Publicado el 31 de mar de 2013 4:03 pm |

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Foto: Luis Lizarazo / EL TIEMPO

(Caracas, 31 de marzo. Noticias24) – Una publicación de El Tiempo describe la vereda Los Andes, ubicada en San Vicente del Caguán, lugar donde descansan los restos mortales de cientos de miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).

Este camposanto construido durante la zona de despeje entre 1998 y 2002, es resguardado por una fila de pinos perfectamente podados que esconden una cerca de dos metros de altura rematada con alambre de puas.

El medio señala que al cementerio no todo el “mundo puede entrar”, es casi inexistente la conexión telefónica y en su interior los caminos están construidos en pequeña piedra picada.

Tras caminar por los discretos callejones de piedra, está la zona en la que se encuentran las tumbas cuidadosamente dispuestas, mucho mejor apiladas que las de cualquier camposanto de pueblo.

Contrario a lo que se ve en cualquier cementerio, en este no hay cruces ni imágenes religiosas. La mayoría de las tumbas están identificadas solo por un simple nombre. Wilson, Javier, Leonid son algunos de los que se pueden leer. No hay apellidos, ni fecha de nacimiento o de fallecimiento.

A continuación el artículo completo de El Tiempo:

La trocha serpentea por entre el monte nativo, que de vez en cuando es interrumpido por alguna casa de madera, techo de zinc y piso de barro.
De repente, al llegar a la vereda Los Andes, en San Vicente del Caguán, el panorama cambia. En un claro, a un costado de la vía, se ve un encerramiento de piedra perfectamente apilada, pintada con líneas negras y rojas.

Más atrás se observa un jardín de pinos perfectamente podados. No son arbustos de la región, aunque nadie se acuerda cómo los trajeron. Estos árboles ocultan a primera vista una reja metálica de más de dos metros de alto, rematada con alambre de púas, pero lo que realmente esconden es un cementerio.

El lugar muestra un claro contraste con el entorno; es imposible que pase inadvertido a los ojos de cualquier foráneo.

Frente al sitio hay unas viviendas humildes y la escuela marcada por un letrero alusivo a las Farc. Es claro que históricamente esta ha sido una región de influencia de este grupo guerrillero.

Oficialmente es el cementerio de Los Andes, una vereda de agricultores; nadie puede negar eso. Pero en voz baja la gente reconoce que fue construido por las Farc durante la zona de despeje (1998-2002).

Allí no entra cualquiera. Al llegar al sitio, desde una de las casas dan la autorización para traspasar la reja. Varios jóvenes nos acompañan.
Aunque en la vereda no entra la señal de celular, los muchachos utilizan sus teléfonos para escuchar música, y, de paso, para tomarnos fotos de manera disimulada.

El cementerio tiene en su interior caminos en pequeña piedra picada, no solo para adornar, sino para evitar que los eventuales visitantes se ensucien los pies con la greda.

Tras caminar por los callejones se llega a la zona en la que están las tumbas cuidadosamente dispuestas y mucho mejores que las de cualquier camposanto de pueblo.

Los sepulcros están alineados y construidos de manera uniforme. Todos están enchapados en la misma losa verde que debió ser traída desde un centro urbano.

Pero no es la única particularidad. Contrario a lo que se ve en cualquier cementerio, en este no hay cruces ni imágenes religiosas. La mayoría de las tumbas están identificadas solo por un simple nombre. Wilson, Javier, Leonid son algunos de los que se pueden leer. No hay apellidos, ni fecha de nacimiento o de fallecimiento.

Uno de los pobladores contó que estuvo hace varias semanas en el funeral de unos guerrilleros. Recordó que los cuerpos (unos ocho) fueron llevados en ataúdes y que no permitieron observar. “No eran cajas ordinarias”, dijo un testigo.

De acuerdo con su relato, hubo una breve ceremonia religiosa en la que estuvieron algunos parientes de los muertos. El grupo de guerrilleros de camuflado y armamento que trajo los cadáveres no participó del rito. Se mantuvo a un lado, en silencio.

Sin embargo, Edinson, uno de los jóvenes que nos acompaña, asegura que en el lugar solo se entierra a los campesinos de la zona que mueren, “no a guerrilleros”. Insiste en que el mantenimiento lo hace la junta comunal.

Las bóvedas

En un rincón del camposanto hay un lugar para bóvedas normales, algunas de las cuales sí tienen lápidas de mármol, que cuentan con los nombres, apellidos y fechas de sus inquilinos. Pero hay otras, al parecer recientes, que están tapadas simplemente con ladrillos.

“Después de que se acabó la zona de distensión, el Ejército intentó destruirlo, pero la comunidad lo convenció de que no tenía sentido hacerlo. ¿Para qué meterse con los muertos?”, dijo un habitante de Los Andes.

El coronel Juan Carlos Ramírez, comandante de la IX Brigada, que tiene jurisdicción sobre el área, dijo que en la región “hay rumores” de que ese cementerio fue construido por las Farc y de que “hay personal subversivo allí enterrado”, pero agregó que no hay ninguna denuncia formal.

El oficial dijo que en la zona operan la primera y segunda compañías de la columna Teófilo Forero, que cuentan entre sus integrantes con gente de la región.

Por estos días el cementerio está en proceso de adecuación. No solo están ampliándolo, con todo y encerramiento, sino que también están mejorando sus caminos internos y el cobertizo, bajo el cual hay una estructura en ladrillo que parece un horno.

Pero en Los Andes la gente parece muda. Cuando se trata de hablar del cementerio, solo repiten que es de la comunidad para enterrar a sus muertos. Todos son una tumba.

Por: JORGE ENRIQUE MELÉNDEZ
El Tiempo