Publicado el 11 de feb de 2013 8:18 am |

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Foto: REUTERS/ Alessandro Bianchi

(Ciudad del Vaticano, 11 de febrero. AFP) – El papa Benedicto XVI, que este lunes anunció su intención de renunciar a su pontificado, será recordado por su férrea defensa de la ortodoxia católica y como un tradicionalista que trató de reconciliar al mundo de la fe y de la razón en una Iglesia confrontada a numerosos escándalos, como el de la pedofilia.

El teólogo alemán Joseph Ratzinger, que adoptó el nombre de Benedicto XVI tras asumir el papado en 2005, había presidido por casi un cuarto de siglo, desde 1981, la célebre Congregación para la Doctrina de la Fe, el exllamado Santo Oficio de la Inquisición.

Sucedió como obispo de Roma a Juan Pablo II, tras uno de los pontificados más largos y carismáticos de la historia.

Su misión se vio confrontada a la crisis más profunda de la Iglesia contemporánea, provocada por las revelaciones y denuncias en numerosos países contra religiosos por haber cometido durante décadas abusos sexuales a menores.

La crisis lo llevó en varias ocasiones a expresar un perdón público a las víctimas y a reconocer durante su viaje a Portugal (mayo del 2010) que la mayor persecución que sufría la Iglesia no venía de sus enemigos “externos” sino de sus “propios pecados” y prometió que los culpables responderán “ante Dios y la justicia ordinaria”.

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Optó así por la “tolerancia cero” contra los curas pedófilos con el fin de frenar la desafección y sospecha de la opinión pública.

En 2012, se vio confrontado a las filtraciones de documentos confidenciales, que condujo al arresto de su propio mayordomo, Paolo Gabriele, en un caso sintomático de las luchas intestinas en la Curia.

Benedicto XVI rehusó cualquier modificación a las posturas tradicionales de la Iglesia en materia de aborto, eutanasia, divorcio u homosexualidad, pero admitió el uso del preservativo, en casos específicos, para evitar la propagación del sida.

Nacido el 16 de abril de 1927 en Marktl am Inn, en una modesta familia católica de Baviera, el joven Ratzinger entró en 1939 al seminario y fue inscrito en las Juventudes Hitleristas, un enrolamiento obligatorio por decreto.

En varias ocasiones, como cardenal y como Sumo Pontífice, denunció “la inhumanidad” del régimen nazi y destacó el carácter involuntario de su afiliación juvenil.

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Ratzinger fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1951, nombrado arzobispo de Múnich en marzo de 1977 y proclamado cardenal el 27 de junio de 1977 por el papa Pablo VI.

Participó como consejero en las labores del Concilio Vaticano II (1962-1965), que modernizaron y renovaron a la Iglesia, una experiencia que lo marcó en todos los sentidos.

En el marco de las luchas dentro de la fe católica, Ratzinger se opuso con vigor más tarde a la “teología de la liberación”, profesada por uno de sus alumnos, el brasileño Leonardo Boff, y a los disidentes, como el teólogo suizo Hans Kung, a los que condenó y alejó de la Iglesia.

Como Papa, tomó gradualmente una serie de medidas claves que confirmaron su sello conservador.

Autorizó la misa en latín (en septiembre del 2007),

Varias polémicas estallaron al inicio de su papado. La primera en septiembre del 2006 cuando vinculó durante una disertación en la universidad de Ratisbona a la fe musulmana con la violencia, lo que generó una ola de protestas violentas en los países islámicos.

En enero de 2009 levantó la excomunión de cuatro obispos integristas del movimiento ultraconservador de Marcel Lefebvre, entre ellos al británico Richard Williamson, quien niega la existencia del Holocausto nazi.

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En dos ocasiones visitó América Latina. La primera en mayo del 2007, para asistir a la asamblea general de la Conferencia Episcopal de América Latina y el Caribe (Celam), celebrada en Aparecida, Brasil.

Negó en esa ocasión que la religión católica hubiese sido impuesta por la fuerza a los pueblos americanos, lo cual le valió duras críticas de religiosos y laicos que le recordaron las atrocidades cometidas por los conquistadores de América en nombre de la fe.

En marzo del 2012 visitó México y Cuba, donde defendió la libertad y los derechos de la Iglesia y recordó la primera e histórica visita de Juan Pablo II a la isla comunista en 1998.

Entre 2007 y 2012 publicó tres libros sobre la vida de Jesús, a partir de los datos fundamentales ofrecidos en los Evangelios y en otros escritos del Nuevo Testamento. En ellos reflexiona sobre la figura de Jesucristo en calidad de teólogo, no como sumo pontífice de la Iglesia católica, un imponente ejercicio intelectual, que además fue un éxito internacional de ventas.

Benedicto XVI escribió tres encíclicas: “Deus caritas est” (2005) sobre el tema de la caridad y del amor divino, “Spe salvi” (Salvados por la esperanza) (2007), en la que hace una autocrítica del cristianismo moderno y analiza sobre todo el pesimismo y el materialismo que sacude a los europeos y “Caritas in veritate” (En la caridad y en la verdad) (2009).

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