Publicado el 09 de ene de 2013 2:33 pm |

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Foto: REUTERS/Swoan Parker

(Puerto Principe, 09 de enero – AFP).- Sobre un lugar abierto al viento y devorado por el sol, cerca de Puerto Príncipe, las construcciones se alínean en lo que debería ser la “aldea del renacimiento” para los sin techo del terremoto del 12 de enero de 2010, que mató a 250.000 haitianos y desplazó a 1,5 millones.

Cerca de 4.000 viviendas deben construirse sobre la vasta planicie de Morne en Cabris, situada a unos veinte kilómetros al noreste de la capital Puerto Príncipe. El lugar está cubierto de polvo y totalmente deforestado, como las colinas que lo rodean, donde pastan las cabras.

Tres años después de la catástrofe, más de 360.000 haitianos viven todavía de manera muy precaria en Haití. Otros han regresado a ocupar los ranchos ya superpoblados de los barrios pobres de la capital.

“La construicción de la aldea del renacimiento comenzó en 2011, pero tomará todavía 5 años más finalizarla. Los trabajos avanzan lentamente. No hay supervisión por parte del Estado”, se lamenta Pierre Marcelin Noël, un operario que trabaja en la obra.

Con la cabeza sumergida en una biblia, el joven haitiano dedica un pasaje al presidente Michel Martelly y a los políticos del país: “Deben trabajar juntos por la paz y por el país”, dice luego de haber escuchado a sus compañeros hacer un racconto de las numerosas peripecias del proyecto.

“Esto es una sabana desolada. Para levantar las casas, es necesario hacer los cimientos muy sólidos porque el suelo es frágil”, explica Jean Raymond Taylor, un capataz haitiano que trabaja para los ingenieros dominicanos y colombiamos.

“Aquí están las escuelas donde acabamos de terminar las estructuras. Allí hay fábricas y espacios para el tiempo libre”, ennumera con orgullo. Jean Raymond Taylor, como la mayoría de los obreros, es un hatianao que vino directamente de la República Dominicana para sumarse a esta obra.

Viviendas “demasiado pequeñas”

“He trabajado durante once años en la construcción en República Dominicana, sé lo que ocurre normalmente. Pero aquí, no solamente no nos pagan lo suficiente, sino que los responsables de la obra hacen lo que les da la gana”, denuncia Dieubon, un hombre corpulento de 31 años que se dice orgulloso, a pesar de todo, de trabajar “por primera vez” en Haití.

Critica la ausencia total de las autoridades haitianas, que confían la ejecución del contrato a una empresa dominicana.

“Los haitianos deberían estar presentes, el Ministerio de Obras Públicas debería supervisar el trabajo. ¿Cómo quieren que construyamos un baño en frente a una cocina?”, se lamenta.

Las casas de 10 metros cuadrados son dispuestas en línea recta sobre el terreno todavía baldío.

La infraestructura para pasar los cables del tendido eléctrico ya fueron instaladas, los conductos para el agua y los tramos de asfalto fueron construidos en una parte del pueblo, pero las viviendas están lejos de ser terminadas.

“El presidente Martelly exigió que se construyeran 1.000 casas por año. Hemos realizado 1.250″ en tres años, señaló Joachim.

Él cree que la gente del lugar es buena. “Va a ser una bonita comunidad. Quienes vivan aquí tendrán todo: centro de salud, comisaría de policía, cuerpo de bomberos. Además, los ricos comenzaron a adquirir terrenos en esta zona. Será un gran barrio”, se imagina.

Joachim saluda también el hecho de que las casas tengan “protección antisismos y anticiclones”.

Menos entusiasta, Dieubon matiza: “Las casas son muy pequeñas. ¿Cómo vamos a vivir familias de 6 personas en habitaciones de 2,5 metros cuadrados?”