Publicado el 19 de ene de 2013 7:27 am |

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Reuters

La Habana, 19 ene (dpa) – A la holandesa Tanja Nijmeijer le molesta que su presencia en las negociaciones que mantienen en La Habana las Farc y el gobierno colombiano haya desviado el foco de un proceso que podría desembocar en la paz tras casi 50 años de conflicto.

La prensa está “concentrada en detalles que realmente no tienen sentido”, dijo en entrevista con la agencia dpa en La Habana.

Nijmeijer, de 34 años, es la única extranjera que se sienta a la mesa de diálogo en la capital cubana como parte de una de las delegaciones. La holandesa, filóloga de formación y conocida como “Alexandra Nariño” en las filas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), es una de las caras más conocidas de la guerrilla, que la nombró delegada de paz y pidió su traslado a Cuba.

Muchos analistas vieron su participación como un intento de las FARC por mejorar su imagen a nivel internacional.

“Concentrada en detalles que realmente no tienen sentido”

“Esa imagen que han construido de mí en muchos casos tratan de utilizarla para satanizar la imagen de las Farc”, afirmó.

Nijmeijer se unió a la guerrilla hace diez años, tras pasar una temporada trabajando como profesora de inglés en Colombia. Su choque con la dura realidad del país y el encuentro con la miseria en los barrios pobres le cambió totalmente la perspectiva, cuenta.

“Para una persona que viene de otro país es muy difícil asimilar la situación en Colombia”, dijo a dpa la joven natural de Denekamp, una localidad cercana a la frontera con Alemania. En algún momento, señaló, se dio cuenta de que no podía seguir llevando la vida que llevaba “sabiendo que en otra parte del mundo la gente se está muriendo de hambre”.

Reacia a hablar de su persona, Nijmeijer sólo quiere explicar mejor las posiciones de la guerrilla. Los motivos de la lucha armada, por ejemplo, justificable “en cualquier lugar donde exista un Estado que ya no es un Estado para el bienestar de la gente”.

“Nadie se alza en armas porque quiere”, dijo a dpa algunos días antes de que expire el alto el fuego unilateral anunciado por las Farc hasta el 20 de enero.

“La gente se alza en armas porque no tiene otra opción”, agregó. Al gobierno colombiano lo acusó de practicar el “terrorismo de Estado” y de “excluir a la gente de la participación política”.

Tras pasar años en la selva y la clandestinidad, ya no se ve viviendo de nuevo en Europa. “Me gustaría ir de vacaciones, pero ya mi vida es en las Farc”, asegura. Luego desgrana minuciosamente detalles históricos del conflicto colombiano, como el exterminio de la Unión Patriótica por parte de paramilitares en los años 80.

Hubo “una cierta ingenuidad por parte de nosotros”, dijo sobre el fallido intento de dar un brazo político legal a las Farc. Todo eso, en su opinión, justificó la necesidad de la lucha armada. “En Holanda no existe esa necesidad”, comparó.

Sentada en un restaurante cercano al “Laguito”, las casas de protocolo en las que los delegados de paz colombianos se hospedan en La Habana, su actitud se volvió más parca al tocar temas más espinosos para la guerrilla como las acusaciones de narcotráfico y secuestro.

Reconoció que cobran “impuestos revolucionarios” por cultivo de coca en las zonas bajo su control, pero subrayó que las Farc son ante todo un proyecto político.

“Ellos son perfectamente conscientes de que nosotros somos un movimiento político, que nosotros tenemos ideas políticas, que nosotros no somos narcoguerrilleros”, aseguró.

Sobre todo Estados Unidos apoya a Colombia en la lucha contra el narcotráfico, del que el gobierno de Juan Manuel Santos estima que proceden buena parte de los ingresos de las Farc.

Además de los cargos a los que hace frente en Colombia, entre ellos por participar en atentados en Bogotá, la holandesa también es acusada en Estados Unidos por el secuestro de tres ciudadanos norteamericanos en territorio colombiano en 2003.

“Ellos son perfectamente conscientes de que nosotros somos un movimiento político, que nosotros tenemos ideas políticas, que nosotros no somos narcoguerrilleros”.

“El destino personal mío no me preocupa”, dijo la holandesa, que no cree pecar de idealismo. “Yo no me veo como idealista. Yo me veo como una persona pragmática que quiere poner en práctica lo que piensa. Vivir según las cosas en las que cree”, resumió.

“Alexandra” estuvo en el bombardeo en el que murió en 2010 el líder guerrillero Víctor Julio Suárez, alias “Mono Jojoy”. Durante algunos días se le dio entonces por muerta.

A Colombia llegó por primera vez en 1998. Entonces no sabía aún nada del conflicto. En 2002 volvió para unirse a las FARC, primero como miliciana urbana.

Más adelante, pasó por un entrenamiento “político-militar” durante tres meses en la selva colombiana, en el que conoció los fundamentos marxistas de la guerrilla y aprendió a manejar un fusil. “Es un curso bastante agotador”, recordó. A menudo tenían que levantarse en la madrugada por el simulacro de un asalto al campamento. Y se ponían a marchar, a veces durante varios días.

Todas esas experiencias, así como su participación ahora en los diálogos de paz, han sido muy “enriquecedoras”. Su gesto se suaviza al contar que estos días se dedica sobre todo a leer las propuestas ciudadanas sobre desarrollo rural enviadas en las últimas semanas a la mesa de diálogo. “Yo he aprendido muchísimas cosas”.