Publicado el 25 de feb de 2013 2:21 pm |

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Foto: Reuters / Archivo

(La Habana, 25 de febrero. DPA).- Una fecha clave y un nombre nuevo fueron los principales mensajes de Raúl Castro este domingo, cuando anunció que dejará la presidencia de Cuba en 2018 y presentó al nuevo “hombre fuerte” del gobierno, un “joven” dirigente nacido después de la revolución de 1959.

“A la muerte de los dos hermanos desaparece su ideología”

Pese a lo que que pretende ser una “transferencia paulatina y ordenada” del poder, sólo los próximos años determinarán cómo funciona la marcha de la generación histórica de la Revolución cubana.

El ascenso de Miguel Díaz-Canel, de 52 años, a la cúpula de poder como primer vicepresidente recibió elogios del propio Raúl Castro en el Parlamento. “No es un advenedizo ni un improvisado”, aseguró.

“Un buen apparatchik”, juzgaron por su parte disidentes como el economista Oscar Espinosa Chepe.

Díaz-Canel se formó en las bases del Partido Comunista de Cuba (PCC) y ha hecho toda su carrera en el aparato. Calificado en su momento como un político de “sólida firmeza ideológica” por Raúl Castro, el nuevo primer vicepresidente es un hombre discreto, que se ha destacado sobre todo por su lealtad con el castrismo.

En los últimos meses se ha visto a Díaz-Canel prodigarse con mucho más frecuencia en el escenario público.

El ex ministro de Educación, un hombre alto y apuesto que fue dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas en su provincia natal de Villa Clara, representó a Cuba en Venezuela durante los actos de apoyo a Hugo Chávez el 10 de enero.

“Hoy todos somos Chávez”, subrayó entonces. Recientemente se le pudo ver también al lado de Raúl Castro en Santiago de Chile durante la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

“Lo estaban preparando desde hace tiempo”, juzgó frente a dpa Espinosa Chepe, que no deposita muchas esperanzas en el nuevo vicepresidente. “Es un hombre del partido, que ha estado acostumbrado a recibir directivas”, valoró el ex preso político de la “primavera negra” de 2003.

Otros como el disidente Elizardo Sánchez, líder de la ilegal pero tolerada Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, cree por otro lado que la designación de Díaz-Canel no garantiza la continuidad tras la marcha de los Castro.

“A la muerte de los dos hermanos desaparece su ideología”, dijo Sánchez a dpa. Aunque seguirá en pie “la pretensión de mantener un castrismo sin los Castro”.

Hombre con fama de pragmático y gestor eficiente, Raúl Castro no sorprendió del todo al anunciar el domingo que dejará el poder dentro de cinco años. Tampoco el ascenso de Díaz-Canel como nuevo “número dos” del gobierno era inesperado.

Como ya venía sugiriendo desde hace tiempo, el hermano menor de Fidel Castro confirmó que ha entrado en la recta final de su presidencia, que dejará si cumple su anuncio al terminar su segundo mandato en febrero de 2018.

“la situación de no contar oportunamente con suficientes reservas de cuadros preparados” enfatizó el domingo.

Con ello, Raúl Castro impulsó otro de los cambios que ha llevado a cabo en los últimos años. Bajo su mandato, la isla ha entrado en una proceso de apertura económica impensable hace una década.

Su última medida ha sido intentar asegurar ahora el recambio generacional y la “transferencia paulatina” del poder a las “nuevas generaciones”.

“La situación de no contar oportunamente con suficientes reservas de cuadros preparados”

“Esta decisión reviste particular trascendencia histórica porque representa un paso definitorio en la configuración de la dirección futura del país”, aseguró tras la elección de Díaz-Canel como nuevo primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

Al mismo tiempo, anunció la preparación de una reforma constitucional para limitar los altos cargos a un máximo de dos mandatos consecutivos de cinco años cada uno, y para establecer edades límite para los puestos.

El mandatario comentaba desde hace tiempo que el país no contaba con “una reserva de sustitutos” adecuada y había propuesta ya en abril de 2011 la reforma para limitar los altos cargos a un máximo de diez años.

Asegurar esas medidas serán otra de las tareas de su último quinquenio en el poder.