludible, e incluso el superespía James Bond, generalmente más aficionado a los bólidos que al transporte público, lo utiliza en “Skyfall”, su última aventura cinematográfica.

Foto: EFE/ Karel Prinsloo

El metro ha vivido siempre al ritmo de los grandes acontecimientos de la capital británica. Durante el Blitz, unos 175.000 londinenses se refugiaron cada noche de los bombardeos en sus entrañas, a veces a más de 50 metros de profundidad. Se instalaron enfermerías en las estaciones, y para evitar el caos se pintaron líneas blancas en los andenes para delimitar el espacio entre pasajeros y refugiados.

Cincuenta años después, el 7 de julio de 2005, le metro de Londres fue escenario de sangrientos atentados. En hora punta, cuatro bombas estallaron casi simultáneamente en tres líneas de metro y un autobús, causando 52 víctimas inocentes.

Pero desde sus inicios, la popularidad del subterráneo se ha mantenido intacta. “Hay una relación de amor y odio entre los londinenses y el ‘tube’”, estimó Green. “Todo el mundo se queja del metro” por sus averías, retrasos y precios excesivos (188 dólares, 144 euros el abono mensual para el centro de Londres), pero todos lo necesitan”, dijo en una entrevista con la AFP.

Debido a una falta flagrante de inversión durante décadas, el metro tiene dificultades para responder al creciente número de usuarios.

Foto: EFE/ Karel Prinsloo

Un enorme incendio que causó 31 muertos en 1987 en la estación de King’s Cross disparó algunas “alarmas”, explicó Green.

A partir de los años 1990, el gobierno volvió a invertir progresivamente en el metro. Y en 2003 se lanzó un ambicioso plan de renovación que debe continuar hasta 2020, con un coste total de 1.400 millones de libras (2.250 M de dólares, 1.700 M de euros), según Waboso.

El principal inconveniente es que los usuarios se topan con líneas cerradas por obras los fines de semana, cuando desplazarse se convierte a menudo en un rompecabezas.

A sus 150 años, el metro es “a mismo tiempo viejo y joven”, resume una londinense, propietaria de una tienda en Covent Garden.

Por Beatrice Debut