Publicado el 01 de abr de 2013 6:57 am |

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(Islamabad, 1 de abril. EFE).- El apoyo de Pakistán está considerado clave para el éxito del proceso de paz afgano, pero tras meses de contactos estériles Kabul parece dispuesto a intentar el diálogo con los talibanes sin la mediación de Islamabad.

La semana pasada, el portavoz de Asuntos Exteriores afgano, Janán Musazai, constató a Efe que ante la ambigüedad paquistaní el Gobierno afgano se prepara para buscar la paz por su cuenta.

La advertencia llegó días antes de que el presidente afgano, Hamid Karzai, partiera hacia Doha para reunirse el domingo con las autoridades cataríes con vistas a abrir una vía de diálogo en el emirato con la insurgencia talibán, que tiene allí representación.

Los integristas, sin embargo, han ninguneado reiteradamente al Ejecutivo de Karzai por considerarlo una marioneta de EE UU y la comunidad internacional, y de momento no han mostrado interés en participar en esta nueva iniciativa, la enésima de los últimos años.

Tras más de una década de guerra, el Gobierno de Karzai se ve en la necesidad de encontrar una salida dialogada al conflicto ante la próxima retirada del paraguas protector de las tropas de la OTAN, que finalizarán su repliegue en 2014.

La impresión entre analistas y miembros de la diplomacia occidental en Islamabad es que Pakistán sigue su tradicional política de aproximación a los seguidores del mulá Omar como forma de asegurarse para los próximos años un gobierno amigo en Kabul.

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Los talibanes se nutren esencialmente de la etnia pastún, mayoritaria en Afganistán y también presente en Pakistán, mientras que el resto de etnias afganas, que actualmente copan muchos puestos destacados, son percibidas como menos próximas a Islamabad.

A pesar del endurecimiento de su postura, Kabul ve impotente cómo se mantiene el papel crucial de Islamabad en cualquier esfuerzo de diálogo con una milicia cuya cúpula se refugia en Pakistán con el supuesto apoyo encubierto del aparato de seguridad paquistaní.

El desencuentro de fondo entre los intereses afganos y paquistaníes ha llevado en las últimas semanas a un cruce de acusaciones y gestos hostiles entre ambas naciones, a veces con la excusa de incidentes en la porosa y conflictiva frontera común.

A finales de 2012, Pakistán dio la impresión de abrirse a desempeñar un papel activo en el proceso de paz afgano y se produjo un acercamiento que hoy cada vez parece más un espejismo que un cambio de actitud real.

“El problema ahora es que el Gobierno de Kabul no es la entidad con la que hay que negociar el futuro de Afganistán”

Las autoridades paquistaníes liberaron en noviembre a una decena de talibanes afganos para favorecer la reconciliación, un gesto que fue muy alabado tanto por Kabul como por la comunidad internacional.

Meses después, los analistas opinan que se trataba de un guiño de Islamabad a la cúpula insurgente, que desconfía de las intenciones de un país que coquetea tanto con ellos como con su mayor enemigo, EEUU, cuyos planes en Afganistán después de 2014 aún no son claros.

“El problema ahora es que el Gobierno de Kabul no es la entidad con la que hay que negociar el futuro de Afganistán”, reconoció a Efe el analista paquistaní Fazal-ur Rehmán, director del Instituto de Estudios Estratégicos de Islamabad (ISSI).

“Negociar con el Gobierno de Karzai no se corresponde con la realidad en el terreno, porque no tiene poder real y es una entidad creada por los ‘managers’ (EEUU)”, añadió Rehmán, cuya institución está bien conectada con la cúpula militar paquistaní.

Esta postura, compartida por otros analistas locales y extranjeros en Pakistán, evidencia que Islamabad no tiene en cuenta al Gobierno afgano como interlocutor y parece haber acabado con la paciencia de las cada vez más aisladas autoridades de Kabul.

El analista afgano Ahmad Saidi secundó esa impresión al afirmar que “Pakistán nunca se toma en serio el proceso de paz en Afganistán” y culpó a su propio Gobierno de ello por ser “demasiado condescendiente” con los regates de Islamabad.

Para añadir confusión al panorama, Pakistán se halla inmerso en un proceso electoral de pronóstico incierto que se suma al previsto relevo a final de año del máximo responsable del Ejército.

Los observadores, sin embargo, no prevén un vuelco en la política paquistaní respecto a Afganistán, país que vivirá sus propios comicios presidenciales el año que viene, en plena fase final de la retirada aliada.

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