Publicado el 31 de mar de 2013 7:50 am |

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(Bangkok, 31 de marzo – EFE).- Las autoridades de Tailandia han decidido aliviar la masificación de las abarrotadas cárceles del país poniendo en libertad a varios de los reclusos, a los que colocará una pulsera con chip localizador para continuar su vigilancia en la calle.

Famosas por la abundante literatura inspirada en los abusos que varios de sus huéspedes sufrieron durante la década de 1980, las prisiones tailandesas son hoy noticia por organizar mundiales de fútbol con sus presos extranjeros o por contribuir a la alud de vídeos de bailes colectivos de “Gangnam Style” del coreano PSY.

Lejos quedan los años en que prisiones como Bang Kwang, al norte de Bangkok, era apodada “el gran tigre” porque “te rodea y te devora”, según el relato del australiano Warren Fellows, condenado a cadena perpetua en 1978 por tráfico de heroína, en su libro “The Damage Done”.

Desde entonces las autoridades se han esforzado en lavar la imagen de sus penitenciarías que, sin embargo, padecen una sobrepoblación agravada por la lentitud de la justicia, que alarga meses el período de prisión preventiva antes del juicio, o por su uso como forma de castigo para pequeños delitos.

Padecen una sobrepoblación agravada por la lentitud de la justicia, que alarga meses el período de prisión preventiva antes del juicio

Para remediarlo, el ministerio de Justicia aprobó esta semana el reglamento para llevar a cabo el programa que se aplicará a presos con enfermedades crónicas y cuyas vidas corran peligro, y a los que hayan cumplido diez años entre rejas o un tercio de condena.

“El nuevo reglamento no busca solucionar el problema (de masificación) sino mejorar las condiciones de los presos. Es una cuestión de derechos humanos”, dijo a Efe el vicedirector general del departamento de Correccionales, Kobkiat Kasivivat.

La medida, pendiente de cerrar acuerdos con las empresas proveedoras de los localizadores, pretende oxigenar los 143 centros penitenciarios del país en los que se hacinan 260.000 prisioneros, a pesar de que la capacidad sea solo para unos 190.000.

“La sobrepoblación de presos es consecuencia del narcotráfico. Los procesos judiciales suelen ser lentos y las condenas para estos casos son largas”, precisó Kobkiat.

Las estadísticas oficiales muestran como la campaña contra el tráfico de drogas que el Gobierno tailandés inició en 1998 coincidió con un incremento de la población reclusa que las autoridades han intentado contrarrestar sin éxito con indultos reales colectivos u ofreciendo como alternativa a toxicómanos el internamiento en centros de rehabilitación.

Los casos tendrán que aprobarse en un juicio. Los presos deberán presentar la solicitud, explicando cuáles son sus necesidades para salir

El resultado de esta política penitenciaria son celdas de apenas 30 metros cuadrados en las que se alojan más de 50 prisioneros, obligados a dormir alineados los unos al lado de los otros en el suelo, sin camas ni colchones, tal como muestran algunas fotografías publicadas por activistas en los últimos años.

Tras aprobar el reglamento sobre el uso de las pulseras, el ministro de Justicia, Pracha Promnok, se mostró confiado en que estas permitirán descongestionar el sistema penitenciario del país aunque evitó dar la cifra de presos que podrán beneficiarse.

“Todos los casos tendrán que aprobarse en un juicio. Los presos deberán presentar la solicitud, explicando cuáles son sus necesidades para salir de la prisión, y será el juez quien decida”, explicó Kobkiat.

El funcionario precisó que este programa está abierto a todos los presos internados en las cárceles del país, incluidos los extranjeros.

En estos casos, no obstante, Kobkiat se mostró partidario de recurrir a los 30 tratados que Tailandia ha suscrito para que un preso pueda cumplir la condena a su país de origen tras servir al menos un tercio de ellas en un celda tailandesa.

Por: Jordi Calvet