Publicado el 28 de ene de 2013 7:17 am |

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Foto: EFE/Paolo Aguilar

(Santiago de Chile, 28 de enero. DPA) El presidente de Cuba, Raúl Castro, paseó por Santiago de Chile sonriente. La capital chilena se convirtió en escenario de la vuelta de la isla a la política internacional. Tras haber estrechado manos durante el fin de semana, entre ellas las de la poderosa canciller alemana, Angela Merkel, Castro asume hoy la presidencia rotatoria de la Celac.

Después de 50 años en los que la isla llegó a estar casi totalmente aislada, Cuba lidera ahora el principal bloque continental sin la presencia de Estados Unidos.

“La Celac no busca remplazar a la OEA”, aseguró el presidente de Chile, Sebastián Piñera.

Pero lo cierto es que muchos contemplan el nuevo foro, nacido en diciembre de 2011 en la Venezuela de Hugo Chávez, como un contrapunto a la Organización de Estados Americanos (OEA), de la que Cuba fue excluida en 1962.

De la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) forman parte todos los países de la OEA excepto Estados Unidos y Canadá. El veto en la OEA a Cuba se levantó en 2009, pero la isla se negó desde entonces a volver a participar en ella.

La Habana la considera una “plataforma política” para las pretensiones de “anexión económica” de América Latina de las que acusa a Estados Unidos.

Cuba tampoco está presente en la llamada Cumbre de las Américas, la reunión de jefes de Estado y de gobierno que auspicia la OEA. Está excluida desde la creación del mecanismo en 1994. Y el presidente estadounidense, Barack Obama, ha dejado claro que Washington se opondrá firmemente a su presencia mientras la isla no haga los cambios “democráticos” que su Ejecutivo juzga necesarios.

Las protestas por ello de algunos de los socios de Cuba han sido claras en los últimos años.

En la última de esas cumbres, la de Cartagena de Indias en 2012, los países de la Alianza Boliviariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) aseguraron que no volverán a participar en ninguno de esos encuentros si en ellos no está Cuba.

Foto: EFE/MARTIN ALIPAZ

Y es que, aunque Cuba haya estado medio siglo casi totalmente aislada, Fidel y Raúl Castro han ido obteniendo en la última década aliados regionales con el giro hacia la izquierda de varios gobiernos latinoamericanos: la Venezuela de Chávez, la Bolivia de Evo Morales, la Argentina de Cristina Fernández de Kirchner, el Ecuador de Rafael Correa, la Nicaragua de Daniel Ortega…

El propio Piñera, anfitrión este fin de semana de la primera reunión Celac-UE -la primera además entre europeos y latinoamericanos a la que acudió Castro- y de la primera Cumbre Celac, se mostró ya en Cartagena de Indias a favor de la participación de La Habana en la Cumbre de las Américas. Y Piñera no es precisamente uno de los mandatarios regionales que comparten credo ideológico con Castro.

Ahora, en Santiago de Chile y por primera vez, Cuba ha dejado de ser el protagonista ausente para convertirse en el protagonista presente. A sus 81 años, Castro se ha movido por el Centro de Convenciones Espacio Riesgo como cualquiera de sus colegas. Aunque despertando más expectación que muchos, sobre todo teniendo en cuenta la ausencia de Chávez, convaleciente en la isla de la última operación a la que se ha sometido por el cáncer que padece.

La presencia de Castro en las dos cumbres sucesivas ha dejado algunas imágenes cuanto menos llamativas, como el apretón de manos, justo antes de la foto de familia, con la canciller Merkel, líder de uno de los países más beligerantes con su gobierno dentro de la UE.

Porque aunque algunos medios se han quedado con unas imágenes en las que Merkel parece negar el saludo a Castro poco antes del arranque de la cumbre, lo cierto es que los dos mandatarios se saludaron e intercambiaron algunas palabras.

O la propio foto de familia Celac-UE, en la que el protocolo lo situó junto al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, después de que hace poco el bloque acordara iniciar trámites para negociar un acuerdo de cooperación con Cuba. Un principio de normalización de las relaciones entre la UE y la isla, según analistas, cuando la llamada “posición común” que en su día impuso el conservador José María Aznar lleva ya 17 años vigente.

“Lo que los países de la región dicen cuando se posicionan sobre incluir a Cuba es que su participación en la comunidad de naciones es probablemente la mejor manera de garantizar que la transición que es inevitable en Cuba sea mucho más pacífica”, en palabras del experto del Wilson Center Paulo Sotero.

Por Sara Barderas (dpa)