Publicado el 14 de ene de 2013 6:45 pm |

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Foto: Dpa

(Washington, 14 de enero – dpa).- De manera silenciosa, Estados Unidos ha dado un giro importante en política exterior en los últimos cuatro años, de la mano del presidente Barack Obama. El jefe de Estado lo llama “leading from behind”, algo así como “conducir desde el asiento de atrás“. Los críticos opinan sin embargo que la “potencia número uno” se está convirtiendo en un espectador impotente ante las grandes crisis internacionales.

Sobre todo en lo que respecta a Oriente Medio, Washington ha defraudado las expectativas del mundo. Solamente volvió a activarse con el reciente conflicto en la Franja de Gaza, y tuvo un buen papel con su influencia sobre Israel y sobre un Egipto muy seguro de sí mismo.

En cambio, Estados Unidos apenas tiene participación en la “Primavera Árabe” y en la masacre de Siria, como tampoco interesan a casi nadie sus opiniones en la crisis de deuda en Europa.

Todo ello se combina con una visión de sí mismos como potencia pacifista, a diferencia de años anteriores. No fue casualidad que el primer viaje de Obama una vez reelegido haya sido a Asia, a Myanmar, Tailandia y Camboya. Se trata de tres pequeños países en el área de influencia de China, cuyo creciente armamento militar da más de un dolor de cabeza a Washington. El mensaje estuvo dirigido a Pekín: “¡Cuidado, Estados Unidos está presente!”

A Washington le gustaría realmente ganarse a China como un auténtico socio, sobre todo por las enormes oportunidades de negocio. Pero los obstáculos son grandes, por las acusaciones estadounidenses de que el gigante asiático pone barreras comerciales y manipula el valor de su moneda, y por las preocupaciones por su militarismo y sus ambiciones territoriales en el mar de China meridional.

Tampoco con Rusia, la otra gran potencia del Pacífico, las relaciones están en su mejor momento. Hace cuatro años, el objetivo era empezar de cero y con buen pie, pero salvo por un acuerdo en 2010 para la reducción de armas atómicas, no se ha movido casi nada. En Washington hay además mucho malestar por el apoyo de Moscú al régimen sirio.

El problema es que Estados Unidos necesita a sus rivales China y Rusia en el conflicto atómico con Irán. Washington tiene como objetivo declarado evitar un ataque unilateral de Israel contra las instalaciones subterráneas nucleares iraníes, y convencer en cambio a Teherán de ceder mediante sanciones. Para eso requiere la aprobación de Moscú y de Pekín en el Consejo de Seguridad.